Historia 


Jaime “el Barbudo”

Si en la España rural del siglo XIX hay en personaje característico e incluso con tintes de leyenda ese es sin duda el bandolero. En el Sureste, entre Murcia y Alicante esa palabra está unida al nombre de Jaime Alfonso “el Barbudo”. Su vida es una muestra de los problemas de la sociedad agraria del momento, así como un fiel reflejo de la cambiante realidad política del país durante las primeras décadas del siglo.

Jaime_Alfonso__el_Barbudo

Nuestro protagonista nació el 26 de Octubre de 1783 en Crevillente con el nombre de Jaime José Cayetano Alfonso Juan, y hasta los veinticinco años se dedicó a cuidar los rebaños de su padre, con esa edad decidió andar por su cuenta y quedó al cuidado de una finca en la localidad alicantina de Catral. La vida de Jaime Alfonso cambia completamente el día en el que se encuentra con el Zurdo, un vecino de la zona, al que hirió de muerte en defensa propia, a causa de una disputa ocurrida días antes en una taberna del pueblo. Los compañeros del fallecido organizaron una partida para buscar al asesino por lo que se vio obligado a huir. Con la llegada de la Guerra de la Independencia, “El Barbudo” encontró un campo de actuación perfecto, tanto es así que destacadas personalidades del momento como el barón Taylor, quien fue ayudante de campo del General Orsay en la guerra, se interesó por su figura. En el transcurso del conflicto bélico llegó a hacer cautivo a un destacamento francés que se dirigía destino de Orihuela, pero al término del conflicto, las cosas se complicaron. Al no haber enemigo al que derrotar se echó de nuevo al monte, y se dedicó a asaltar los caminos. Del mismo modo fue notable por su control del territorio, y por repartir parte del botín entre los pobres.

Los liberales lo querían muerto, y había una orden de detención contra él, valiendo su cabeza tres mil duros, por lo que tomó partido por los absolutistas. Algo después, en 1820, pidió el indulto que nunca le fue concedido, por lo que permaneció escondido en el que sería su centro de operaciones, una Cueva de la Sierra de la Pila, en la Región de Murcia, lugar donde se protegía de las partidas que iban a buscarlo ya que seguía pesando sobre él la pena de muerte. Durante este periodo se dedicó a atacar pueblos en los que destruía la placa de la Constitución y asesinaba al alcalde, tal como hizo en Jumilla (Murcia).

Aunque debido a la inestabilidad de la política española del momento, en 1823 pasó a colaborar con el gobierno, como perseguidor de malhechores, el mismo que era buscado y perseguido ahora se dedicaba a cumplir ese trabajo. Así que, como era de esperar, su suerte volvería a girar y fue de nuevo perseguido, aunque en esta ocasión la fortuna no le sonreiría, ya que fue capturado.

La ciudad de Murcia se disponía a vislumbrar un dantesco espectáculo un 15 de Julio de 1824, el bandolero que aterrorizó a la zona y a la vez trabajó para el Estado, estaba a punto de abandonar el mundo de los vivos. Lo haría por medio de una horca dispuesta sobre un cadalso levantado en la Plaza de Santo Domingo. Pero más llamativa es la pena a la que fue sometido una vez muerto, se descuartizó al bandolero en cinco partes, se frieron todas ellas y se exhibieron en localidades que estaban relacionadas con el forajido. Crevillente fue la primera y desde allí el periplo continuó por Hellín, Sax, Fortuna, Jumilla, Abanilla.

En colaboración con QAH| Ad Absurdum

Vía| BOTÍAS, A. (27/06/2010): “El día que frieron a Jaime, el Barbudo” en La Verdad. Murcia.

Imagen| Jaime Alfonso el Barbudo, en Región de Murcia Digital

RELACIONADOS