Historia 


Imperialismo cartaginés en la Península Ibérica

Lo primero que hemos de tener en cuenta al tratar este punto es que la historia de las relaciones entre la península Ibérica y Cartago es uno de los aspectos peor conocidos, en lo que a la Historia Antigua de la península Ibérica se refiere.

Uno de los motivos fundamentales ha sido, y sigue siendo, la escasez de documentos escritos que versan sobre tal cuestión; con todo, esos pocos documentos proceden de autores greco-latinos, lo que les confiere matices anticartagineses que no nos ayudan demasiado a la hora de estudiar la historia de las relaciones exteriores de Cartago.

Territorio cartaginés hacia el 270 a. C.

Territorio cartaginés hacia el 270 a. C.

Debido a la escasez de las fuentes literarias, hemos de tener en cuenta que los datos arqueológicos se posicionan como fuente principal del conocimiento púnico en la península Ibérica. La mayor parte de los datos disponibles nos llegan de necrópolis, faltando datos de ciudades y asentamientos agrícolas o industriales que estamos comenzando a conocer de forma fragmentaria desde hace pocos años.

Con relación a las corrientes investigadoras que han tratado estos momentos históricos, hemos de mencionar fundamentalmente dos, que se encuentran enfrentadas con respecto a lo que el imperialismo supuso en la península: por un lado A. Schulten y sus seguidores, partidarios de una presencia imperialista cartaginesa en el sur de la península Ibérica desde el siglo VI a. C., y por otro los seguidores de C. R. Whittaker, defensores de un imperialismo económico por parte de Cartago que no conllevara una ocupación territorial.

El modelo de imperialismo territorial defendido por A. Schulten toma forma a partir de un texto del historiador romano Justino en el que se afirma que los cartagineses auxiliaron a los gaditanos de un ataque de los pueblos ibéricos, después de lo cual Gadir pasaría a formar parte del imperio cartaginés en forma de una provincia de aquel. Otro texto clásico que gira en torno a las mismas cuestiones es uno de Polibio en el que se dice que la llegada de los ejércitos cartagineses en el 237 a. C. a la península, habría tenido como objetivo la reconquista de los territorios hispanos, que habrían sido perdidos años atrás, tal vez como consecuencia de la I Guerra Púnica. Sin embargo, estos dos textos se han considerado válidos sin tener en cuenta que se contradicen con otros, como por ejemplo Diodoro, que sitúa la conquista cartaginesa del sur peninsular en los años anteriores a la II Guerra Púnica.

Torre de Lascuta o del Esparragal

Torre de Lascuta o del Esparragal

Por otro lado, existen diferentes datos que han servido durante mucho tiempo para defender el imperialismo cartaginés en la península, como es el caso de la existencia de una serie de torres y recintos fortificados, datados entre los siglos V y III a. C., en las campiñas de Córdoba y Jaén, y que parecían controlar los recursos agrícolas y mineros de Andalucía. Se atribuyeron a una temprana conquista cartaginesa, y se les identificó como las Turris Hannibalis mencionadas en las fuentes, como evidencia visible del dominio cartaginés en esas zonas. Sin embargo hoy en día sabemos que muchos de esos recintos son ibéricos, y otros incluso de época romano imperial. Con todo, la visión historiográfica tradicional daba como segura la existencia de un imperialismo territorial cartaginés en la península Ibérica desde el siglo VI a. C.

Actualmente se está desarrollando una tendencia alternativa desde del modelo de imperialismo cartaginés propuesto por Whittaker, que niega tal dominio territorial en la península, a la vez que mantiene que las relaciones entre Cartago y las ciudades fenicias peninsulares se habrían establecido en términos de progresiva dependencia política y económica a partir de tratados de alianza. De acuerdo con esta posición, la hegemonía cartaginesa iba a proporcionar a las ciudades fenicias un nuevo marco de relaciones mediterráneas y el establecimiento de un nuevo soporte institucional para el intercambio por medio del comercio por tratado o comercio administrado.

Domínguez Monedero sostiene que, en el caso de que la colonización cartaginesa hubiera existido, no pudo ser antes del siglo IV a. C., momento en que Cartago consolidó su epikrateia en Sicilia. Lo que esta palabra hace es expresar una idea de dominio, aunque un dominio no desde una potencia imperialista, volviendo de nuevo a las tesis de Whittaker que hablan de la inexistencia en la península Ibérica, así como en Sicilia y Cerdeña, de un aparato de administración comercial por parte de la ciudad púnica.

Hemos de tener en cuenta el ambiente en el que este supuesto imperialismo cartaginés tendría su origen: la poderosa aristocracia cartaginesa basaba su poder en una expansión comercial ultramarina, puesto que este tipo de comercio aportaba a la ciudad, aparte de productos de lujo, una riqueza y un prestigio político que fijaban la autoridad de la aristocracia dominante. De todo ello la importancia del comercio para esta sociedad unido a los peligros que un comercio a larga distancia constituía, hizo necesaria una regularización entre los diferentes estados, garantizando seguridad y libre acceso en las transacciones comerciales.

El modelo comercial llevado a cabo por Cartago con los estados mediterráneos consistiría, según C. G. Wagner, en el establecimiento de puertos comerciales sometidos a una autoridad neutral, o incluso a la autoridad de alguna de las partes implicadas, para garantizar el libre acceso, la seguridad y la limpieza de las transacciones. Esto requería que las dos partes contaran con sistemas económicos desarrollados, algo que en la península Ibérica arrancó con el afianzamiento del mundo ibérico. Lo que los cartagineses se encontraron en estos momentos en el sur peninsular fue un mosaico de pequeños estados gobernados por diferentes reyezuelos, que conocían la escritura, vivían en ciudades que habían reforzado su autonomía y habían aprendido de su pasado como gran estado tartésico. En este momento las enormes diferencias que habían separado a fenicios y tartesios en el plano comercial habrían desaparecido, surgiendo relaciones de paridad desde un punto de vista comercial entre el mundo ibérico peninsular y el universo púnico.

La presencia púnica en el sur peninsular, así como el establecimiento de factorías de salazones en las ciudades costeras desde momentos muy tempranos pueden, de este modo, ser entendidas como rasgos de este control comercial, sin tener que hablar por ello de un dominio territorial articulado, algo que estaría llevándose a cabo en la península probablemente hasta el desembarco Bárquida.

Vía| AUBET, M. E. (1986) “La necrópolis de Villaricos en el ámbito del mundo púnico peninsular” Actas del Homenaje a Luis Siret. Cuevas del Almanzora 1984; DOMÍNGUEZ MONEDERO, A. (1995)“Libios, libiofenicios, blastofenicios: elementos púnicos y africanos en la Iberia Bárquida y sus pervivencias”, Gerión 13; LÓPEZ CASTRO, J. L. (1990) “Cartago y la península Ibérica: ¿Imperialismo o hegemonía?” V Jornadas de Arqueología Fenicio- púnica: La caída de Tiro y el auge de Cartago; WAGNER, C. G. (1983) Fenicios y cartagineses en la Península Ibérica: Ensayo de interpretación fundamentado en un análisis de los factores internos, MadridWHITTAKER, C. R. (1978) “Carthaginian imperialism in the fifth and fourth centuries”, P.D.A. GAMSEY / C.R. WHITTAKER Imperialism in the Ancient World, Cambridge, págs. 59-90.

Imagen|  Torre de Lascuta o del Esparragal; Mapa del territorio cartaginés

En QAH| Los Bárquidas en la Península Ibérica (I), Los Bárquidas en la Península Ibérica (II), Los Bárquidas en la Península Ibérica (III)

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