Patrimonio 


Julio Antonio, el escultor de la raza

Julio Antonio por Juan de Echevarría (circa 1919)

La corta vida del escultor catalán Julio Antonio, que murió cuando apenas contaba treinta años, transcurre entre finales del siglo XIX y principios del XX, por lo que su obra está marcada por la muerte de la tradición y el paso hacia la modernidad. Las esculturas del artista, que parecen directamente extraídas del imaginario andaluz lorquiano, aúnan las nuevas tendencias con el espíritu popular español.

Su interés por el pueblo, por las gentes y por las tierras de España viene reforzado por corrientes intelectuales y literarias de la época. En especial, Julio Antonio encuentra inspiración en las ideas que plasmaban en sus obras Miguel de Unamuno y Antonio Machado, ambos miembros de la Generación del 98. Buscan una nueva imagen que sirva para renovar el panorama cultural español que ya había empezado a decaer, mirando a su vez hacia la esencia de lo castellanoCampos de Castilla, la obra cumbre de Machado, es tal vez el mejor ejemplo de esta nueva visión del campo árido y del pueblo pobre, pero digno y fiero.

María la Gitana (Julio Antonio, 1908)

Entre 1908 y 1914, Julio Antonio realiza la que es su serie más célebre, Bustos de la Raza. Es un grupo de piezas que encarnan figuras populares y tipos sociales con lo que podríamos llamar un realismo idealizado, concepto que hace referencia a la representación de la realidad ajustada a un prototipo. Así, los bustos encarnan a una matriarca gitana de nombre María, una minera de Puertollano, una mujer castellana, el ventero de Peñalsordo, el minero de Almadén, una mujer con mantilla, un cabrero zamorano, una moza de Aldea del Rey y un novicio de Ávila. Todos ellos se encuentran a día de hoy en el Museo Reina Sofía. Jóvenes, viejos, obreros y religiosos componen la serie, pues Julio Antonio presta atención a la representación de todos los estratos que forman un pueblo.

Además de esa influencia renovadora procedente de las nuevas corrientes patrias, la obra del escultor catalán muestra huellas del clasicismo italiano de Donatello y Miguel Ángel, cuyo trabajo tiene la oportunidad de conocer durante un viaje que realiza a Roma en 1909. Ambas ideas, muy diferentes entre sí, se dan la mano en sus personalísimos retratos del campesinado español.

La obra de Julio Antonio es muy apreciada por esa vertiente intelectual ya mencionada. Autores como Juan Ramón Jiménez y Ramón del Valle-Inclán tienen su trabajo en muy alta consideración. Varias revistas culturales españolas, como PrometeoEuropa y España, alaban y apoyan su producción.

Esta representación lorquiana de lo español, de las majas, los campesinos, los toreros y las cármenes la encontramos en otros artistas, algunos contemporáneos y amigos de Julio Antonio. Es el caso de Romero de Torres e Ignacio Zuloaga, autores que uno imagina perfectamente plasmando cualquier escena o personaje de La Casa de Bernarda Alba.

Nuestra Señora de Andalucía (Julio Romero de Torres, 1907)

La muerte del tarraconense llegó de forma tan impetuosa como había vivido. Una tuberculosis acabó con su vida apenas diez días después de haber llegado a la treintena. De su legado nos quedan sus geniales obras, aunque se llevó otras a la tumba: su primer grupo escultórico, Flores malsanas, fue destruido por el mismo artista.
Vía| VVAA. Bronze nu. Julio Antonio: una vida d’escultor. Diputación de Tarragona, Tarragona, 2006
Más información| Museo Reina Sofía

Imagen| Minera de PuertollanoJulio Antonio por Juan de Echevarría , María la Gitana , Nuestra Señora de Andalucía

RELACIONADOS