Patrimonio 


Los inicios de la historia de la fotografía (IV)

En los anteriores artículos de esta serie hemos visto cómo nacía la fotografía, qué técnicas utilizaba y en qué campos era más habitual su uso una vez que se popularizó (el retrato, las crónicas de guerra, los avances científicos, etc.). En este artículo vamos a centrarnos en los pasos que dio la fotografía desde su nacimiento para acercarse al mundo del arte, al cual quiso pertenecer desde el principio.

Una de las primeras cosas que buscaba la fotografía en cuanto a sus similitudes con el arte era el realismo. La fotografía quería ser capaz de representar la realidad de la misma manera fidedigna que podía hacerlo un cuadro, pero su principal impedimento era la bicromía (usualmente las imágenes eran en blanco y negro, pero también se combinaban a veces el blanco y el marrón e incluso el blanco y el azul con la técnica del cianotipo). No obstante, el coloreado de la placa fotográfica no se utiliza demasiado por ser un proceso demasiado delicado y costoso.

Fotografía japonesa coloreada a mano, h. 1881

Aunque desde su invento se vienen usando diversos métodos para conseguir el color en las fotografías, habrá que esperar hasta 1862 para encontrar una técnica realmente viable. En esta fecha, Louis Ducos du Hauron construye un aparato para fotografiar los colores. Su procedimiento consiste en superponer tres imágenes distintas, obtenidas cada una de ellas con filtros y papeles de diferentes colores. Casi al mismo tiempo, Charles Cros realiza un invento similar: su técnica consiste en conseguir la imagen a través de la superposición de tres negativos, uno azul, otro naranja y otro verde. Sin embargo, estas técnicas no tuvieron mucha aplicación práctica.

Por su parte, a comienzos de la década de 1850 varios fotógrafos como Gustave Le Gray, Charles Nègre o Roger Fenton alzaron la voz para reivindicar la posibilidad de una concepción artística de la fotografía. Muchos de ellos se agruparon en sociedades de eruditos en compañía de otros intelectuales como literatos, pintores y aristócratas en general. De hecho, varios pintores reconocidos de la época, como Eugène Delacroix, se sentían muy atraídos por esta nueva técnica. El pintor llegó a afirmar que «si un hombre de genio se sirve del daguerrotipo tal como debe emplearse, se elevará a una altura que aún no conocemos».

En la misma década de 1850 comienzan a realizarse exposiciones de fotografía y a publicarse reseñas y críticas de las mismas. El crítico de arte Francis Wey afirmaba que para que la fotografía fuese considerada un arte no debía representar fielmente la realidad, sino que debía sacrificar ciertos detalles en aras de conseguir una interpretación más espiritual. No obstante, la mayoría de críticas que se dirigían hacia la fotografía seguían tildándola de «mera servidora de las artes».

Fruto de todo esto nacerá en Inglaterra una corriente de fotógrafos que cultivan la fotografía con medios pictóricos. Realizan imágenes que se basan en los géneros más nobles de la pintura: recurren a figuras vestidas con atuendos religiosos, alegóricos o mitológicos y realizan composiciones al estilo de las grandes obras de la historia de la pintura. Estos artistas, entre los que algunos de los más famosos son Oscar Gustav Rejlander o Henry Peach Robinson, encuentran sus influencias en el arte italiano y en sus contemporáneos prerrafaelitas, así como en motivos literarios: Shakespeare, Walter Scott… Este movimiento recibió el nombre de fotografía academicista.

Oscar Gustav Rejlander, Los dos caminos de la vida, 1857

Esta corriente, que serviría de caldo de cultivo para el pictorialismo a finales de siglo, estuvo en auge hasta la década de 1860, pero su influencia se perpetuó varios años más. Una de sus últimas cultivadoras fue Julia Margaret Cameron. En sus fotografías no cuida la técnica, no le importa que estén desenfocadas o que la placa se arañe, porque así conseguía unos efectos que alejaban las imágenes captadas de la realidad exterior. Recibió varias críticas porque se decía que no sabía aprovechar la capacidad de las cámaras ni la nitidez de los nuevos procedimientos fotográficos; sin embargo, para ella siempre estuvo la estética antes que la técnica. Según ella, la cámara no era un objeto para documentar la realidad, sino para crear arte.

Julia Margaret Cameron, Espero, h. 1861

En el próximo artículo, que cerrará esta serie, hablaremos sobre los últimos adelantos técnicos de la fotografía durante la segunda mitad del siglo XIX y hasta los primeros años del siglo XX.

 

Vía| BAJAC, Quentin, La invención de la fotografía, Blume, Barcelona, 2011.

Imágenes| Fotografía japonesa, Los dos caminos de la vida, Espero

En QAH| Los inicios de la historia de la fotografía (I), Los inicios de la historia de la fotografía (II), Los inicios de la historia de la fotografía (III)

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