Historia 


Idus de Marzo

 

Vincenzo Camuccini, "Morte di Cesare", 1798,

Vincenzo Camuccini, “Morte di Cesare”, 1798,

«Todavía hay muchos de quienes se puede oír que un agorero le anunció [a Julio César] aguardarle un gran peligro en el día del mes de marzo que los romanos llamaban los Idus. Llegó el día, y yendo César al Senado, saludó al agorero y como por burla le dijo: ‘Ya han llegado los Idus de marzo’, a lo que le contestó con gran reposo: “Han llegado, sí, pero no han pasado”.» Fragmento de Vidas paralelas, Plutarco

El pasado día 15 se cumplió el 2059 aniversario de la muerte de Cayo Julio César. Los Idus de Marzo del año 44 a.C. marcan uno de los episodios más conocidos e importantes de la Antigua Roma: Cayo Julio César, vencedor en de las Galias y de la guerra civil contra Pompeyo, dictador de Roma y Pontífice Máximo, fue asesinado en la Curia del teatro de Pompeyo donde se reunía el Senado de Roma. No ha de extrañarnos por ello la gran atención que ha generado en el mundo del espectáculo, tanto que el mismísimo William Shakespeare le dedica una de sus tragedias, Julio César.

¿Por qué fue asesinado César? Los conspiradores alegaron que César era un tirano. Los últimos acontecimientos acaecidos (victoria y ascenso de César) y, en particular, el rumor de lo que se preparaba para el 15 de marzo en el Senado, motivaron que lo que quedaba de la facción optimate y, entre ellos, Gayo Casio Longino, decidiesen pasar a la acción. Gayo Casio se dirigió a algunos hombres en los que creía poder confiar, y que a su juicio compartían su idea de dar muerte al dictador librando así a Roma del destino que él creía que le esperaba: un nuevo imperio cosmopolita, dirigido desde Alejandría. Sin embargo, Gayo Casio Longino no era probablemente el hombre adecuado para ser la cabeza visible de este tipo de acción, y se acordó tantear a Marco Junio Bruto, considerado como el personaje indicado para este papel, ya que atraería a numerosas e importantes adhesiones a la trama.

Los líderes de la conjura contra César fueron tres: el ya mencionado Bruto, Casio y Casca, y según ellos decían “su espíritu era el de Catón”. Bruto era hijo de Servilia, la más famosa amante de César y por lo tanto sobrino de ese personaje llamado Catón. Los romanos murmuraban diciendo que Bruto era hijo de César. No lo era, pero lo cierto es que César le amaba como a un hijo. Aunque él vivió toda su vida atormentado y humillado por las murmuraciones sobre su paternidad. Tras la batalla de Farsalia recorrió el campo buscándolo desesperado ante la idea de encontrarlo muerto. Le encontró temblando de miedo debajo de un escudo y le envió a Roma con su madre y ocupándose de que siguiera una carrera política notable… Y él se lo agradeció asesinándole.

Cayo Casio estuvo con César en la Guerra Civil, sin embargo, la cosa no salió como él esperaba. No hubo saqueos ni botines que repartir. Ni siquiera puestos en el Estado, ya que César no hizo limpieza de enemigos, por lo que resentido pensó que si mataban a César conseguiría el ansiado botín. Casca siempre estuvo contra César. César le perdonó la vida dos veces durante la Guerra Civil, pero él no se la quiso perdonar a César. Todos ellos fueron vencidos en la batalla de Filipos por Marco Antonio y Octavio, herederos de César y por tanto sus vengadores.

Los tres decían actuar “en nombre de las libertades”. Pero, ¿qué libertades decían defender? Algunos senadores veían a César como un tirano que ambicionaba restaurar la monarquía. No sabemos hasta qué punto esto fue así, aunque parece obvio que si pretendía alguna clase de poder superior con respecto a los demás; A ello deberíamos añadir que César pretendía cambiar el sistema provincial que tantos beneficios económicos había traído a los patricios, favoreciendo a los nuevos territorios. Quizás, el error que cometió César fue no tomar represalias contra sus enemigos políticos. No hubo ejecuciones, ni confiscaciones de bienes, ni prisión para ellos. César fue clemente y ni siquiera les expulsó de sus cargos públicos.

El 15 de marzo del año 44 a.C. se convocó una reunión del Senado. Sería fácil, ya que César no tenía una guardia que le protegiera y era la última oportunidad antes de que saliera de Italia a encontrarse con las nuevas legiones que ya aguardaban en Oriente. Según Plutarco, al llegar a la plaza de la Curia César vio a un adivino que días antes le había profetizado “César, guárdate de los idus de marzo”. César, se acercó a él y le dijo: “Ya han llegado los idus”. “Si, César -respondió el adivino-. Pero aún no han terminado…” Un hombre se acercó y le entregó un pergamino. “¡Léelo, César -le gritó-. Léelo antes de entrar en la Curia”. Era una lista detallada de todos los conjurados, pero César no tuvo tiempo de leerlo y entró en la Curia con el rollo en la mano. En ese momento, uno de los conjurados se llevó fuera a Marco Antonio con el pretexto de contarle algo importante. Así quitaban de en medio al único que hubiera podido defenderle.

El hecho de que un número relativamente alto de senadores estuviera dispuesto a participar en el complot y a matar a César en el propio senado (lo que constituía un sacrilegio) da muestra del estado de cosas al que se había llegado.  De acuerdo con Eutropio y Suetonio, al menos 60 senadores participaron en el magnicidio. César recibió 23 puñaladas, de las que, si creemos a Suetonio, solamente una, la segunda recibida en el tórax, fue la mortal. Las últimas palabras de César no están establecidas realmente, y hay una polémica en torno a las mismas, siendo la más conocida:”¿tú también, hijo mío?” que nos refleja Suetonio. Plutarco, sin embargo, nos cuenta que no dijo nada, sino que se cubrió la cabeza con la toga tras ver a Bruto entre sus agresores.

https://youtu.be/QAjrrMR9wTY

Las consecuencias de la muerte de César son numerosas, y no se limitan a la guerra civil posterior. El nombre “César”, por ejemplo, se convirtió en común a todos los emperadores posteriores, debido a que Augusto, de nombre Gayo Octavio, al ser adoptado oficialmente por el dictador cambió su nombre por el de Gayo Julio César Octaviano; dado que todos los emperadores posteriores a Augusto hasta Nerón fueron adoptados, el cognomen César acabó siendo una especie de título más que un nombre, y, así, desde Vespasiano en adelante los emperadores lo ostentaron como tal sin haber sido adoptados por la familia César. Tanto prestigio acumuló el cognomen que de César provienen los apelativos “káiser” y “zar”.

En octubre de 2012, un equipo hispano-italiano dirigido por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) anunció el hallazgo del lugar exacto donde fue apuñalado Julio César, en el centro del fondo de la Curia de Pompeyo, en el Largo di Torre Argentina, una plaza muy transitada del centro de Roma. Augusto, el hijo adoptivo y sucesor de Julio César, señaló el lugar en el que se cometió el infame asesinato mediante una estructura de hormigón de tres metros de ancho por más de dos metros de alto. El complejo arqueológico fue descubierto a finales de los años veinte, durante el gobierno de Mussolini, y desde entonces ha servido de refugio para una gran parte de los gatos callejeros de Roma.

 

Vía| Suetonio, Vida de los Doce Césares; Plutarco, Vidas Paralelas.

Más información| National Geographic España

Imagen| Morte di Cesare

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Vídeo| YouTube: Muerte de César

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