Cultura y Sociedad, Historia 


Kokoshka, en busca de una compañera con “Alma”

Al hablar de arte expresionista o, más concretamente de pintura expresionista, son muchos los nombres que se nos vienen a la cabeza.  Sin embargo, es cierto que alguno destaca por encima de los demás.

Este es, sin duda alguna, el caso de Oskar Kokoshka. 

Conocido como el enfant terrible de la Secesión Vienesa, Kokoshka nació en el seno de una humilde familia de orfebres que sufrió serios problemas económicos después de la fuerte industrialización a la que estaba siendo sometida gran parte de Centroeuropa.

Pese a que ingresa en la Escuela de Artes y Oficios de Viena, sus primeros trabajos son como escritor, aunque durante poco tiempo.

Después de esto sus encargos eran carteles y postales para talleres de Viena, además de alguna escultura. Pero todas sus creaciones fueron mal acogidas por el público, por su carácter fuertemente expresionista y agresivo.

Frustrado por las malas críticas constantes, el austriaco decide mudarse a Berlín, donde se dedica a retratar a personajes vinculados a la intelectualidad alemana y austriaca hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial.

Hasta aquí todo normal. Su vida es como la de cualquier otro pintor emergente ansioso por hacerse un hueco en el panorama intelectual.

La excentricidad y los excesos comienzan cuando conoce a Alma Mahler, novia de Europa y viuda de Austria, conocida por haber sido esposa de Gustav Malher, amante de un jovencísimo Walter Gropius y de un no tan joven Gustav Klimt.

La relación con Oskar era de todo menos normal. Una espiral de excesos, pasión desatada y celos obsesivos fueron los componentes de una historia que terminó llevando al disparate al pintor.

Oskar conoce a Alma en 1912 y durante los años que dura su relación se convierte en la musa de su inspiración.

Masoquista, violento y terriblemente posesivo es como ella describía al austriaco. Un ejemplo de la mente trastornada de Oskar es el hecho de que, después de que Alma sufriera un aborto, guardara para siempre el paño ensangrentado en el que había sujetado durante unos segundos el cadáver de su hijo muerto.

El frenesí dura dos años, aunque él la amó para el resto de su vida.

Alma, harta de la personalidad absorbente (que se contraponía por completo a la suya), lo chantajea para que se enrole en el ejército y, así, poder disfrutar durante meses de una renovadora libertad, durante la que vuelve a reanudar el contacto con Walter Gropius.

Mientras Oskar pasaba los días en el frente escribiendo y pensando en su amada, ella mantiene una relación intensísima con Gropius. A su vuelta, lejos de encontrar a Alma esperándole ansiosa, se entera de que ha vuelto con Gropius y que se van a casar.

Este golpe sentenció para siempre al pintor. No soporta la soledad, la ausencia de Alma, que se convierte en el centro de sus pensamientos y sus obsesiones. 

A modo de recuerdo, retrata la ruptura en una obra sensacional: La novia del viento.

Es entonces cuando encarga a un fabricante de muñecas de Munich una réplica de Alma a tamaño natural, un reflejo de ella para no sentirse tan solo.

Su deseo se hace realidad: caderas anchas, pelo largo y un cuerpo recubierto de plumas.

Oskar la viste, la peina, duerme y mantiene relaciones con ella, la lleva de paseo…etc. En una ocasión sus amigos lo vieron asistir con ella al teatro, con una localidad comprada para cada uno, sentándola en una silla a su lado y ataviada con las mejores galas de Alma.

A modo de exorcismo la llega a retratar en numerosas pinturas que nunca llegan a saciar el apetito del pintor. 

Pero ni la relación con Alma fue un camino de rosas, ni con la muñeca tampoco.

En 1919, en su casa de Dresde, Kokoshka da una fiesta en la que se producen excesos de todo tipo: alcohol, drogas, sexo…etc.

Ebrio por completo, saca la muñeca al jardín y la decapita con una botella de vino rota. Siempre cabrá la pregunta: ¿decapitaba a una muñeca inerte o imaginó a su Alma sentada en aquella silla dispuesta a asumir el castigo que él le impusiera por su traición?.

En cualquier caso, Oskar dejo las partes de su “compañera” tiradas en el jardín, que al ser vistas por los vecinos, avisaron a la policía, que acudió asustada a casa del pintor acusándolo de asesinato.

La larga vida del trastornado pintor concluyo en Austria, a la edad de 93 años por un infarto de miocardio. Muerte dramática donde las haya, Kokoshka muere repentinamente mientras dicta sus memorias.

Vía| Sicalipsis

Imagen| Novia, Oskar

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