Historia 


Homosexualidad en la Roma imperial

Aunque la imagen histórica que tenemos de la Roma imperial es de libertad sexual y hedonismo sin límites, lo cierto es que nos ha llegado una imagen más nítida y definida de  la sexualidad en la antigua Grecia, sus mitos, el amor platónico y sus representaciones pictóricas. Investigamos las ideas y realidades de la homosexualidad en la Roma que vio desarrollar el mayor imperio mediterráneo jamás conocido.

En los primeros tiempos de la República, la sociedad romana se caracterizó por su carácter conservador y la condena a prácticas sexuales que se salieran del canon marcado. No fue hasta el contacto con el mundo griego cuando se abrió el horizonte sexual de los romanos, si bien en un primer momento, estas relaciones se focalizaron en el uso del esclavo como objeto sexual de su propietario.

Es en época imperial, con el enriquecimiento del imperio, la conversión de Roma en foco cultural y la evolución de la sociedad, en el que la homosexualidad se convirtió  en un elemento más de las relaciones. Comenzaron a producirse los primeros matrimonios entre hombres, considerándose esto un acto privado dentro de la domus.

Convivían entonces dos modelos de moral sexual: uno conservador  heredado de la traditio romana, centrado en el matrimonio, los dioses del hogar y las tradiciones;  y otro greco-oriental, relacionado con la filosofía griega, los cultos mistéricos y una visión más cosmopolita. En cualquier caso esta apertura sexual estuvo reservada a hombres. Se impuso una diferencia discriminatoria de género contra la mujer, a la que no se consideraba un ciudadano de pleno derecho como al hombre y a la que no se permitía este tipo de emancipación sexual.

Mural en las ruinas de Pompeya que ejemplifica la libertad sexual entre la aristocracia romana

En la dinastía Julio- Claudia casi todos los emperadores practicaron la bisexualidad. Nerón, por ejemplo, se convirtió en el primer hombre del imperio que se casó con otro hombre, un eunuco de palacio. La bisexualidad estaba tan extendida que incluso Suetonio en Las vidas de los doce césares critica a Claudio por ser el único emperador al que no se le conocen amantes masculinos. Adriano y Antínoo son el paradigma del amor homosexual en Roma. El emperador Adriano conoció a Antínoo en Bitinia y desde entonces lo tuvo junto a él como amante. En un trágico accidente Antínoo se ahogó en el Nilo y Adriano ordenó darle su nombre a una ciudad, honrarle de distintas formas y crear cientos de estatuas con su imagen por todo el Imperio, creando un culto a su imagen que perduró durante siglos.

Esta libertad sexual aparece en Roma mejor retratada en la literatura que en las representaciones pictóricas, al contrario que en el mundo griego. El Satiricón de Petronio es una novela que cuenta la historia de una pareja homosexual, sus desencuentros y relaciones con otros hombres con especial detalle y sin reservas. Así sucede con numerosos poemas, graffiti e historias insertadas en la tradición literaria.

En cualquier caso esta actitud ante la homosexualidad no fue siempre tan abierta, y hubo condenas y leyes que castigaron y prohibieron a las personas que la practicaban. La aceptación o intolerancia fue también una  cuestión de clases sociales y de ámbitos geográficos.  Según fue avanzando la expansión del cristianismo, y sobre todo, con un nuevo modelo de sociedad más local y menos abierta a influencias extranjeras, la homosexualidad fue prohibiéndose y soterrándose en espacios ocultos de la vida cotidiana. Con el edicto de Teodosio en 390 que condenaba a pena de muerte a las relaciones con personas del mismo sexo se firmó el final de estas actitudes, casi en paralelo al declive del Imperio Romano.

En colaboración con QAH | El Bigote Obsceno

Vía| VV AA; La imagen del sexo en la Antigüedad, Tusquets Editores, 2007, Madrid.

Imágenes| La fraternité des peuples,  mural de Pompeya

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