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Jugando con la salud mental

En los últimos años se han incrementado los estudios en referencia a las adicciones y más concretamente a la adicción al juego o ludopatía.

El término de ludopatía procede del latín luduc– que significa “yo juego” o “juego”- y la palabra griega pato– que significa afección, enfermedad o pasión- (Bisso-Andrade, 2007). Atendiendo a la etimología del término podríamos decir que este tendría dos afecciones diferentes: pasión por el juego o enfermedad del juego.

No obstante en ambas se observa una connotación patológica que haría referencia a lo que comúnmente se denomina “adicción al juego”.

El juego no es malo. No siempre se convierte en adicción.

El juego no es malo. No siempre se convierte en adicción.

En este punto tenemos que tener en cuenta a qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de “juego”. Jugar no es malo. De hecho, el juego interviene en el proceso de maduración y aprendizaje y nos permite aprender a respetar reglas, a tener en cuenta las habilidades del oponente, a poner a prueba las nuestras y a superarnos  (Ramos Brieva, 2006)

En este artículo consideramos al juego como una actividad en la que un sujeto arriesga un objeto de valor a cambio de la posibilidad de conseguir otro de valor superior (Bisso-Andrade, 2007).

Bisso-Andrade (2007) diferencia entre el juego de azar, el juego social, el juego profesional y el juego patológico o ludopatía. El juego de azar se caracteriza porque no existe una relación directa o indirecta entre la conducta del jugador y el éxito o fracaso final. El juego social es aquel que se practica en un contexto interpersonal, su duración está fijada así como las posibles pérdidas del jugador. En el juego profesional, los riesgos son limitados y la disciplina es central, por lo cual la destreza del sujeto ocupa un lugar prioritario respecto al factor de azar. Finalmente, nos encontraríamos con el juego patológico o ludopatía, en el cual la actividad parece dirigida a controlar las leyes del azar, es recurrente y origina de forma progresiva una gran desadaptación del individuo a su vida diaria. Sin embargo, lo que desconocen los jugadores es que las leyes de la probabilidad por la que se rigen este tipo de juegos siempre van a beneficiar a la banca o entidad organizadora del juego. Así, las habilidades de la persona apenas entran en juego y sólo cabe esperar pasivamente a que consigamos un premio.

La ludopatía crea un gran deterioro a nivel personal y social.

La ludopatía crea un gran deterioro a nivel personal y social.

En concreto, el Manual Diagnóstico y Estadística de los Desórdenes Mentales (DSM IV-R), manual empleado por psiquiatras y psicólogos para la clasificación de alteraciones mentales, considera que la ludopatía o juego patológico es un trastorno de control de los impulsos, caracterizada por una pérdida de control sobre la propia conducta, el fracaso a resistir el impulso, sensación creciente de tensión antes de llevar a cabo el acto y la experiencia de placer al llevarlo a cabo.

La Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS (CIE-10) considera al juego patológico como una patología dentro de los Desórdenes del Hábito y el Impulso, junto con la cleptomanía, la piromanía y la tricotilomanía.

Aunque parezca que se trata de un término novedoso, la ludopatía siempre ha existido. Así, a lo largo de la historia han existido personajes populares y muchos anónimos arrastrados por este trastorno. Algunos de ellos son los emperadores romanos Augusto y Claudio, el español Góngora y Argote, y rusos, como Lemontov y Dostoievski (Bisso-Andrade, 2007).

En la actualidad, las terapias que más se están estudiando para el tratamiento del juego patológico son las terapias de familia o grupales. En concreto se habla de Jugadores Anónimos (JA). Esta terapia se encuentra inspirada en la tradición y principios de Alcohólicos Anónimos en el que se desarrolla un programa de tratamiento grupal de autoayuda basado en la abstinencia como objetivo terapéutico  (Echeburúa, Salaberría, & Cruz-Sáez, 2014). Sin embargo, no hay datos inequívocos acerca su eficacia.

Terapia cognitiva: relación entre los pensamientos, conductas y emociones.

Terapia cognitiva: relación entre los pensamientos, conductas y emociones.

Otra de las terapias que también se encuentra sometida a prueba para el tratamiento de la ludopatía es la terapia cognitiva. Estas ponen el énfasis en la modificación de estas distorsiones para reducir las ganas de jugar y las conductas de juego. Su objetivo es enseñar al paciente a hacer frente a estos pensamientos irracionales y a establecer una relación adecuada entre los pensamientos, las emociones y la conducta.

A pesar de que esta terapia se ha mostrado efectiva para reducir las conductas de juego, aún no se ha conseguido establecer con precisión el número de sesiones necesarias.

Así, se observa que las investigaciones realizadas acerca de los tratamientos para la ludopatía son limitadas y aún no se ha llegado a un acuerdo sobre la eficacia relativa de un tratamiento (Álvarez Calderón & Santos Ruiz, 2014).

Del mismo modo se observa la necesidad de crear programas de prevención eficaces dirigidos a aquellos que se encuentran en riesgo de desarrollar este tipo de adicción, los jóvenes.

Recordemos que:  “la salud mental no es un juego”.

Vía| Bisso-Andrade, A. (2007). Ludopatía. Sociedad de Perú de Medicina Interna, 63-67.

Copello, A., Templeton, L., Orford, J., & Velleman, R. (2010). The 5-Step Method: Evidence of gains for affected family members. Drugs: Education, Prevention & Policy, 17(Suppl 1), 100-112.

http://dx.doi.org/10.3109/09687637.2010.514234

Echeburúa, E., Salaberría, K., & Cruz-Sáez, M. (2014). Nuevos retos em el tratamiento del juego patológico. Terapia psicológica, 31-40.

Imágenes|JuegoLa ludopatía no es un juego, Ludopatía y deterioroTerapia cognitiva.

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