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Irak, pieza clave en el tablero de Oriente Próximo

Hablemos de Irak. Ese país situado entre dos potencias regionales, que compiten por el objetivo común de liderar un convulso Oriente Próximo. Una pieza clave en un tablero de ajedrez en el que se disputa una partida para ganar alianzas y asegurar una esfera de influencias. Hablemos del conflicto insostenible a sus puertas, que ya traspasa sus propias fronteras. Y por qué no, hablemos de la invasión estadounidense, y de un ejército que tras siete años de guerra volvió a casa con la lección aprendida: cuesta menos derribar un régimen que reemplazarlo por otro sostenible.

Hablemos de Irak, y de violencia sectaria. Pero también de Irán y Arabia Saudita, y de Siria. Y de Occidente. Y es que  nada de lo que pasa en el entramado geopolítico de Oriente Próximo ocurre de manera aislada y sin un telón de fondo.

Los antecedentes

Si analizamos de manera rápida los últimos treinta años  de la historia de Irak lo vemos enraizado en una sucesión de conflictos, en los que han intervenido diferentes actores, tanto a nivel regional como internacional.

A la guerra entre Irak e Irán (1980-1989) en la que el siempre desafiante, dictador Sadam Hussein contó con la ayuda de Estados Unidos, Francia y la Unión Sovietica,  le sucede la guerra del Golfo (1990-1991).  Este conflicto comenzó con la invasión y anexión de Kuwait, y acabó con un severo embargo de más de doce años impuesto por Naciones Unidas, lo que añadido a los desastres de la guerra, provocó graves consecuencias económicas y sociales en el país. El posterior programa de la ONU  “Petróleo por alimentos” tampoco les libró de la devastación.

En el año 2003,  la invasión de Irak,  guerra llevada a cabo por una coalición de países encabezada por los Estados Unidos, con el pretexto de encontrar armas de destrucción masiva, que finalmente nunca se hallaron, abrió la brecha entre chiís (aproximadamente el 60% de la población) y sunís (el 35%).

El  actual primer ministro, Nuri- Al Maliki, estableció desde que ganó las elecciones en 2009, un gobierno de mayoría chií,  cambiando así el tradicional juego de poderes, (Sadam Hussein era sunié), y según muchas voces críticas, sin tender puentes que cerraran esa herida sectaria entre las dos ramas del islam. Con este gobierno ha crecido la presencia chií en la región, encabezada por Irán.

Los suníes temen la influencia de Irán, al igual que las monarquías del Golfo, y en especial Arabia Saudí, país aliado de Washington, con quien Teherán mantiene una especie de “Guerra Fría” regional.

También Israel, que  en medio de este recrudecimiento de tensiones en relación con el conflcto sirio y especialmente con la milicia libanesa Hezbollah, acaba de recibir una advertencia por parte del gobierno de Al- Maliki: en ningún caso podrá utilizar su espacio aéreo en un hipotético ataque a Irán.

¿Cual es la situación actual?

Una creciente ola de violencia sectaria está arrasando el país, y cada vez hay más voces que alertan de que terminará  envuelto en una guerra civil.

Mayo ha sido el mes más sangriento de los últimos cinco años, con 1085 muertos en atentados, cifra que llega a los 2000 en los últimos dos meses. Los atentados se suceden de forma continua en toda la capital, en su mayoría dirigidos a los distritos chiíes.

El enviado de Naciones Unidas en Bagdad, Martin Kobler, ha advertido esta semana del “riesgo de que la confrontación se amplíe y lleve al país al caos”.

La rama suníe, que se siente marginada por Al Maliki,  le culpa de la división étnica, y los radicales perpetúan este estado de violencia. Al Qaeda en Irak (AQI), tiene a su vez una gran presencia en el país. Según los servicios de inteligencia estadounidense en el año 2012 el número de terroristas de Al Qaeda en Irak se ha duplicado, pudiendo haber hasta 2.500 miembros activos.

El gobierno ha cedido frente a las protestas sunitas liberando presos y aumentando el salario de las milicias sunitas anti-Al Qaeda, pero no ha afrontado las raíces sociales de la frustración.

Mientras, la minoría kurda, que cuentan con un alto grado de autonomía y seguridad, también está enfrentada con el gobierno de Al Maliki por su afán recentralizador y por el reparto de los beneficios del petróleo y de los presupuestos federales.

Y llegamos a uno de los principales problemas a los que se enfrenta Irak: El  efecto contagio de la guerra en Siria, que como en Libano, pero todavia con un menor grado de implicación, tiene un impacto directo.  Actualmente se juega una lucha de poder  en la región, en la que países árabes apoyan (de manera más o menos evidente)  a un bando o a otro según sus intereses en la zona.

Por un lado las poderosas monarquías del Golfo están del lado de la oposición,  armando a los rebeldes, con la cada vez más patente ayuda de la Unión Europea y Estados Unidos. Por el otro, los países de mayoría chií apoyan el regimen de Bashar Al Assad, posiblemente por las impredecibles consecuencias que podría originar su caída.

Tal como refleja Rafael Estrella en el libro Siria: Guerras, Clanes, Lawrence “Hay algo que preocupa por igual a Iraq, Turquía, Irán e Israel: ¿sin la mano férrea de los Assad, cuál podría ser el futuro del complejo mosaico étnico y religioso del Eúfrates?”.

Imagenes|Associated Press, Al Jazeera

Más Información| Foreign Policy,  Siria, Guerras, Clanes, Lawrence; ONU

En QAHSiria:¿Hasta donde está dsipuesta a llegar la comunidad internacional?,  Guerra y privatización, ¿puede justificarse la guerra legalmente?, ¿es posible recuperar el turismo tras un conflcito armado?

 

 

 

 

 

 

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