Cultura y Sociedad, Historia 


Juicios de Salem: el más cruel juego de niños

Si se pregunta hoy en día por el pueblo Danvers, en la bahía de Massachusetts, probablemente no demasiada gente sabrá decir cual fue su pasado histórico.

Sin embargo, Salem nos inspira mucho más. 

El pequeño pueblo de Salem no era precisamente un pueblo moderno. Los colonos ingleses que se instalaron allí impusieron la religión católica, lo que en pleno siglo XVII significaba que la iglesia no dudaba en juzgar y ejecutar a todo aquel que se saliera de la normalidad.

La famosa historia de los Juicios de Salem empezó por las actividades ejercidas por Tituba, la criada del reverendo Samuel Parris, para entretener a las niñas: Betty y Elizabeth Parris, y Abigail Williams (hijas y sobrina del reverendo).

Poco a poco la actitud de las niñas Parris iba cambiando: según algunas crónicas la primera comenzaba a llorar sin motivo, mientras la otra corría en cuatro patas y ladraba como perro. Todo esto fue bastante para comenzar una cacería contra libertinas, personas sin recursos…etc.

Tituba fue acusada de brujería, actividad considerada como delito para la autoridad estatal. Bastaba con una acusación para que los supuestos practicantes de brujerías sean enjuiciados y llevados a la horca.  

Las niñas Parris declararon que obraban obligadas por Satanás, y que ellas podían reconocer a los que practicaban la brujería y de esta manera ayudar a los ministros a capturar a los enemigos.

Acusaron al azar, como un juego, a numerosas personas, entre ellas el esposo de Tituba, del que decían que había elaborado un pastel con harina de maíz y orina de niño.

Se empezaron a llevar a cabo juicios con argumentos incoherentes como: “el diablo usa a los malos para atacar a los buenos y para proteger a sus “agentes” crea espectros de los mismos, de modo que mientras los malos atacan el espectro ocupa su lugar como si estuviera llevando a cabo una actividad normal”.

En siete años fueron ejecutados siete hombres, trece mujeres, doscientas personas fueron arrestadas y doscientas más que habían sido acusadas por las niñas Parris.

Sin embargo, nadie fue quemado en la hoguera como todo el mundo cree, fueron ahorcados en su mayoría, o en su defecto sepultados bajo piedras.

Este método tenía nombre propio: el detector de mentiras.

Se amarraba al acusado a cuatro postes a unos centímetros del suelo y se le iba haciendo preguntas, si éste no contestaba se le colocaba una enorme y pesada loza de piedra sobre la espalda; mientras el acusado se siguiera negando a declarar se le seguirían agregando más lozas. Si el torturado sobrevivía dos días con las lozas en la espalda, se le consideraba inocente, pero lógicamente nadie sobrevivió nunca a este castigo.

Cuatro años después de los juicios de Salem, los jurados firmaron una confesión de error y suplicaron clemencia, esto causó un gran alboroto en la sociedad, pues esto fue la prueba de que muchas personas inocentes habían sido ejecutadas.

 

Vía|Tituba, Salem, brujas

Imagen| juicio, Tituba

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