Ciencia, Neurociencia 


Influencia de padres y docentes en el TDAH

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es uno de los trastornos infantiles más estudiados en los últimos cien años. Barkley define el TDAH como un desorden evolutivo de la autorregulación de origen genético, que conlleva problemas con la atención sostenida, el control de impulsos y/o el nivel de actividad.

Se estima que entre el 3% y el 5% de la población en edad escolar padece TDAH. Este trastorno presenta tres síntomas primarios: inatención, hiperactividad e impulsividad; pudiendo estar acompañados de síntomas secundarios: dificultades emocionales, cognitivas, interpersonales y académicas. La sintomatología varía de un niño a otro, presentando cada individuo una combinación particular de dificultades y fortalezas.

En el caso de que el TDAH se diagnostique correctamente, pero el abordaje terapéutico no sea exitoso, el riesgo de padecer desórdenes psiquiátricos y psicológicos aumenta. Más del 44% de los niño/as con TDAH presentan, un trastorno psiquiátrico comórbido, siendo los más frecuentes: Trastorno de Conducta, Trastorno Oposicionista Desafiante, Trastorno de Ansiedad, Depresión y Trastornos del Aprendizaje.

Estos niños destacan por poseer una alta capacidad energética, una buena memoria visual y auditiva, un buen sentido del humor, ser creativos, sensibles y comprometidos con personas queridas. Identificar estas fortalezas es fundamental para realizar un tratamiento exitoso. Lo más importante es ayudar a los niños a compensar sus déficits y a descubrir sus fortalezas. 2

Los expertos han comprobado que el tratamiento interdisciplinario es la mejor respuesta disponible a los problemas que presenta el trastorno. Normalmente se combina farmacoterapia, psicoterapia, apoyo psicopedagógico y psicoeducación parental para obtener una mayor eficacia. Originalmente, el tratamiento interdisciplinario se orientaba al individuo, pero en la actualidad se implementa un formato más amplio incluyendo el contexto del niño, en especial su familia y la escuela.

Con este trabajo, más allá de brindar a los adultos herramientas concretas para interactuar efectivamente con el niño, se intenta resaltar la importancia de promover en ellos un cambio de actitud frente a las desventajas que el trastorno ocasiona. Este cambio ayuda a que los adultos asuman el TDAH, siendo el desafío más importante, subsanar y preservar la salud psicológica del niño. Adultos informados sobre la problemática, responsables y comprometidos podrán ayudar al niño a compensar sus dificultades y a ejercitar sus talentos.

El contexto familiar y educativo del niño con TDAH

Las dificultades que presentan estos menores impactan en su contexto inmediato, ocasionando desequilibrios y desajustes en sus relaciones interpersonales. Las pautas educativas tradicionales son inefectivas para dirigir el comportamiento de estos niños; por lo que padres y docentes deberán aprender nuevas estrategias y modos de abordaje.

El comportamiento hiperactivo – impulsivo del niño es percibido como “aversivo e intrusivo” por los adultos, provocando en éstos reacciones negativas. Resulta complejo comprender y dirigir a un niño que en forma constante está en acción, que desobedece instrucciones y que reacciona impulsivamente a las situaciones. Además se suman las dificultades atencionales, la baja tolerancia a la frustración, los problemas escolares e interpersonales característicos de estos pequeños. Por eso, vincularse sanamente con ellos no es una tarea sencilla.

Por esta razón, los padres tardan en identificar estas pautas de comportamiento como indicadores de un trastorno, interpretándolas como desobediencia, vagancia e irresponsabilidad. Esta percepción errónea, unida a un sentimiento creciente de inhabilidad para dirigir al niño, genera frustración e impotencia. Ante la incomprensión, los padres comienzan a utilizar el castigo como método preferencial para corregir al niño. Las críticas, las amenazas y las penitencias se vuelven cotidianas. El niño que “no siempre puede controlar su comportamiento”, decodifica las pautas educativas de los adultos, como falta de comprensión y afecto. Así, se establece un círculo vicioso que compromete el bienestar psicológico y emocional de padres e hijos.

Lo anterior conlleva a los niños con TDAH a experimentar sentimientos de fracaso, incapacidad, baja autoestima, desmotivación por aprender, síntomas depresivos, ansiedad y un comportamiento oposicionista-desafiante. De igual modo, sus padres manifiestan frustración, tristeza, culpa, sentido de pobre competencia parental y baja autoestima.

En el contexto escolar, la situación es similar. Los docentes no disponen de los recursos necesarios para abordar estos síntomas, intentando corregirlos con restricciones, castigos y llamadas de atención en público. Estos métodos no resultan exitosos y su uso frecuente suele ocasionar nuevos inconvenientes. El alumno suele ser rotulado como el niño problema del grupo, lo que agudiza aún más sus dificultades académicas, emocionales e interpersonales.

Tras comprobar la compleja situación a la que tienen que enfrentarse progenitores y profesorado, el objetivo principal debe ser entrenar a padres y docentes en el uso de habilidades y técnicas específicas para abordar efectivamente las dificultades de niños con esta problemática. Para ello se deben abordar las siguientes cuestiones:

  • Informarnos sobre el TDAH.
  • Comprender los diversos factores que influyen en el comportamiento del niño con TDAH.
  • Abordar las dificultades escolares. Enseñar estrategias para desarrollar habilidades de organización y mejorar la capacidad atencional.
  • Economía de Fichas (estrategia para promover comportamientos socialmente deseables).
  • Disminuir los problemas de comportamiento y mejorar las relaciones sociales.
  • Mejorar la inclusión entre el alumno con TDAH y el contexto educativo.
  • Enseñar a poner límites constructivamente.
  • Identificar los recursos. La teoría de las inteligencias múltiples.
  • Resolver problemas futuros.
  • Optimizar estrategias.
  • Enseñar estrategias para abordar la hiperactividad y la impulsividad en el aula.

Los progenitores y docentes que ponen en práctica estas técnicas percibieron cambios favorables en el comportamiento del niño con TDAH. Concretamente, se ha percibido incremento de las habilidades de organización, disminución en la conducta oposicionista y en las conductas de inatención. En menor medida, se ha observado una disminución de la agresividad, un incremento de la motivación y mayor autonomía, una disminución de la impulsividad y de las dificultades afectivas y una mejora en las relaciones familiares.

Los docentes perciben una disminución de la inatención y un incremento en las habilidades de organización. También se han observado un cambio positivo en la relación docente – alumno y en la autoestima del niño.

Además de lo anterior, en la mayoría de los casos, los reportes de padres y docentes coinciden, lo cual ratifica los cambios percibidos en el comportamiento del niño. Los síntomas de inatención, falta de organización y conducta oposicionista son los que muestran el mayor índice de mejora.

Finalmente, en relación con las estrategias empleadas, puede afirmarse que el uso del refuerzo contingente y de señales externas, por parte de padres y educadores, ha resultado ser efectivo para generar cambios rápidos en el comportamiento del niño.

* Vía| Korzeniowsk, C. y Ison, M.S. (2008). Estrategias psicoeducativas para padres y docentes de niños con TDAH. Revista Argentina de Clínica Psicología, 17, 65-71.
* Imagen| Imagen articulo
* En QAH| Comunicación efectiva con niños y niñas (I), Programa Kiva

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