Blog, Entrevistas 


Juanma López Zafra: “El reto es cambiar el futuro poniendo las bases del conocimiento hoy”

Juanma López Zafra es Doctor en Economía y Profesor Titular de la Universidad CUNEF en Madrid. Imparte clases de estadística. Anteriormente, ha impartido clases en la Universidad Complutense de Madrid (donde también fue Profesor Titular) y en ICADE. Asimismo, mantiene una columna de análisis económico en El Confidencial (Big Data) donde desentraña la actualidad económica.

Amablemente nos contesta a las cuestiones que preocupan hoy en día a los jóvenes que se aventuran al estudio del Grado en Economía o el Grado en Administración y Dirección de Empresas, así como las dudas que tienen todos los jóvenes españoles hoy en día.

Pregunta: Llevas formando economistas desde inicios de los 90 en las mejores universidades españolas, ¿qué diferencias ves en aquellos jóvenes que salían al mercado laboral tras la crisis de los 90 a los que ahora estás formando con la crisis que estamos viviendo?

Juan Manuel López Zafra

Juan Manuel López Zafra

Respuesta: Fundamentalmente observo dos diferencias. La primera, a nivel formativo; los que llevamos algún tiempo en la enseñanza (en mi área al menos) comprobamos que el nivel al llegar a la Universidad es muy inferior en materias que consideramos esenciales, básicamente las relativas al área cuantitativa. Existe además una gran dispersión curricular según la comunidad autónoma de origen del alumno. Esos dos elementos provocan que se pierda un tiempo precioso en una formación básica que antes se daba por supuesta; evidentemente, ese tiempo no es recuperable y por lo tanto el déficit académico al acabar la universidad es mayor. Por ejemplo, hoy en día es inimaginable que un alumno de ADE maneje los rudimentos básicos de cálculo diferencial para entender cómo valorar un derivado financiero. Esto no es obviamente culpa del alumno, que se adapta a planes de estudio (tanto a nivel preuniversitario como universitario) cada vez más laxos.

La segunda diferencia tiene que ver con la capacidad de generar currículo fuera del aula. En una situación de crisis tan fuerte como la que estamos viviendo, y ante planes de estudio cada vez más flojos, los alumnos han decidido dedicar una parte de su tiempo fuera del aula tanto a actividades colaborativas como a actividades formativas. Así, cada vez es mayor el número de alumnos que apoyan activamente a ONG’s o actividades como esta plataforma desde  la que me entrevistáis, que conozco desde hace tiempo y que me parece magnífica. Creo que eso dice mucho de ellos.

P: Entonces, ¿qué le recomendarías ahora a un estudiante para que tenga más fácil encontrar trabajo?

LZ: Tres cosas: esfuerzo, esfuerzo, y esfuerzo. Salvo excepciones, todos los casos de éxito que conozco de mis alumnos tienen que ver más con el esfuerzo que con el talento. Por supuesto, el talento es un activo importantísimo, pero está escasamente repartido. Así, un esfuerzo constante desde primero de carrera es lo que apoyará o suplirá en muchas ocasiones ese talento que cada alumno tiene, en mayor o menor medida. Tener objetivos claros, no cejar en el empeño, absorber todo lo que pase por nuestro alrededor (que es muchísimo), no despistarse. Siempre hay tiempo para el ocio.

P: Cambiando de tema, a parte de tu labor académica te pones “el gorro de divulgador económico” semanalmente en El Confidencial, ¿supone un gran esfuerzo cambiar de una labor formativa y más teórica a la divulgación en prensa?

LZ: Sin duda, es algo que me ha llevado un tiempo asimilar. El soporte y, sobre todo, el destinatario, es absolutamente distinto. Llegas a un público que se diferencia de tus alumnos en dos cosas: tiene interés real en lo que cuentas (si no, no te estaría leyendo) y en muchas ocasiones no tiene la formación que le supones a tus alumnos. Por otra parte, tiendo a justificar (quizá en exceso) la argumentación que planteo. Eso en el aula tiene sentido, en una publicación científica es fundamental, pero en prensa puede cansar. Sigo en fase de aprendizaje.

P: ¿Dirías, por tanto, que el reto de los economistas actuales es educativo – analizar la actualidad, causas, consecuencias – o planificativo – planificación macroeconómica a futuro -?

LZ: Sin duda, formativo. La planificación es una entelequia; exige adaptaciones constantes que llevan a renunciar al objetivo inicialmente fijado a las primeras de cambio. Sólo conseguiremos cambiar el futuro si ponemos las bases del conocimiento hoy. Ese es el reto, al menos el mío personal. Conseguir que todo lo que nos ha traído hasta aquí sea conocido, con la mayor profundidad, por la mayor cantidad de gente.

P: ¿Qué le recomendarías a un estudiante brillante para que profundizara: la teoría de divisas de Hayek o la de Krugman? ¿Por qué?

LZ: Vuelvo a no tener dudas. Las dos. Creo que un buen economista no puede rechazar el conocimiento de ninguna escuela de pensamiento. Uno de los graves problemas que se da en los planes de estudio actuales es el abandono de las aportaciones de la escuela austriaca. Tiene mucho que ver con la evolución del pensamiento económico dominante desde la crisis del 29. Yo no estudié a Hayek hasta después de tener la tesis doctoral, al preparar mi memoria para las oposiciones de profesor titular. Y me parece terrible. Del mismo modo, me parecería terrible no estudiar a Keynes (no nos preocupemos en exceso, eso está garantizado que no ocurrirá). Son dos aportaciones esenciales, como lo son las de los monetaristas de Chicago, los mercantalistas o los escolásticos de Salamanca. Un estudiante brillante estudiará todas ellas, y entonces tendrá la información suficiente para decantarse.

P: Por último, dado que tu campo es la estadística, las actuariales y la econometría, ¿qué opinión te merecen los continuos fallos en las predicciones de crecimiento a futuro de los organismos públicos (nacionales e internacionales)? ¿Por qué se equivocan tanto?

LZ: Vaya pregunta dos días después del último WEO del FMI y del bombazo de Reinhart y Rogoff. Mantengo desde hace un tiempo una posición clara al respecto, que desde luego no es la misma que mantenía tiempo atrás. La econometría es una herramienta imprescindible para medir comportamientos sencillos, como por ejemplo la demanda eléctrica. El problema surge cuando empleamos esta herramienta en entornos complejos en los que tiene una importancia fundamental el individuo, como son los mercados financieros o la economía, a plazos no muy lejanos. Entonces no funciona. Pero el fallo no es de la herramienta, es del usuario. Han contribuido a esa matematización todas las revistas (especialmente las anglosajonas, que son las de mayor impacto), desde el momento en que toda conclusión debe estar necesariamente respaldada un análisis de datos. Eso ha llevado a que el economista se fije más en el objetivo que en el proceso, olvidando las limitaciones de la herramienta, y provocando los “fallos” por los que me preguntáis. En todo caso, sigo manteniendo que la estadística es la herramienta por excelencia del economista; sin ella, no puede entenderse lo que ha ocurrido; sin ella, no puede entenderse qué ocurrirá.

Muchas gracias por vuestra amabilidad. Ha sido un placer.

RELACIONADOS