Cultura y Sociedad, Historia 


John Forbes Nash: una maravillosa mente enferma

 

Probablemente seremos muchos los que nos hemos dejado seducir por la brillante interpretación de Russell Crowe (John Nash) en el film Una Mente Maravillosa.

Pese a que no pretende ser una película biográfica, en ella se narran muchos de los momentos que tuvieron lugar en la vida del célebre matemático.

John Forbes Nash Junior (su padre se llamaba igual, por eso a él se le conoce como Nash Junior o Jonny Nash) nació en 1928 en Virginia.

Desde pequeño reveló su enorme capacidad intelectual, así como sus dificultades a la hora de relacionarse con los demás.

De hecho, toda su vida estuvo marcada por un exagerado egocentrismo que le impedía entender al resto de los seres humanos y por lo tanto era incapaz de relacionarse con ellos en términos de igualdad.

Incluso su hermana dos años más joven que el dijo:

“Johnny era siempre diferente. Mis padres sabían que era diferente y también sabían que era brillante. Él siempre quería hacer las cosas a su manera. Mamá insistía en que yo le ayudase, que lo introdujera entre mis amistades… pero a mí no me entusiasmaba lucir a un hermano tan raro”.

A los catorce años empezó a mostrar cierto interés por las matemáticas, aunque su verdadera pasión era la química.

En 1945 ganó una beca en el concurso George Westinghouse y entró en el Carnegie Institute of Technology para estudiar ingeniería química y seguir así los pasos de su padre.

Sin embargo, empezó a destacar en matemáticas y fue convencido por el jefe de departamento para que se especializara en ellas.

Una vez licenciado en 1948, aceptó una beca de la Universidad de Princeton (universidad perteneciente a la Ivy League) para realizar sus estudios de doctorado en matemáticas.

Como anécdota cabe añadir que fue acompañado por una carta de recomendación de su profesor R. J. Duffin que rezaba: Este hombre es un genio”. Sobran las palabras.

Con solo veintiún años se doctoró con una tesis de menos de treinta paginas (veintisiete exactamente) sobre juegos no cooperativos, que contenía definiciones y propiedades de lo que más tarde sería conocido como “El equilibrio de Nash”. Hace poco mi compañero Sebastián nos habló sobre la teoría de juegos y su influencia en las negociaciones globales.

En  1950 empezó a trabajar para la RAND Corporation, una institución que canalizaba los fondos del gobierno americano para estudios científicos relacionados con la Guerra Fria, mientras que seguía trabajando para la Universidad de Princeton.

Dos años más tarde entro como profesor en el Massachusetts Institute of Technology (MIT).

Cuentan que sus clases eran muy poco ortodoxas y que no era un profesor muy querido entre sus alumnos que se quejaban además de sus métodos de examen.

Algo que no es conocido de Nash es que mantuvo una relación con una mujer que trabajaba en el MIT llamada Eleanor Stier. En 1953 tuvieron un hijo, del que se desentendió por completo.

El panorama profesional del matemático se truncó cuando en 1954 fue expulsado de la RAND, (la institución más deseables para un científico) cuando fue detenido por “escándalo publico en unos lavabos con otro hombre” precisamente en una época en la que se estaba llevando a cabo una autentica caza de brujas contra homosexuales y comunistas.

 Fue en 1955 cuando empezó a salir con una alumna del MIT, Alicia Lardé.

Fue un año después de su matrimonio, en 1958 cuando se le diagnostica a Nash una esquizofrenia paranoide que llevaba desarrollándose muchos años, probablemente desde la infancia.

El detonante fue la fiesta de fin de año de 1958 a la que acudió con su mujer, presentándose vestido con un pañal y acurrucándose junto a Alicia como un niño pequeño.

Las primeras semanas de 1959 los síntomas de su esquizofrenia se dispararon: le perseguían hombres con corbata roja miembros de una asociación criptocomunista, se le había destinado a ser emperador de la Antártida y los extraterrestres se comunicaban con él a través del New York Times.

Nash fue internado en un centro psiquiátrico durante 50 días. Después de esto viaja a Europa en donde intenta conseguir el estatus de refugiado político que intentaba escapar de los criptocomunistas.

A partir de aquí, permanecería hospitalizado en diferentes centros de Nueva Jersey en lapsos de tiempo de cinco a ocho meses durante treinta años de destierro mental.

En una ocasión se le pregunta cómo pudo llegar a tomarse en serio que los extraterrestres se comunicaban con él. La respuesta, espeluznante:

“Porque las ideas sobre seres sobrenaturales vinieron a mí de la misma forma que las ideas matemáticas. Por eso las tome en serio”.

Pero pese a lo que conocemos por la representación de su vida en la gran pantalla, Alicia no permaneció a su lado durante su enfermedad. En 1962 Alicia le pidió el divorcio y lo abandono, siendo John acogido en casa de su madre.

Años mas tarde se Alicia lo acepto como “inquilino” en su casa de Princeton, aunque según afirmó ella misma “no era una relación romántica”.

Nash deambulaba por las aulas de Princeton como un fantasma, haciendo preguntas sin sentido a los alumnos tales como “¿Qué hacer con un húngaro obeso?.

Su presencia era permitida por los logros académicos alcanzados por John en el pasado.

Quienes leían y utilizaban sus trabajos le daban por muerto y en las enciclopedias se omitían los datos biográficos.

Finalmente, lo imposible empezó a suceder a finales de los 80. Nash, desesperado por sus recaídas decide obedecer a su psiquiatra e ignora por completo sus apariciones que sin embargo le siguen atormentando.

Poco a poco (no sin esfuerzo, que le suponía un desgaste tremendo), empezó a saludar a la gente y a decir frases coherentes. Incluso llevo a cabo un debate con otro científico y en su entorno empezaban a hablar de este fenómeno como “el milagro”.

En 1994 Nash recoge un premio Nobel en Estocolmo por un trabajo que realizo antes de cumplir los 30. En su discurso pronuncio palabras de agradecimiento a Alicia, además de frases que hablaban de su recuperación:

“(…)Pasó más tiempo. Después, gradualmente, comencé a rechazar intelectualmente algunas de las delirantes líneas de pensamiento que habían sido características de mi orientación. Esto comenzó, de forma más clara, con el rechazo del pensamiento orientado políticamente como una pérdida inútil de esfuerzo intelectual”.

“Parece que pienso otra vez racionalmente, de la forma que caracteriza a los científicos. Sin embargo, eso no constituye un motivo para la alegría completa, como si pasara de la invalidez a la buena salud. La racionalidad de pensamiento impone límites en el concepto de mi relación personal con el cosmos”.

Vía| Portalplanetasedna, John Nash, Bipolarweb

En QAH| Una mente maravillosa: Teoría de juegos y el futuro de las negociaciones globales

Imagen| La Flecha

 

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