Patrimonio 


Ingres y el Romanticismo de la línea

La Gran Odalisca (1814). Museo del Louvre.

La Gran Odalisca (1814). Museo del Louvre.

En apenas unos días va a inaugurarse en el Museo del Prado una exposición retrospectiva sobre Jean-Auguste-Dominique Ingres, la primera exhibición que se le dedica a este genial pintor francés en nuestro país. Aprovechando este hecho, con el presente artículo queremos desmentir la idea generalizada que se tiene de él como un pintor clasicista y frío, y en cambio poner en valor su figura como gran renovador de la pintura y como antecedente de muchos de los pintores vanguardistas del siglo XX.

Ingres (1780-1867) fue el discípulo más señalado de Jacques-Louis David. Junto con otros discípulos de David (François Gérard, Pierre-Narcise Guérin o Pierre-Paul Prud’hon), Ingres inaugurará una corriente denominada ultraclasicismo o Romanticismo de la línea. Estos términos hacen referencia a un movimiento que se mueve a caballo entre el Neoclasicismo (que había entrado en una crisis definitiva y se había limitado a repetir las formas estereotipadas del arte del pasado) y el Romanticismo, corriente cultural aún por llegar donde prima la individualidad del propio artista y donde se buscan nuevos caminos artísticos y expresivos. Una característica formal de los artistas ultraclásicos, término que en esencia sólo puede aplicarse a los discípulos de David, es su preferencia por un sofisticado linealismo, tal y como habían descubierto en el arte arcaico, sobre todo etrusco. Se puede ver, por tanto, que sus modelos artísticos se sitúan en un período de tiempo anterior al mundo clásico grecorromano, que había sido el punto de partida del Neoclasicismo.

Voto de Luis XIII (1824). Catedral de Montauban, Francia.

Voto de Luis XIII (1824). Catedral de Montauban, Francia.

Tradicionalmente, Ingres ha sido considerado como el último representante del Neoclasicismo francés; sin embargo, podemos considerar que su figura se presenta de manera un tanto ambigua frente a los postulados clasicistas que le sitúan en el germen del movimiento romántico. Ingres es, por encima de todos los demás, la figura capital del Romanticismo de la línea. Ya ha quedado patente su longevidad, ya que sobrevivió a los grandes románticos como Géricault y Delacroix y conoció de primera mano las primeras polémicas causadas por el Impresionismo en la década de 1860. Pero aún más destacable es su pervivencia artística, pues fue continuamente homenajeado por los mejores artistas de las vanguardias del siglo XX, como Picasso, Matisse, Modigliani o Brancusi.

El artista francés consiguió el anhelado Premio de Roma en 1807, donde permaneció hasta 1824. En una segunda ocasión, estuvo en Roma entre 1834 y 1841 como director de la Academia de Francia en Roma. No recibió reconocimiento público hasta 1824, con una avanzada edad, cuando presentó en el Salón de París Voto de Luis XIII. Hasta ese momento, había sido acusado de ser un “pintor gótico”, término despreciativo con el que se conocía a los artistas que se sentían inclinados por los primitivos del Renacimiento.

Entre sus obras más destacadas tenemos la Gran Odalisca (1814), la Bañista de Valpinçon (1818) o El baño turco (1862). Estas obras son, en palabras de Francisco Calvo Serraller, “arabescos lineales de una complejidad sorprendente donde un desnudo femenino, con cada una de sus partes orientándose en dirección contrapuesta (la cabeza mira en una dirección, el torso en otra diferente, al igual que las caderas y las piernas), aparece milagrosamente inscrito en un mismo plano”. De alguna manera, podemos encontrar aquí un primerísimo antecedente del cubismo analítico, a lo que se une la fascinación que Ingres producía en Picasso.

El baño turco (1862). Museo del Louvre.

El baño turco (1862). Museo del Louvre.

Podemos finalizar diciendo que Ingres no es, en esencia, un pintor clasicista, ni académico, ni romántico, sino un ferviente defensor de la línea. Ingres es de esos pocos artistas que, por sus cualidades artísticas, no pueden ser incluidos fácilmente en ningún movimiento artístico, o que, por otro lado, debido a la multiplicidad de corrientes artísticas que toca un mismo artista, las sobrepasa todas. En el primer caso podemos citar a Goya, mientras que en el segundo un buen ejemplo es Picasso. Hoy en día, nadie duda de la grandeza y de la relevancia de estas dos figuras artísticas. Es por ello que aún queda mucho camino por recorrer para poner a Ingres en el lugar que le corresponde, el de los artistas que han marcado un antes y un después en el devenir de la Historia del Arte.

 

Vía| CALVO SERRALLER, F., El arte contemporáneo. Ed. Taurus, Barcelona, 2014.

Más información| Museo Nacional del Prado.

Imágenes| La gran odalisca, Voto de Luis XIII, El baño turco.

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