Patrimonio 


Isabel la Católica, ¿devota o coleccionista de arte?

Ya en el siglo XIX Pedro de Madrazo, pintor, escritor y crítico de arte, llamó la atención de sus contemporáneos en torno a la numerosísima colección artística que los Reyes Católicos llegaron a atesorar. Con los datos que fue recopilando lanzó al mundo la astronómica cantidad de los 460 cuadros que la reina Isabel poseyó en su haber.

Anónimo flamenco, obra de finales del siglo XV. Detalle de un retrato de Isabel la Católica.

Anónimo flamenco, obra de finales del siglo XV. Detalle de un retrato de Isabel la Católica.

Sin embargo, ¿podemos hablar del coleccionismo propio del mecenazgo moderno? Ciertamente, dicha ‘colección’ se antojaba un tanto medievalizante y carente de un orden concreto a la hora de surtirse de dichas obras. En cuanto si Isabel creó una colección o no, es un debate abierto continuamente a juicio. Lo que sí es cierto es que la documentación de la época aporta datos interesantes en cuanto a los objetos que la reina reunió: muebles, tapices, ricas telas traídas de distintos países, piedras preciosas, joyas y pinturas. Como vemos, la gran mayoría, pese al valor añadido de la antigüedad, son objetos de cariz doméstico, lo que determina una importancia crucial dentro del tesoro palaciego de Isabel. Por otra parte, entendemos que durante el siglo XV, los tapices y las joyas tenían otro valor añadido: el tiempo empleado en su realización; por ello los precios eran mucho más elevados en estos objetos domésticos que, por ejemplo, en las pinturas. A este tenor, sí hay en la documentación el pago referido a varias obras de arte, sin embargo, los contratos son expuestos con un mimo mayor en todo lo referente a platería, orfebrería o tapicería, lo que vuelve a denotar el acrecentado valor de éstos en detrimento de la pintura.

Por último y para terminar de ratificar lo anteriormente comentado, haremos referencia al testamento de Isabel la Católica. En él, quedaron por escrito todas las tenencias de la reina. Aunque también queda patente el gravísimo error que cometió: atesoró objetos artísticos en torno a ella hasta su muerte, cuando en su manda testamentaria dividió su patrimonio entre la “iglesia catedral cibdad” y la Capilla Real de Granada o el Alcázar de Segovia entre otros reales sitios. Esta decisión solo ha conllevado confusión pues, muchas obras se perdieron y el resto están dispersas entre Castilla, Aragón y Andalucía, sin hablar del reparto patrimonial de obras artísticas que tuvo lugar entre el siglo XIX y el XX con el boom de la musealización.

En cuanto a las temáticas que encontramos en sus tapices y pinturas, siempre es la misma: religiosa, retratística y mitológica.

Capilla Real de Granada, proyectada por el arquitecto Enrique Egas y donde Domenico Fancelli esculpió los sepulcros del matrimonio.

Capilla Real de Granada, proyectada por el arquitecto Enrique Egas y donde Domenico Fancelli esculpió los sepulcros del matrimonio.

La primera es la que más abunda, mientras que todo lo profano está muy relacionado con la personalidad de Beatriz Galindo “La Latina”, ‘maestra’ de los hijos de Isabel y Fernando y consejera de la reina. La educación en filosofía que de ella recibieron hizo que avivaran el gusto por lo mitológico, aunque, siempre en las áreas más privadas de la corte, pues los Reyes al exterior mantuvieron el más recio catolicismo. En la Capilla Real de Granada, donde se conserva gran parte de la colección pictórica de Isabel, podemos percibir el gusto por la pintura neerlandesa y por la escuela española estableciendo relaciones contractuales con artistas estrella: Hans Memling, Roger van der Weyden, Pedro de Berruguete, Bartolomé Bermejo o Botticelli.

En este caso, los historiadores del arte aún seguimos dándonos de bruces: ¿podemos hablar de Isabel la Católica como una mujer del Renacimiento?, ¿las obras de arte que atesoró son propiamente una colección? Lanzamos la pregunta al aire, pero la respuesta sólo la tiene nuestra historia.

¡Felices Fiestas!

Imagen| Centro Virtual Cervantes, Paseandohistoria

Más información| SALVADOR MIGUEL, Nicasio, Isabel la Católica: educación, mecenazgo y entorno literario, Centro de Estudios Cervantinos, Alcalá de Henares, 2008.

En QAH| ‘Bonarum artium cultrix’: el legado de Isabel la Católica.

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