Jurídico 


Jesús de Nazaret (I): El Juicio ante el Sanedrín

“Nosotros tenemos una ley y según la ley debe morir, porque se ha hecho hijo de Dios “.

(Juan 19:7)

El juicio a Jesús de Nazaret constituye, sin lugar a dudas, uno de los episodios más trascendentales de la humanidad, no sólo desde el punto de vista religioso sino también desde el jurídico. Jesús de Nazaret fue sometido a dos juicios (uno ante la autoridad religiosa y otro ante la política) por ello, en este primer artículo analizaremos el juicio ante el Sanedrín hebreo para después en un segundo artículo centrarnos en el juicio que se desarrolló ante Poncio Pilato.

El órgano jurisdiccional ante el cual se desarrolló este primer juicio fue el Sanedrín. El Sanedrín era el tribunal supremo de los judíos y estaba formado por setenta y un miembros repartidos en tres cámaras: la de los sacerdotes (la más importante), la de los escribas y la de los ancianos. El sumo sacerdote en esos años era Caifás y fue él quien presidió las deliberaciones contra Jesús. 

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Por lo que respecta a los cargos que se le imputaban, autores como Blinzler, una vez que analizan los supuestos otros cargos como agitación política, falsas profecías o magia, concluyen que en sede judicial sólo se revisó el delito que constituía la acusación principal: el de blasfemia. La blasfemia aparecía configurada en la Torá como una ofensa a Dios cuya comisión se castigaba con la pena de lapidación siendo indiferente que el delincuente fuera natural o extranjero.

Entre las imputaciones secundarias conviene destacar aquellas que fluyen de los evangelios:

Incitar a no pagar tributo a Roma: Este cargo era gravísimo ya que en la Antigüedad el tributo se concebía como un símbolo de poder del vencedor sobre el vencido. Si bien Roma había concedido cierta autonomía al pueblo hebreo, no perdonaban el pago del tributo. Sin embargo, esta imputación resultaba falsa ya que el verdadero tributo respecto del cual Jesús de Nazaret se mostró en contra fue del tributo al Templo.

Afrenta al Templo: Se le acusó de haber amenazado con destruir el templo y con reconstruirlo en tres días. San Marcos citando a algunos testigos recogen la siguiente frase pronunciada por el galileo: “Yo voy a destruir este templo que hicieron los hombres y en tres días levantaré otro no hecho por los hombres”. Para la ley judía atacar el templo equivalía a una afrenta a Dios al encontrarse en él depositada la vieja arca de la alianza con Dios: el Sancta Sanctorum. Aunque el acusado no ejecutó acto material alguno contra el Templo ninguna religión u ordenamiento jurídico de la época hubieran permitido ni siquiera la amenaza de destrucción de su recinto sagrado.

Mago y exorcizador

Incitador del pueblo

En cuanto a las pruebas, ante la inexistencia de medios tecnológicos capaces de reproducir un hecho, en aquella época las pruebas orales, como la testimonial o la confesión, gozaban de una extraordinaria relevancia. Respecto de la prueba testimonial, en el caso que nos ocupa, se presentaron varios testigos que hacían mención a lo dicho por el reo sobre la destrucción del templo. Se daba así cumplimiento a la ley judía que exigía al menos dos testigos coincidentes para probar los delitos. No obstante los evangelios señalan que si bien se cumplía cuantitativamente el requisito exigido por la ley hebrea, no ocurría lo mismo con el requisito cualitativo ya que el testimonio ofrecido por los testigos no coincidían, si bien es cierto que las Sagradas Escrituras no señalan los puntos discordantes limitándose sólo a señalar este extremo.

En lo referente a la confesión, Caifás como sumo sacerdote asumió en este proceso las funciones de juez y fiscal y procedió a interrogar a Jesús a la vez que se sentaba entre los jueces. Los miembros del Sanedrín permitieron que un guardia abofetease al acusado. Ante el silencio del acusado respecto de las preguntas que versaban sobre el orden religioso o su doctrina, Caifás trató de hacerle hablar: “Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías”. Cuando Jesús respondió “Soy yo”, Caifás se rasgó sus vestiduras, vulnerando así no sólo los códigos de conducta sino el mandato que le prohibía romperlas porque representaban el sacerdocio. El hecho de rasgar sus vestiduras no sólo descalificaba a Caifás como juez sino que hacía recaer sobre su propia cabeza la sentencia que quería imponer a Jesús ya que el cógido mosaico condenaba al sumo sacerdote que rasgaba sus sagradas vestiduras a pena de muerte.

Una vez practicadas las pruebas y siendo aún de madrugada el Sanedrín en pleno dicta su sentencia por unanimidad así lo recoge Mateo en su evangelio: “Todos estuvieron de acuerdo en que era culpable y debía morir”.

Por último y siguiendo a autores como J.J Benítez analizaremos los vicios procesales de este primer proceso:

Los procesos de pena capital debían abrirse alegando la inocencia del reo y no su culpabilidad.

Los procesos de sangre debían celebrarse de día y nunca podía pronunciarse la sentencia condenatoria durante la misma jornada. Además no podían celebrarse procesos durante la vigilia del sábado de un día festivo. El Sanedrín, en este caso, se reunió en un día doblemente prohibido: el viernes 7 de abril, víspera del Sábado y de la Pascua.

El juicio debía ser abierto por uno de los jueces sentados al lado del más anciano y no por los testigos. 

No se cumplieron con las exigencias y formalidades para los testigos.

La ley mosaica establecía que la ejecución de la sentencia condenatoria debía ser aplazada para el día siguiente.

No se produjo votación. De conformidad con la ley hebrea, en un caso criminal los jueces debían votar uno después de otro, comenzando por el más joven. Cada uno de ellos, debía en su turno, emitir su voto y exponer las razones de su decisión y ser éstos registrados por los escribas pero por lo declarado en el evangelio de San Mateo Jesús fue condenado por aclamación.

La ley hebrea prohibía que una misma persona fuera juez y acusador. En el juicio a Jesús el sumo sacerdote Caifás asumió ambas funciones.

La sentencia no se escribió ni se publicitó. Tampoco se enviaron mensajeros de ley a todos los lugares para efectuarla.

No se cometió delito de blasfemia. La ley judía establecía que “el blasfemo no es culpable en tanto no mencione explícitamente el Nombre” (de Dios, Yehová).

El tribunal no dilucidó la sentencia a puerta cerrada ni corroboró rigurosamente los testimonios de los testigos.

El Sanedrín reunido aquella noche (23 miembros) no cumplía con el quórum de constitución necesario para procesar a un supuesto falso profeta. Se requería la mayoría de 71 miembros o Gran Sanedrín.

El veredicto en contra de Jesús fue también ilegal por haber sido pronunciado en el lugar incorrecto. De acuerdo con el Deuteronomio las sentencias de muerte debían ser pronunciadas en un lugar concreto escogido por Dios. Los judíos habilitaron a tales efectos un departamento del templo conocido como “el salón de Fazith” o “el salón de la piedra tallada” sin embargo Jesús fue juzgado y condenado en el palacio de Caifás, sito en el Monte Sión y no en la sala de piedra tallada.

Este ha sido a grandes rasgos el análisis jurídico del primer proceso en el que se enjuició a Jesús de Nazaret. Debido a que el Sanedrín representaba el máximo tribunalde los israelitas ni la sentencia de muerte ni ninguna otra eran susceptibles de recurso de apelación. Sin embargo se requería que la condena fuera admitida por el procurador romano al ser éste la única autoridad que tenía ius gladi o jurisdicción sobre la muerte, es por ello, que en la siguiente entrada analizaremos de igual forma el juicio ante Roma, personificada en la persona de Poncio Pilato.

Vía| La justicia quebrantada  El juicio de Jesús

Imagen| Juicio ante el Sanedrín

En QAH| Jesús de Nazaret (II): El Juicio ante Poncio Pilato

 

 

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