Patrimonio 


Karaikkal Ammaiyar

En el arte indio, como en la vida, las cosas no siempre son lo que parecen. En esta escultura de bronce, la bruja escuálida desnuda que asoma su colmillo es en realidad una representación de la poetisa del siglo VI Karaikkal Ammaiyar, la más antigua de los sesenta y tres santos śaivas que vivieron entre los siglos VI y IX y que compuso himnos devocionales en lengua tamil para su uso en los rituales del templo. Sus reverencias fervientes de devoto amor contribuyeron al crecimiento de los cultos bhakti (devocionales), que propugnan un modo extático de adoración hindú, que comenzó a principios de la era cristiana y continúa hasta nuestros días.

Karaikkal Ammaiyar, s. XI, The Nelson-Atkins Museum of Art, Kansas

El nombre original de Karaikkal Ammaiyar era Punitavati, y era la hija del jefe de Karikal, una aldea en la costa sudeste de la India, cerca de la ciudad de Nagapattinam. Dedicada, incluso desde niña, a su devoción por Ṥiva, después de su matrimonio con un rico comerciante llamado Paramatattan, continuó con su devoción hacia el dios. Un día, cuando Paramatattan recibió dos mangos como obsequio de un cliente, Punitavati entregó uno de ellos a un asceta śaiva. Cuando su esposo pidió el mango, le rezó a Ṥiva, y una fruta deliciosamente madura apareció en su mano. Paramatattan, alarmado, se volvió tan temeroso de los poderes divinos de su esposa que la abandonó. Punitavati le pidió a Ṥiva que reemplazara su belleza ahora inútil con la forma deforme de un demonio. Inmediatamente su carne se derritió y ella se convirtió en un esqueleto mientras las flores caían del cielo, los truenos resonaban, y los ascetas y las tropas de Ṥiva bailaban con alegría a su alrededor. Sus padres le ofrecieron un homenaje y la dejaron sola para comenzar una nueva vida como mendicante religiosa.

Karaikkal Ammaiyar, s. XIV, The Metropolitan Museum, New York

Punitavati comenzó a componer poemas en alabanza a su divino maestro Ṥiva, y pronto emprendió una peregrinación al lugar donde habita, en la cima del Monte Kailash, en el Himalaya. Para evitar profanar la montaña sagrada con sus pasos, trepó por las empinadas laderas con sus manos. Ṥiva la vio y se sorprendió. Haciéndole señas, él la llamó, “¡Ven, Madre!”. Y en adelante Punitavati fue conocida como Karaikkal Ammaiyar (la madre de Karikal). Como una bendición, ella solo le pidió que siempre permaneciera cerca de los pies de Ṥiva mientras él bailaba. Ṥiva asintió y le indicó que regresara al sur de la India, a Tiruvalangadu, el lugar de su sublime victoria en un concurso de baile con la diosa Kali. Allí la santa permanece en la tradición hasta nuestros días, y los relieves esculpidos a menudo muestran su figura demacrada sentada debajo de las piernas levantadas de Ṥiva Nataraja (El Señor de la Danza), tocando sus címbalos y cantando con alegría.

Fue bajo el Imperio Chola (siglos IX al XIV), en el sur de la India, cuando la estatuaria en bronce llega a su máximo esplendor, y estas dos figuras de Karaikkal Ammaiyar lo atestiguan, si bien es con la figura de Ṥiva Nataraja donde encuentra su realización más brillante, pues en una sola imagen se combinan los roles de Ṥiva como creador, conservador y destructor del universo. También transmite la idea hindú de los interminables ciclos del tiempo. Ṥiva baila sobre un enano, el símbolo de la ignorancia, y levanta su mano derecha inferior en un gesto de tranquilidad (ver aquí el artículo en QAH, de Octubre 2016 sobre iva Nataraja). Para los devotos, la estatua sugiere que, a través de la creencia en Ṥiva, la salvación del perpetuo ciclo del renacimiento se puede lograr. Esta figura no ha experimentado ninguna modificación en su realización desde entonces hasta nuestros días, ya que se sigue haciendo exactamente igual.

 

Vía| Cary Welch, S., India, Art and Culture 1300-1900, The Metropolitan Museum of Art, New York 1985

Imagen| Karaikkal Ammaiyar, The Nelson-Atkins Museum, Karaikkal Ammaiyar, The Metropolitan Museum,

En QAH| Ṥiva Nataraja, La peregrinación en India, Acerca del término Hindú.

 

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