Economía y Empresa 


Independencia de Cataluña: ¿prosperidad económica o depresión?

Creo que es fundamental hacer un ejercicio honesto, de análisis, sobre los problemas económicos derivados de una posible independencia de Cataluña. Estos problemas no sólo afectarían a una Cataluña independiente, sino que también se producirían en el resto de España. No obstante, el alcance de los mismos sería mucho mayor para las familias y empresas catalanas.

¿Por qué ocurriría esto?, principalmente porque las ventas de Cataluña al resto de las CCAA españolas suponen alrededor del 9-10% del PIB catalán. Esto, asumiendo que Cataluña, una vez independiente, saldría de la Unión Europea, se traduciría en una merma considerable de ingresos, en un déficit público desmesurado y, derivado de la reducción de las relaciones comerciales con el resto de España, en un déficit comercial exterior muy acusado. ¿Por qué? Según el Consejo de Trabajo Económico y Social de la Generalitat, Cataluña tiene un déficit comercial con el exterior de alrededor del 8% del PIB, paliado por las ventas al resto de España, gracias a las cuales cuenta con superávit comercial. Por otro lado, el daño comercial para el resto de España alcanzaría alrededor del 2% del PIB.

Junts pel Sí

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Además, Cataluña vería reducida su capacidad exportadora a los territorios miembros de la UE. Es sabido por los estudiosos de la economía que la mayor parte de las exportaciones españolas son a países de la UE, representando el 63,4% en 2014. Esto afectaría irremediablemente a una Cataluña independiente debido a su ruptura con la unidad de mercado europea.

Unido a esto y, fruto de dicha desconexión con España y con la UE, lo lógico sería pensar en una interrupción de la unidad monetaria, lo que repercutiría en una depreciación monetaria y en un perjuicio para las familias y empresas catalanas. La pérdida de poder adquisitivo sería importante y, con ello, no sería descartable una fuga de capitales. Podemos intuir que los ahorradores no querrían sufrir perjuicio semejante sobre la riqueza generada, con esfuerzo, durante años. Comentaba que sería lo lógico porque existe la posibilidad de permanecer en el €, aun estando fuera de la UE. Personalmente descartaría esta opción debido al importante peso de la economía catalana y de sus exportaciones. Utilizando esta moneda y con las restricciones en materia de aranceles fruto de su salida de la UE, sus exportaciones no serían competitivas. Hay casos de regiones que siguieron usando el €, pero se trata de economías de mucho menos peso. Es decir, en ambas situaciones saldría perdiendo, pero las consecuencias negativas de permanecer en el € quizá serían más acusadas para sus exportaciones.

Dado que ciertas corrientes políticas partidarias de la independencia abogan por dicha desconexión de la unidad de mercado y monetaria, no es descartable que, una vez recuperada la soberanía para implementar política monetaria, se amplíe la base monetaria, es decir, el dinero en circulación emitido por una banca nacional catalana.

¿Por qué no es descartable?, por la merma de ingresos comentada anteriormente y, lo más importante, por la ideología política y económica de las corrientes políticas mencionadas al inicio del presente párrafo. La evidencia empírica nos dice que estas prácticas generan mayor déficit y pérdida de poder adquisitivo debido al crecimiento de la inflación.

Otras consecuencias negativas para la economía catalana en caso de independencia estarían relacionadas con la pérdida de fondos de cohesión de la UE o con las dificultades para financiarse en el mercado primario de deuda.

Otra posibilidad, aunque larga y costosa, sería implementar políticas de recorte del gasto para compensar la merma de ingresos y ponerse a la cola para entrar de forma ordenada, de nuevo, a la unidad comercial y monetaria de la UE. Esto, en mi opinión, se puede descartar principalmente por dos motivos: el primero es que los partidarios de la independencia, en general, no apuestan por ese tipo de políticas. No va en su filosofía política y económica; el segundo es el alto coste económico del nuevo estado catalán, lo que descarta recortes del gasto.

En definitiva, creo firmemente en la estabilidad y la convivencia pacífica, lo que se traduce en beneficio económico y social. Creo que las familias y las empresas salen ganando.  Es decir, las familias y empresas españolas necesitan a las catalanas, y viceversa. Por tanto, la independencia de Cataluña se acercaría mucho más a la depresión económica y social que a la prosperidad. Entrar a valorar sentimientos de pertenencia a determinada patria es otro asunto ajeno a una valoración económica.

Imagen| Electomania

Más información| CTESC, Ministerio de Economía, El País

En QAH|¿Catalán o español?

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