Economía y Empresa, Finanzas, Panorama Internacional 


Incertidumbre en la economía mundial

Las continuas transformaciones en la economía mundial provocan que el futuro sea cada vez más incierto, complejo e impredecible. Algunas, como la recuperación de la crisis financiera mundial, son cíclicas; otras, como la evolución demográfica y el rápido aumento de la interconexión, son de carácter más duradero y estructural.

Esas transformaciones interactúan para dar forma al futuro y hacen de la extrapolación del pasado una lente cada vez menos confiable para atisbar el porvenir. Tras la crisis financiera mundial, se dio comienzo a una iniciativa en pos de adaptar mejor el foco a corto plazo de la gestión de la transición desde la crisis hacia perspectivas a más largo plazo. El trabajo se centró en identificar las corrientes subyacentes, y las incertidumbres que traen aparejadas, que moldearán el mundo en el que vivimos en las próximas décadas. Es crucial conocer su naturaleza, su velocidad y sobre todo el modo en que interactuarán entre sí a fin de prepararnos para los desafíos que nos esperan y estar alertas a riesgos que podrían derivar en nuevas crisis.

Decir qué tendencias e incertidumbres podrían dar forma a la economía mundial tampoco es tarea fácil. Pero podemos centrarnos en las más críticas: la demografía, la dispersión del poder, la sostenibilidad ambiental y del uso de los recursos naturales, la interconexión y la desigualdad del ingreso, de especial relevancia por el gran impacto que pueden tener en la sostenibilidad y la estabilidad del crecimiento económico. No se los debe interpretar como predicciones acerca del futuro, y con el tiempo su evolución también es incierta.

Cuestiones demográficas 

Se estima que la población mundial superará los 8.000 millones en 2030 y que envejecerá a una tasa sin precedentes; por primera vez en la historia, en 2020 la cantidad de personas de 65 años o más superará a la de niños menores de 5 años (NIA, 2007). En todas las regiones excepto en África subsahariana, la población anciana aumentará más que la población económicamente activa, lo que incrementará los costos relacionados con el envejecimiento. Al mismo tiempo, el aumento de la expectativa de vida hará que la gente pueda trabajar más años. Algunos mercados emergentes, como China, podrían envejecer antes de enriquecerse a causa de la merma de su población. Pero muchas economías en desarrollo, sobre todo en África subsahariana y en Asia meridional, deberán generar empleos para los nuevos miembros de la fuerza laboral entre las poblaciones en rápido aumento. Los cambios demográficos también podrían afectar el ahorro y la inversión de los países, y alterar los flujos financieros y laborales globales en el futuro.

Dispersión de poder

El poder mundial se está desplazando de las economías avanzadas a las economías de mercados emergentes y en desarrollo, al tiempo que las organizaciones no gubernamentales, las corporaciones multinacionales y las ciudades cobran cada vez más influencia nacional e internacional. Las economías avanzadas representaban dos tercios del PIB mundial (en términos de paridad del poder adquisitivo) en 1992 pero su aporte se redujo a menos de la mitad en 2012 , según datos del FMI, y las ciudades se convirtieron en centros de poder: alrededor del 60% del PIB mundial se genera en 600 centros urbanos, de acuerdo con el Instituto Mundial McKinsey.

Pero la dinámica del poder en el futuro dista de ser clara. El crecimiento de las economías de mercados emergentes y en desarrollo podría ser dispar, y el poder en aumento de las ciudades y de actores no estatales como las multinacionales y las organizaciones no gubernamentales podría ponerse a prueba. Habrá que ver si la dispersión del poder resulta beneficiosa o perjudicial para la capacidad de la comunidad mundial de cooperar y resolver problemas colectivos. El desplazamiento del poder de las economías avanzadas a las de mercados emergentes y en desarrollo ofrece una excelente oportunidad de preservar la estabilidad mundial y de incrementar la capacidad de resiliencia y el potencial de crecimiento, puesto que cada vez a más países les conviene la prosperidad mundial compartida. Al mismo tiempo, la multiplicidad de actores e intereses puede generar más conflictos e inestabilidad, o inercia e inacción política.

Una posible escasez de recursos naturales

El aumento de precios de los productos básicos y su volatilidad durante la última década renovaron los temores por una posible escasez de recursos naturales. A esto hay que añadir los indicios de cambio climático, y el impacto proyectado va mucho más allá de las fronteras de los países; los 12 años más cálidos de los que se tenga registro ocurrieron desde 1997 en adelante, de la mano del aumento del nivel del mar y del deshielo de los glaciares (GISS, 2012). El aumento de la población y el ingreso mundiales ejercerá una presión creciente sobre recursos naturales tales como el agua y el medio ambiente si no se toman medidas correctivas de inmediato. Cabe esperar que la escasez de recursos y la degradación ambiental afecten desproporcionadamente a las economías en desarrollo. La innovación tecnológica fue de gran ayuda en el pasado pero puede no bastar para dar con el delicado equilibrio entre la necesidad de estimular el crecimiento y la de proteger el medio ambiente. Se hace necesario tomar medidas oportunas y coordinadas para evitar las consecuencias posiblemente desastrosas que se prevén para la segunda mitad de este siglo.

Mundo integrado e interdependiente

El mundo está cada vez más integrado y de manera cada vez más compleja, lo que facilita que se propaguen tanto la prosperidad como los riesgos. Los vínculos comerciales y financieros entre países crecieron marcadamente; hoy, el volumen mundial de exportaciones es seis veces mayor que el de hace veinte años. Los intermediarios financieros se multiplican con las redes de subsidiarias y sucursales, y las corporaciones se globalizan cada vez más rápido. También se intensificaron los flujos laborales: hoy, más personas que nunca viven en el extranjero —232 millones, un 33% más que en 2000, tal como señaló Naciones Unidas en el año 2013. La tecnología amplió el acceso a la información y aceleró la transmisión y el procesamiento de datos. Es probable que la interconexión siga en aumento, pero es difícil predecir a qué ritmo, de qué manera y con qué riesgos. Si bien es beneficiosa para la economía mundial, puede incrementar el riesgo sistémico, propiciar la transmisión de shocks y profundizar el costo potencial de las crisis.

¿Evolución de las tendencias e incertidumbres?

La interconexión y la dispersión del poder podrían marcar el rumbo a un futuro cada vez más integrado y, al mismo tiempo, más fragmentado política y socialmente, con graves consecuencias para la cooperación de políticas en distintos niveles. Más aún, el crecimiento económico podría elevar el nivel de vida pero también generar costos ambientales, sociales y políticos, y socavar de ese modo parte de sus beneficios y, por lo tanto, su sostenibilidad.

La complejidad y la incertidumbre del futuro plantean oportunidades y desafíos, los bienes públicos mundiales, entre ellos una red más fuerte de seguridad financiera para un mundo más interconectado y una solución mundial para el cambio climático, serán indispensables.

“Todas las predicciones son erradas; es una de las pocas certezas de las que goza la humanidad”. Milan Kundera

Más información | Kaosenlared

RELACIONADOS