Historia 


Judíos sefardíes, de nuevo españoles

Detalle de un traje bordado que se conserva en el Museo Sefaradí de Toledo.

Detalle de un traje bordado que se conserva en el Museo Sefaradí de Toledo.

El Gobierno ha decidido “corregir un error histórico” al conceder la nacionalidad española a los judíos sefardíes simplemente con la acreditación de la condición de judío sefardí y sin tener que renunciar a su nacionalidad de origen. Cabe recordar que en España, en 1990, ya se reconoció esa memoria con la concesión a las comunidades sefardíes del Premio Príncipe de Asturias de la concordia. En este reconocimiento supuso “un hito muy importante” un decreto de Primo de Rivera en 1924, que posibilitó un proceso de naturalización que permitía obtener la nacionalidad española y que, según apuntó Soraya Sáenz de Santamaría, “permitió a un grupo de diplomáticos españoles dar protección consular durante la II Guerra Mundial a aquellos que habían obtenido la nacionalidad española”. Felipe González ya aplicó esta medida en 1988, pero fue frenada por Zapatero en 2009.

¿Cuál es este “error histórico”? Los judíos convivieron en la península junto con romanos, bárbaros, visigodos, árabes y fueron tolerados y bien recibidos en la España cristiana. Hacia los siglos X, XI y XII los nuevos reinos cristianos surgidos en el proceso de reconquista contra los árabes necesitaban repoblar aquellos territorios devastados por la guerra. Para ello, era necesario promover el comercio en las ciudades y organizar la administración de los territorios conquistados, pero los cristianos (guerreros y campesinos) no contaban con la preparación administrativa ni comercial, y tampoco con las ganas para ello. Son los judíos, que huían en estos momentos de Al-Ándalus perseguidos por los almorávides primero y por los almohades después, quienes repoblaron las aljamas del centro y norte de España, ayudan con las labores administrativas y se encargan del comercio. Conforme los nobles fueron volviendo de la guerra y se percataron de que los puestos administrativos estaban en manos de los judíos y que, además, éstos habían llegado a acumular una gran capacidad económica convirtiéndose hasta en prestamistas de la Corona, surgió en ellos el sentimiento antisemita.

Este pequeño fuego de intolerancia se vio avivado con la instauración del Santo Oficio en 1478. Dado que la Inquisición no podía juzgar a los judíos, pues sólo tenía competencias sobre cristianos bautizados, se ideó el recluirlos en sus barrios cerrados, y luego apartarlos a regiones diferentes del país (a efectos prácticos esto se inició en abril de 1481). Otras medidas tomadas fueron la exigencia del uso de ropajes y señales que permitiesen distinguirlos con claridad, y la vigilancia sobre los contratos y préstamos de interés. Esto último se formuló con tanta ambigüedad que originó abusos, y de hecho en algunas ocasiones el Consejo descubrió que las denuncias eran falsas y que se trataba en el fondo de defraudar a los judíos, acusándoles de usureros. En 1484 una bula de Sixto IV respaldó toda esta política prohibiendo a los cristianos la convivencia con judíos.

El 2 de enero de 1492 las huestes cristianas sitian y toman Granada. Su caída contribuyó a consolidar la cruzada interna de fe.  Además del sentimiento de animadversión hacia los judíos, había una clara percepción de que la existencia de no cristianos en sus reinos era un peligro para la unidad religiosa que pretendían construir y un obstáculo para sus propios proyectos. Los Reyes Católicos tenían que conseguir la unidad religiosa para que la

Mapa de la diáspora serfardí

Mapa de la diáspora serfardí

comunidad política estuviese unida, y ante este bien supremo cedieron. El 31 de agosto de 1492, promulgaron el edicto de expulsión, para aquellos judíos que no se convirtieran a la fe cristiana. Unos 100.000 judíos abandonaron sus casas y su país, obligados a malvender sus pertenencias. Se exiliaron a Navarra, reino en teorí­a todaví­a independiente, Francia, Inglaterra, el Norte de África y el Imperio Otomano.
Hay varios detalles que nos demuestran el apego que tení­an por esta tierra, que también era la suya: primero, mantuvieron el sefardí­ o judezmo (el castellano del siglo XV) allá donde fueron y segundo, y más importante, conservaron las llaves de sus casas pensando en regresar, pero España se cerró a cal y canto.

Las consecuencias económicas y culturales fueron devastadoras para España. Hoy, se intenta pedir perdón y compensar a esta comunidad con la nacionalización. Según palabras de la embajadora de España en Misión Especial para las Comunidades y Organizaciones Judías, Ana Salomón, “no se puede subsanar algo que se hizo, pero sí existe la absoluta necesidad de recuperar ese patrimonio judío”.

 

Vía| la vanguardia

Más información| Madregot; Diario de Sevilla; Centro de estudios sefardíes en Caracas; sefardíes

Imagen| Traje; mapa

En QAH| La nacionalización de los judíos sefardíes

 

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