Derecho Internacional, Jurídico 


Kosovo y la creación de un Estado

Mucho se ha escrito sobre la constitución de Kosovo como Estado independiente de Serbia. Las posturas de la comunidad internacional son, por lo general, homogéneas. De los 193 países que componen la Asamblea General de Naciones Unidas, 101 han reconocido a Kosovo como Estado. Los primeros en hacerlo fueron la práctica totalidad de Occidente y la mayoría de países de población predominantemente musulmana.

Tras la declaración del Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) este apoyo ha aumentado y se ha consolidado, y los argumentos discrepantes apenas tienen peso. Sin embargo, es un tema enormemente complejo y es necesario tener en cuenta muchas variables.

Argumentos a favor y en contra

La opinión consultiva del TIJ responde afirmativamente a una cuestión muy concreta: “¿Se ajusta al Derecho Internacional la declaración unilateral de independencia formulada por las instituciones provisionales de autogobierno de Kosovo?”. Efectivamente, el Derecho Internacional no prohíbe las declaraciones unilaterales de independencia. Sin embargo, el tribunal elude manifestarse sobre el derecho de Kosovo a constituirse como país independiente, un punto decisivo, ya que las declaraciones de independencia no crean, por sí solas, Estados.

El TIJ expone que la Resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU, que regula la situación de Kosovo como “autonomía dentro de la República Federativa de Yugoslavia, teniendo en cuenta plenamente los principios de soberanía e integridad territorial de ésta”, no instaura un estatuto definitivo para este territorio. No obstante, el mismo texto dispone que el estatuto definitivo de la región lo establecerán las partes mediante acuerdo, no unilateralmente. Dicha resolución no ha sido respetada y el hecho de que las negociaciones hayan fracasado sin acuerdo no puede justificarlo.

Tribunal Internacional de Justicia

Tribunal Internacional de Justicia

Uno de los fundamentos para defender la legitimidad de Kosovo como Estado es el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Se trata de un concepto extraordinariamente ambiguo, pues no existe una definición clara en la legislación internacional sobre qué territorios o pueblos se encuentran en disposición de ejercer este derecho.

La Carta de Naciones Unidas (1945) desarrolla este principio como relativo a aquellos pueblos sometidos a la dominación colonial. En 1970 la Asamblea General de Naciones Unidas se pronuncia sobre este asunto mediante la Resolución 2625, en la que amplía este reconocimiento, pero limita su ejercicio. Según la organización, “ninguna de las disposiciones de los párrafos precedentes se entenderá en el sentido de que autoriza o fomenta cualquier acción encaminada a quebrantar o menospreciar, total o parcialmente, la integridad territorial de Estados soberanos e independientes”. Asimismo, reconoce los derechos económicos y culturales e incluso la autonomía política, pero siempre salvaguardando la integridad territorial de los Estados.

Otros textos internacionales, como la Declaración de la Asamblea General sobre los derechos de las minorías, concretan aún más esta cuestión y fomentan la no discriminación y la preservación de su diferenciación cultural. Sin embargo, ninguno contempla la secesión de estas minorías respecto de su Estado.

Por otro lado, uno de los requisitos exigidos para ejercer este derecho es encontrarse en una situación discriminatoria por parte del poder estatal. Es cierto que durante las décadas 80 y 90, coincidiendo con las reclamaciones secesionistas albano-kosovares, el régimen de Milosevic llevó a cabo una política discriminatoria, violenta y represiva contra este colectivo. No obstante, cuando los albano-kosovares declaran unilateralmente su independencia en 2008, no existe ningún tipo de represión estatal hacia estos. De hecho, su protección es garantizada por fuerzas militares de la OTAN y de Naciones Unidas, KFOR y MINUK respectivamente, desde 1999.

En la actualidad la población albanesa es mayoritaria en Kosovo. Sin embargo, es conveniente observar su evolución para justificar la soberanía albano-kosovar sobre el territorio. Según fuentes austro-húngaras y rusas, en el siglo XIX el 32% de la población kosovar era albanesa y el 64%, serbia. Durante la primera mitad del siglo XX la población albanesa creció hasta constituir el 66% respecto al 26% de origen serbio. Actualmente, el 92% de los habitantes de Kosovo son albaneses frente al cerca de 5% de población serbia.

Son varios los factores que han favorecido este transvase de población. Especialmente significativos son la alta natalidad albanesa y la política otomana favorable a expandir su influencia en los Balcanes –albaneses y turcos son musulmanes–. Además, el bajo grado de desarrollo económico de Albania y las políticas del fallecido dictador yugoslavo, “Tito”, destinadas a repoblar la región, fomentaron la emigración hacia Kosovo. La guerra desencadenada en 1999 entre serbios y albano-kosovares, que desencadenó una limpieza étnica entre ambos colectivos, contribuyó al movimiento de la población.

Como el de Kosovo, hay otros casos similares. La República Srpska –territorio bosnio poblado históricamente por serbios– declaró unilateralmente su independencia en 1992, tras comenzar la guerra entre Serbia y Bosnia-Herzegovina. Curiosamente, en esta ocasión, el TIJ reprobó este acto por considerarlo una vulneración de la integridad territorial de Bosnia-Herzegovina.

Manifestación albano-kosovar en Pristina

El TIJ pertenece a Naciones Unidas, organización financiada en un 27,14% por Estados Unidos, principal valedor de Kosovo. La región balcánica alberga la mayor base militar de EEUU en territorio no estadounidense y constituye la tercera mayor reserva de materias primas de Europa, entre las que destacan el plomo, el oro y el carbón.

Consecuencias en el contexto internacional

Existen argumentos que niegan la legitimidad de Kosovo como Estado independiente de Serbia, por no poder ampararse en el ejercicio del derecho de determinación, ni respetar la legalidad internacional. En este sentido, el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional es inalcanzable sin un respeto a las normas.

La declaración de independencia llevada a cabo por Kosovo y la consiguiente reacción de la comunidad internacional han establecido un peligroso precedente. La existencia de una sociedad multicultural, en el que las minorías y mayorías convivan pacíficamente, es incompatible con este tipo de conductas. La solución no debería pasar por la independencia masiva de estas minorías, sino por la aceptación de sus diferencias y la voluntad de todas las partes de llegar a acuerdos comunes. John Fitzgerald Kennedy dijo: “Si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar apto para ellas.”

Vía| Opinión Consultiva TIJ 

Más información| CNN,  Serbian InstituteAnuario Jurídico y Económico

Imagen| AFP

En QAH| Kosovo (III): Opinión Consultiva del Tribunal Internacional de Justicia

RELACIONADOS