Especial El Bosco, Patrimonio 


Jheronimus van Aken, el origen del Bosco

Grabado de Jheronimus

Retrato del Bosco, grabado de Cornelis Cort, 1572

Pocos artistas son tan reconocidos por su obra como El Bosco. Un artista universal cuyas pinturas de desbordante riqueza figurativa capaces de despertar el asombro y la fascinación de quién se para a contemplarlas, han permanecido en la memoria de la sociedad como puntos claves en la creación de una estética asociada a su original estilo. Detrás de estas obras que han servido de fuente de inspiración y devoción de numerosos artistas y personalidades, encontramos a un pintor que vivió los últimos coletazos del periodo bajomedieval, donde la pintura era considerada un mero arte mecánico y la religión ocupaba cada rincón del pensamiento de una persona. Conocemos pocos datos sobre su formación como artista e intentar responder a preguntas claves en la configuración de su identidad, es una ardua tarea por la cantidad de espacios en blanco que forman parte de su biografía oficial. Las fuentes documentales que contamos para este estudio son escasas. No conocemos cómo eran sus primeras obras, que pueden dar la pista del origen y evolución de su singular personalidad. Ni siquiera hay una seguridad clara para poder atribuirle ninguna obra, porque no fechó sus cuadros y son pocos los que aparecen con su firma, de la que también se duda. Pese a ello, se le han atribuido una treintena de pinturas cuya temática religiosa de carácter simbólico y derroche de fantasía le han consagrado como gran maestre del arte. Con este artículo intentaré dar forma a los pequeños retazos que se conocen sobre este enigmático pintor que nos ayuden a conocer sus primeros pasos e introducirnos en el contexto que dio origen a su personal visión del mundo.

Nuestro pintor responde al nombre de pila de Jheronimus o Hieronymus. Nació alrededor del año 1450 en el seno de una familia de pintores y artesanos, los van Aken, en la ciudad de s-Hertogenbosch (actual Bolduque en los Países Bajos). Pasó toda su vida en esta pequeña localidad del Ducado de Brabante que pertenecía a los duques de Borgoña. Su nombre significa “Bosque del Duque” o “Bosque ducal”, y algunos documentos destacan sus “bellos paisajes llenos de hermosos cisnes”. Era un pequeño núcleo agrícola y textil (aunque destacaba por la creación de órganos y campanas), que se encontraba cercano a ciudades tan importantes como Amberes y Bruselas. No era un centro económico y cultural importante, pero sí lo suficiente para dinamizar la zona. Justo en el s.XV se estaba llevando a cabo una de sus mayores empresas, la ampliación de la iglesia de San Juan, que atrajo la mano de obra de diferentes artesanos entre los que se encontraban la familia de Jheronimus. En la construcción participaba la Hermandad de Nuestra Señora, de la que el Bosco será un miembro destacado y que fue un agente patrocinador de muchas de sus obras.

Paisaje bosquiano

Detalle del “Tríptico del carro del Heno” en el que vemos un paisaje bosquiano inspirado en su ciudad natal.

Esta zona del norte de Europa estaba viviendo un periodo de esplendor gracias al mecenazgo de la Iglesia, la rica burguesía y la corte borgoñensa. Un renacimiento artístico paralelo al que estaba ocurriendo en los estados italianos. Lejos de la corriente humanística, se estaban desarrollando importantes centro artísticos y culturales con grandes innovaciones para la cultura. Brujas y Bruselas son dos de los focos donde aparecen importantes escuelas que llevaron a cabo grandes innovaciones en la pintura. En Brujas encontramos la escuela de Van Eyck y en Bruselas está trabajando desde 1435 el maestro pintor Rogier van der Weyden. Un poco más al norte, en Rotterdam, encontramos a Erasmo que dedicó su vida a modernizar la doctrina católica para sacarla de los oscuros dogmas medievales con los que conseguir mayor libertad de pensamiento. Estas corrientes culturales germinarán en el imaginario pictórico de los artistas de la zona y se extenderán por toda Europa.

PLaza del mercado de Hertogenbosch

Plaza del mercado de s-Hertogenbosch donde se ubicaron los talleres de Anthonius y Jheronimus

En una órbita más local trabaja la familia van Aken. Está atestiguado que se establecieron en s-Hertogenbosch en el año 1427, pero se piensa que llegaron mucho antes. Fueron una conocida saga de pintores que trabajaron durante varias generaciones en distintos encargos. Gracias a que su apellido encierra una pista sobre el origen de esta familia, sabemos que procedían de la ciudad alemana de Aquisgrán. Se desconoce el motivo de este desplazamiento, pero podemos intuir que tuvo que ver la búsqueda de nuevos encargos y clientes en un momento en el que se estaban edificando numerosos templos para distintas congregaciones religiosas que solicitaban una gran demanda de producciones artísticas. Jan van Aken, abuelo del Bosco, fue el primero que se estableció en s-Hertogenbosch creando su propio taller. Sus hijos entraron a formarse en el taller y heredaron el talento en el manejo del pincel. Anthonius, el menor de ellos, y al igual que hiciera su padre, fundó su propio taller al que también entraron a trabajar sus cuatro hijos, entre ellos Jheronimus van Aken, El Bosco. Era algo común que los hijos de artesanos se integraran en el taller familiar como aprendices para ir adquiriendo los conocimientos y habilidades que dieran continuidad al oficio. El taller gremial era el sistema en el que organizaba la forma de trabajo de los pintores medievales. La pintura en esta época era considerada un arte mecánica, de producción manual, que no estaba motivada por el intelecto para ser considerada un arte liberal. El pintor era un artesano y para poder subsistir tenía que buscar el cobijo de un taller. Esta empresa medieval estaba regentada por un maestro, que recibía los encargos, y formaban parte de ella los oficiales y aprendices, que desarrollaban su labor imitando y mimetizado la técnica y estilo de su maestro. Podemos deducir que El Bosco recibió las primeras nociones necesarias para trabajar en la pintura en el taller de su padre y que jugaron un papel destacado en la formación de su estilo.
Hasta el momento no se ha encontrado ninguna producción original de los talleres de los van Aken, que nos ayude a conocer el grado de influencia que ejercieron en la técnica y estilo del Bosco. Tampoco se conservan las obras de la primera etapa del pintor, así que es difícil establecer las fuentes que motivaron los orígenes artísticos de la obra del Bosco. Sus pinturas no están a la vanguardia de las corrientes que se estaban desarrollando en la época. Está familiarizado con un arte realista y analítico en la línea del gótico internacional, que se produce en esta zona de Brabante, bastante distante del gusto de los grandes maestros de la pintura flamenca. Su estilo se encuentra aislado y destaca sobre el resto de producciones por la creatividad de sus propuestas. Supo absorber los tipos iconográficos medievales e introducirlos en su obra con un toque de personal.

Ilustración de Las 7 edades del mundo

Iluminación realizada por Simon Marmion a finales del S.XV para el manuscrito “Les sept âges du monde”

Hay algún historiador que siguiendo estas pistas ha encontrado un nexo de unión entre la obra del Bosco y la iluminación de manuscritos, como posible movimiento artístico con el que estableciera contacto, del que aprendiera y se dejará influenciar. De hecho, la ciudad de Utrecht, al norte de s-Hertogenbosch, destaca en esta época como gran centro en la producción de estas piezas. Sorprende como sus primeras obras atribuidas tienen afinidad con la iluminación de manuscritos dado el sencillo estilo y el tipo de composiciones de corte tradicional. La iluminación de manuscritos vive en este periodo de la Baja Edad Media un aumento de su demanda y producción, debido a la extensión de la “devotio moderna”, que no es más que una interpretación ferviente y práctica más accesible e íntima de la religión. Son importantes los llamados libros de horas, que son pequeños manuscritos ilustrados realizados para la nobleza de manera exclusiva que contienen rezos y muchas iluminaciones de carácter sacro. En el libro de horas de Catalina Cleves se han encontrado algunas ilustraciones en las que el Bosco podría haberse inspirado. También se sigue la pista del iluminador Simon Marmion, cuyas obras pudieron caer en manos del Bosco, gracias a su relación con la burguesía y nobleza.

Sabemos que en 1480, tras su matrimonio con la hija de una rico burgués de la ciudad, creó su propio taller ubicado en la plaza del mercado, con el que empezó a desarrollar su producción artística. Su fama fue creciendo llegando a recibir encargos de la nobleza. En 1504, Felipe IV de Borgoña “el Hermoso”, por aquel entonces casado con nuestra reina Juana I de Castilla “la Loca”; fue uno de sus clientes y le encargó un tríptico que representaba el Juicio Final. Es interesante señalar que los documentos en los que se afirma tal hecho, se refieren por primera vez a nuestro pintor como “Jheronimus van Aken, llamado El Bosco”. Este apunte es importante porque va a adoptar el apodo artístico “Bosch” como referencia a su lugar de origen y que con el paso del tiempo será reconocido como marca de su sello de identidad.

Sabemos que su taller continuó trabajando tras su muerte ocurrida en 1516, creando una red de copias bosquianas que hoy en día dificultan el encuentro de producción original. Sería importante que con el paso del tiempo llegáramos a conocer nuevos datos sobre la formación de este artista y su universo. Las pistas están desperdigadas por todas sus pinturas, solo nos hace falta hallar el código que nos ayude a interpretarlas y seguir descifrando los secretos del Bosco.

Ilustración del libro de hora de Catalina Cleves

Iluminación del infierno que se encuentra en el “libro de horas de Catalina Cleves”

Vía| BOSING, Walter, El Bosco: entre el cielo y el infierno, Ed. Taschen, 2004; PITTS REMBERT, Virginia, Bosch, Ed. Parkstone International, 2011; YARZA LUACES, Joaquín, El jardín de las delicias del Bosco, Ed. Alcobendas, 1998

Más información| Sobre el Bosco y la iluminación de manuscritos

Imagen| Grabado del Bosco, Paisaje bosquiano, Mercado de s-Hertogenbosch, Les sept âges du monde, Libro de horas de Catalina Cleves

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