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¿Iros? ¿Idos? Una opinión desde la disciplina psicológica

En los últimos días se ha desatado una polémica tras el anuncio por parte de Pérez-Reverte de que la Real Academia Española va a aceptar “iros” como forma de imperativo del verbo ir (frente a idos, la forma que se considera correcta). Una oleada de tweets han mostrado su desacuerdo, considerando esta decisión a la altura de una aberración, una perversión del lenguaje.

¿Y qué tengo que decir yo, una psicóloga clínica con acento madrileño, al respecto? Bueno, dejadme aportar mi opinión desde la perspectiva de mi disciplina en general, y desde mi enfoque en particular.

El lenguaje es una conducta más y se desarrolla en la interacción con el contexto. Nuestro lenguaje se va construyendo y está sujeto a las mismas leyes de aprendizaje que otros comportamientos. Esto quiere decir que los elementos del lenguaje pueden ser reforzados o castigados. Imaginad un niño pequeño que nunca ha hablado y que, un día, balbuceando, dice “ma”. Si tiene la suerte de que lo escuchan otros humanos a su alrededor, recibirá una satisfactoria lluvia de refuerzos (“Ay mi niño”, “muy bien”, además de múltiples carantoñas). Y pensad ahora en el momento en el que diga “mama”. ¡Las personas de su entorno harán una fiesta! Imaginemos ahora que ese niño comienza a decir nuevas palabras. En un momento dado, puede empezar a decir “telelisor”, ante lo que los adultos le corregirán: “se dice televisor”. Y así, poco a poco, ese niño que os estáis imaginando, aprenderá a hablar.

A su vez, el lenguaje tiene una determinada función. Por ejemplo, puede señalar las consecuencias de una determinada conducta: “si tocas el enchufe te puedes electrocutar” (pocos de nosotros hemos comprobado empíricamente que el enchufe electrocuta, y aún así, no lo tocamos). Puede servir, por ejemplo, para modificar la conducta de otros “No pases, que he fregado”. Algunas palabras o frases resultan más “útiles” que otras, y por tanto son las que se usan de forma más frecuente. Asimismo, puede que aprendamos por imitación (aprendizaje social) y de ello deriven unos determinados usos de la lengua.

Y así, aunque de forma más compleja, el lenguaje se ha ido conformando a lo largo de los tiempos. Es una construcción en la que podemos influir y que también nos influye. Está viva, e incluso podríamos decir que tiene sentido únicamente en conjunción con los hablantes y su uso. Por tanto, tiene sentido que el lenguaje evolucione. ¿De qué nos sirve anclarnos en los usos del lenguaje que se registraron en base a los hablantes que vivieron hace siglos? Si una forma del lenguaje tiene un uso popular y extendido, ¿por qué no considerarlo? El lenguaje no es como un elemento químico. Si una gran cantidad de personas comienzan a decir que “agua es H3O”, por mucho que quisiéramos no podríamos hacer cambios, porque necesariamente el agua está construida por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Pero si una cantidad considerable de gente dice “iros” en vez de “idos” (no me podéis negar que esto ocurre), ¿por qué es tan grave que la Academia lo considere?

Como dice Reverte, “iros” es un uso popular, “la academia escucha lo que se dice o se escribe, y levanta el acta, pues la lengua se va modificando”, además “no es que la Academia destierre la forma culta ‘idos’, que recomienda; lo que sucede es que acepta ‘iros’ como modo de expresar esa forma del verbo”. Además, eso no significa que esto se extienda y acaben aceptando otros usos del imperativo de otros verbos.

En definitiva, en lenguaje no ha de ser considerado como compartimentos estancos. El lenguaje cambia con nosotros y a su vez nosotros cambiamos el lenguaje, por lo que las actualizaciones del mismo tienen sentido. ‘Idos’ acostumbrando a ellas.

Vía|El País

Skinner, B. F. (1953). Ciencia y conducta humana. Barcelona: Martínez Roca

Imagen|Lenguaje

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