Patrimonio 


Imaginería barroca andaluza (II). Alonso Cano y Pedro de Mena

"Magdalena Penitente". Pedro de Mena, 1664

“Magdalena Penitente”. Pedro de Mena, 1664.

Terminamos con este artículo la serie dedicada a la Imaginería barroca de la Escuela andaluza. En el anterior nos centrábamos en las figuras que legó el foco sevillano como son Martínez Montañés y Juan de Mesa. En esta ocasión nos trasladamos a otro de los centros más relevantes del panorama escultórico en Andalucía, a Granada, para analizar las figuras de sus más importantes representantes: Alonso Cano y Pedro de Mena.

En cuanto a las características formales que la Escuela granadina nos trae,  no difieren mucho de las mencionadas en el primer artículo al incluirse bajo el mismo contexto: el de la expresividad barroca en el marco de la Contrarreforma. Una expresividad barroca unida a la propia y característica espiritualidad andaluza que confiere a la imaginería un carácter único y distinguible. Veíamos como la imaginería barroca andaluza toma muchas de sus características de la escultura barroca española como el predominio de temas religiosos, el uso de la madera policromada para unas obras, normalmente destinadas a decorar retablos, sillerías de coro y pasos de Semana Santa. Son esculturas con sentido de movimiento, energía, tensión, de composición asimétrica con predominio de escorzos y fuertes contrastes de luces y sombras que realzan el efecto escenográfico. Estas características generales de la escultura barroca en España toman su propia personalidad en el lenguaje plástico andaluz así  emplea un realismo menos exagerado e idealizado, mucho más clásico y  sereno, buscando la belleza atendiendo al contenido espiritual. Vimos cómo la Escuela Andaluza se puede dividir en dos grandes focos de producción; Sevilla y Granada. En este segundo y último  artículo de la serie nos centraremos en el caso granadino.

"Inmaculada del Facistol". Alonso Cano, hacia 1655.

“Inmaculada del Facistol”. Alonso Cano, hacia 1655.

El primer maestro que destaca en Granada es Alonso Cano que inició su aprendizaje con el teórico y artista Francisco Pacheco y pronto entabló amistad con su condiscípulo Diego Velázquez. Fue un artista muy completo, lo cual es algo excepcional entre los artistas españoles. Destacó especialmente como escultor, donde se empleó con un gusto clasicista por la belleza y la armonía. Era escultor, arquitecto y pintor. Se trasladó a Sevilla donde su escultura se ve influencia por Martínez Montañés en aspectos como: la contención expresiva y el clasicismo. Del Renacimiento tomó el gusto por la estilización y lo delicado y menudo. Alonso Cano creará modelos iconográficos que perdurarán en el tiempo.  De su prolífica obra podemos destacar la “Inmaculada del Facistol”, fechada en torno a 1655. Iba destinada al atril o facistol del coro de la catedral de Granada. La Virgen es esculpida con rostro joven, mirando hacia abajo y con las manos en actitud piadosa. Lleva un manto azul que se ajusta al cuerpo a manera de huso. La composición es de aspecto fusiforme, Alonso Cano  la esculpe girando la cabeza y disponiendo las manos en dirección contraria rompiendo así  la visión frontal y otorgando a la escultura múltiples puntos de vista. De pequeño tamaño (0,55 cm), esta Inmaculada se apoya en una nube de ángeles y querubines. Muestra a la virgen niña, con una expresión muy dulce, de rostro sencillo y concentrado. Las manos están talladas con finura y delicadeza. La figura aparece ensimismada, abstraída de la realidad concentrada en sus sentimientos íntimos. La pierna que se adelanta, la mirada lateral, el ritmo helicoidal contribuye también al clasicismo de esta figura.

El segundo de los grandes maestros de la Escuela granadina es Pedro de Mena y Medrano, considerado el gran maestro de la escultura en Granada. Empezó como ayudante en el taller de su padre, Alonso de Mena, de quién aprendió  y también fue colaborador de Alonso Cano. De este aprendizaje surgió un estilo de gran virtuosismo, en el que predomina su gusto por la quietud, concentrando la atención en la cabeza y las manos. Es, también,  un estilo que  huye de la exaltación del dolor, con rostros levemente estilizados donde sabía reflejar a la perfección el misticismo y el dolor y figuras lánguidas y contemplativas. Conectó muy bien con la sensibilidad de su época ya que comunicaba al fiel un tipo de religiosidad exteriorizada y para ello no dudó en utilizar recursos como postizos muy naturalistas y propios de su época.

En su producción destaca el tipo iconográfico de “Dolorosas” y “Ecce Homos”. A continuación vamos a pasar a comentar una de sus obras más significativas. La  “Magdalena penitente” es una escultura realizada en 1664 de tamaño natural y exquisitamente labrada. Refleja el fervor religioso mediante gestos muy teatrales: mano derecha de dedos finos, reposa sobre el pecho; el izquierdo sostiene con fuerza el crucifijo, el cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante. El rostro muy detallado: boca entreabierta, ojos enrojecidos, mejillas rígidas del llanto y frente arrugada.

maria magdalena

“Magdalena Penitente”. Pedro de Mena, 1664. Detalle.

La figura ascética de la Magdalena aparece revestida de un tejido de palma trenzada, que en forma de estera le cubre de los pechos a los pies y cuya rigidez elimina la formación de pliegues menudos. Esta original indumentaria está ceñida al cuerpo y sujeta mediante una soga anudada a la cintura, igualmente de palma trenzada, que es un alarde de talla naturalista. La neutralidad de esta indumentaria hace que la atención enseguida se concentre en el rostro sutilmente demacrado -aunque sin llegar a perder la belleza- con aplicaciones postizas de dientes y ojos de cristal, mostrando una expresión de arrepentimiento que es reforzada por la gesticulación; por un lado, por su mirada clavada en el símbolo de la cruz que porta en su mano izquierda, motivo de su desconsuelo; por otro, por la colocación de su mano derecha sobre el pecho en expresión de sinceridad y entrega, estableciendo en su ensimismamiento un diálogo místico de gran expresividad plástica.

 

Via| ARTEGUÍAS, ARTEESPAÑA

Más Información| MARTÍN GONZÁLEZ, J.J., “Escultura barroca en España: 1600-1770″. Madrid, Ed. Cátedra, 1991.

Imagen| Magdalena PenitenteInmaculada del Facistol, Detalle

En QAH| Imaginería barroca andaluza (I). Martínez Montañés y Juan de MesaLa Imaginería en Semana Santa

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