Cultura y Sociedad 


HYGGE, LA FÓRMULA DE LA FELICIDAD QUE LLEGA DESDE DINAMARCA

En el año 1985, Robert Brault escribió en el National Enquirer: “Disfruta de las pequeñas cosas de la vida, porque un día mirarás atrás y descubrirás que eran grandes cosas”. Con esta máxima -acaso prohibitiva en esta época de notificaciones permanentes y pantallas que nunca se apagan- desafiaba a recuperar la sencillez del disfrute sin pretensiones. Y su sueño parece haberse hecho realidad. Una tendencia surgida en latitudes nórdicas propone abandonar las turbulencias de la hiperconexión, para reencontrarse con los placeres simples, en compañía de los afectos y convocando a todos los sentidos. Una celebración analógica, sin urgencias ni notificaciones, que promete la posibilidad de alcanzar la felicidad, sin sofisticaciones. Y que confirma por qué en 2017 Dinamarca es el segundo país más dichoso del mundo, tal como lo señala el Reporte Mundial de Felicidad patrocinado por la ONU.

Hygge (se pronuncia hoo-ga) es una filosofía, creencia o corriente de época que surgió impulsada por las páginas de los libros “Hygge, la receta de la felicidad”, escrito por la actriz danesa Marie Tourell Søderberg, y “Hygge. La felicidad de las pequeñas cosas”, a cargo del CEO del Happiness Research Institute, Meik Wiking. Los dos best sellers coinciden en la importancia de recuperar los placeres cotidianos: la comida casera, una copa de vino, velas y mantas, la calidez del hogar, el crepitar de los leños, una taza de chocolate, aromas envolventes y un círculo de afectos, como garantía de una plenitud más accesible que la utopía de una perfección basada en la ausencia de preocupaciones. En Dinamarca es un vocablo que -además de sustantivo- es adjetivo, adverbio y verbo. Los locales suelen referirse a hacer algo hyggelig, cuando aluden a realizar actividades placenteras. “En el hygge está la esencia de nuestro país”, enfatiza Wiking.

Puertas adentro, la idea madre apunta a disfrutar del hogar, a mirar una película en compañía de los afectos o compartir una charla en un sofá, disfrutando los sabores que remiten a la infancia, en un entorno decorado como si cada día fuese una celebración. Y si el sol fuese amable, salir a caminar mientras los árboles agitan sus hojas y las aves circundan la escena, tomar fotos y abandonar las aceleraciones de las redes sociales. La clave para incorporar la filosofía hygge radica en volver a conectarse con los sentidos primarios, una idea del buen vivir asociado a las experiencias que gratifican, que no tiene que ver con el lujo, sino con pasarla bien.

Sus cultores se multiplican con rapidez: con un promedio mensual de 74 mil búsquedas online, entre octubre de 2016 y enero de 2017 la cifra creció de 12 mil a 260 mil consultas, según datos arrojados por el sitio web KW Finder. Pese a que este término hygge surgió en Dinamarca a comienzos del 1800, su etimología es noruega y significa “estar bien” (entre 1397 y 1814, Dinamarca y Noruega constituían un solo reino y en la actualidad daneses  y noruegos comprenden los dos idiomas). Sin embargo, algunos aseguran que hugge podría haberse originado alrededor de 1560, a partir del termino hug, abrazar. Otros atribuyen su aparición al arcaísmo hygga –confortar-, cuya raíz es el vocablo hugr, que significa humor. Están quienes afirman que la raíz está en el concepto alemán hugjan, que refiere al inglés antiguo hycgan, que implica considerar o pensar en alguien. En la discusión por la atribución del término convergen la consideración, el humor, el confort, el abrazo y el bienestar, todos los pilares que sustentan al espíritu hygge.

Lo más osado de la propuesta radica en desconectarse de la vida digital, librarse de los destellos de las pantallas, un desafío que en la actualidad parece imposible, para recuperar los placeres simples de la vida. Podría tratarsde de un refugio donde sentirse a salvo de las turbulencias de todos los días. Todavía resta descifrar si se trata de una corriente cultural efímera, una variante del consumo o una transformación contundente de la manera de encarar la vida. De todos modos, el prisma hygge invita a que todo se vea mucho más agradable. Y nadie quiere privarse de abrazar la posibilidad de ser feliz.

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