Cultura y Sociedad, Historia 


Irena Sendler, heroína del siglo XX (II)

 

Irena también sufrió en su propia piel la brutalidad del régimen nazi.

En 1943 fue detenida por la Gestapo, en cuyo interrogatorio la torturaron rompiéndole a palos las piernas y los pies y fue encerrada en la prisión de Pawiak: un autentico infierno en el que los presos sufrían torturas diarias, eran alimentados con un caldo ennegrecido con patatas flotando, muriendo en muchos casos por inanición, ya que los nazis consideraban que con 184 calorías diarias era más que suficiente.

Irena fue encerrada allí y torturada a diario, sin embargo no desveló el nombre de ninguna de las personas que la habían ayudado ni de ninguno de los niños a los que había puesto a salvo.

El día de su ejecución mientras se dirigía al paredón, un oficial (interrogador de la Gestapo) solicitó un “interrogatorio adicional” y al salir de la sala le gritó en polaco: ¡Corre!, haciendo posible que Irena escapara.

¿La razón? Muy sencilla. Había sido sobornado con una cuantiosa cantidad de dinero por los miembros de la Resistencia, aceptandolo gustosamente a cambio de una vida que para él no significaba nada en absoluto.

Al terminar la guerra hizo un tremendo esfuerzo por reunir a los niños (de los que conservaba sus verdaderas identidades) con sus familias, pero desgraciadamente la mayoría de ellas habían sido ejecutadas en los campos de la muerte.

El estado polaco no reconoció ninguno de sus méritos, para ellos era solamente una “amiga de los judíos”.

Llevó una vida gris y anónima, postrada en una silla de ruedas como resultado de las lesiones que le provocaron las torturas de la Gestapo, sin reivindicar ninguna de las heroicidades que había llevado a cabo alegando que era lo mínimo que una persona en sus cabales podía hacer.

Fue Israel la que la sacó del anonimato cuando Yad Vadshem conoció su historia de boca de alguno de los protegidos que ella misma envió a Palestina.

Pero su propia patria no la reconoció hasta 40 años después: Alexander Kwasniewski la condecoró en 2003 con el Águila Blanca, la más prestigiosa condecoración de Polonia.

En 2007, con 97 años fue propuesta para recibir el Premio Nobel de la paz, pero los noruegos se decantaron por Al Gore, por la creación de un documental sobre el cambio climático. Sin comentarios.

Irena vivió los últimos años de su vida en un asilo, rodeada de flores enviadas por los niños (ya adultos) a los que había salvado que la obsequiaban constantemente con sus visitas. 

Ella nunca espero reconocimiento alguno:

“Yo no hice nada especial, sólo hice lo que debía, nada más”, le dijo a un periodista español hace tres años. “Cada niño que salvé es la justificación de mi existencia en la tierra y no un título de gloria”, recordaba a los parlamentarios polacos.

El día 12 de mayo de 2008 Irena Sendler murió a los 98 años.

Un perfecto ejemplo de bondad humana, que desgraciadamente el mundo desconoce.

Vía| Liberted.digitalConelpapa

Imagen| TopsynergyDadaisforeverbp.blogspot

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