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Diferencias entre el Homicidio y el Asesinato

En muchas ocasiones, escuchamos de forma indistinta la palabra asesinato, homicidio, asesino y homicida y nos parecen auténticos sinónimos. Es cierto, que en el día a día esto no tiene mayor relevancia, pues todos nos entendemos y sabemos lo que queremos decir, pero en el ámbito jurídico, es sustancialmente distinto el delito de homicidio y el de asesinato.

En primer lugar, y como caracteres comunes de los dos delitos, la conducta típica de ambos es la de matar a otro. En este sentido, si no tuviésemos más información de los hechos que la de la simple causación de la muerte por parte de una persona a otra, hablaríamos de homicidio, que simplemente exige para su subsunción en el tipo penal matar a otro; como así se dispone en el artículo 138 del Código Penal (CP); “El que matare a otro será castigado, como reo de homicidio, con la pena de prisión de diez a quince años”. Como vemos, no se exige ningún requisito más. Además, si seguimos leyendo el resto de preceptos relacionados con el delito de homicidio, observamos que también se castiga la comisión de este delito de forma imprudente. Conviene recordar en este punto que sólo se castigarán las acciones u omisiones imprudentes cuando así expresamente lo disponga la Ley (artículo 12 CP). Pues bien, resulta ser éste el caso en el delito de homicidio, como así refleja el artículo 142 CP.

La pena prevista para el delito de homicidio es de prisión de diez a quince años, como veíamos tras la exposición del artículo 138 CP.

Ahora veremos las características definitorias del delito de asesinato, delito que algunos consideran es un homicidio agravado y otros, sin embargo, opinan que en realidad es un delito de naturaleza autónoma. No es el objeto de este artículo debatir sobre la naturaleza jurídica de este delito.

Para poder calificar una conducta como delito de asesinato, el artículo 139 CP, además de matar a otra persona, exige que en ello concurra una de las siguientes circunstancias que desarrollaremos de una forma muy general:

1.  Alevosía: la alevosía puede manifestarse de varias maneras pero, en general podríamos calificar esta circunstancia como la provocación de una situación de indefensión, inferioridad o desamparo en la víctima, de forma que le sea muy difícil o imposible defenderse o resistir el ataque del sujeto delincuente. Doctrinalmente se distinguen tres tipos de alevosía que, en resumen serían; la emboscada, la sorpresa y los medios que mermen físicamente la capacidad de la víctima (envenenamiento, sedación, mientras el otro duerme, etc.). Como vemos, lo que caracteriza la conducta alevosa es la actitud del delincuente encaminada a asegurar el resultado que busca – la muerte del otro-, de forma que pueda obrar de forma segura y sin riesgo para él mismo.

 2. Precio, recompensa o promesa: poco hay que explicar de esta circunstancia; únicamente destacar, que lo que se pretende poner de manifiesto con esta circunstancia, es el especial reproche a esta conducta, pues la motivación que el delincuente tiene para matar es del todo indeseable.

3. Ensañamiento: por ensañamiento el propio artículo 139.3 CP entiende la causación de la muerte “aumentando deliberada e inhumanamente el dolor del ofendido”. Esto quiere decir que el asesino no busca simplemente la muerte de su víctima sino que lo que busca también es causarle dolor, un dolor que va más allá de lo necesario para causar su muerte, un dolor que también es fin en sí mismo. El ensañamiento puede producirse por la forma de ejecución de la conducta o por los medios empleados en ella. No obstante, para parte de la doctrina, como lo que se castiga aquí es ese dolor inhumano e “innecesario” que se provoca a la víctima, si la víctima quedara inconsciente antes del supuesto ensañamiento, en realidad no habría ensañamiento, pues la víctima no padeció el dolor. Esta interpretación es discutida por otra parte de la doctrina penalista.

Como podemos deducir de lo expuesto, el delito de asesinato sólo puede ser doloso, siendo imposible el asesinato imprudente pues, como inferimos de las conductas exigidas, bajo todas ellas subyace la idea de premeditación, de estudio calculado del modo y el medio de cometer el fin que se quiere, la muerte de su víctima. No estamos ante un delito como el homicidio, donde impera la espontaneidad, la falta de premeditación y, en muchas ocasiones, la falta incluso de voluntad de causar la muerte (modalidad imprudente).

Para el delito de asesinato la pena prevista por el citado 139 CP es de prisión de quince a veinte años.

Mencionaremos también la figura del asesinato agravado, que no es más que un asesinato en el que concurre más de una causa de las descritas anteriormente (artículo 140 CP). Para este tipo, la pena se eleva, estableciéndose entre los veinte y los veinticinco años de prisión.

Imagen| Google

Miguel San Antonio de Cea Escrito por el nov 18 2011. Archivado bajo Derecho Público, Jurídico.





  • VirginiaLS

    Es curioso como los norteamericanos se sorprenden de nuestro sistema de distinción entre el homicidio, el homicidio imprudente y el asesinato. Ellos llevan a cabo tal distinción en grados, que en última instancia llega prácticamente a ser lo mismo que el nuestro, es decir partir de un tipo básico y agravarlo o atenuarlo según las circunstancias modificativas de la responsabilidad penal concurrentes, las diferencias entre un sistema y otro serían una buen tema para escribir un artículo jaja. Felicidades por el artículo, muy bien explicado.

  • Antonio Segarra

    “La pena prevista para el delito de homicidio es de prisión de 10-15 años”

    Cosas como estas hacen que los homicidios cada vez sean más frecuentes.
    Para evitarlos o minorarlos lo suyo seria aumentar tal pena de prisión o inclusive en ciertos casos (como el Ensañamiento) emplear la pena de muerte.
    Una vida por otra. Seria lo justo.

    Un saludo.

  • VirginiaLS

    Yo no estoy del todo de acuerdo con la aplicación de la ley del talión en un sistema penal del siglo XXI, evidentemente todo es susceptible de mejora y en algunos casos, se podría plantear un endurecimiento de las penas, pero no podemos olvidar que la aplicación del derecho penal es la última ratio y que según el art. 25 de la Constitución las penas deben cumplir funciones de resocialización y reinserción. En mi opinión la deshumanización de las penas es algo más negativo que positivo, no creo que el ubicar al juez en el mismo plano que al asesino o al homicida sea una solución.

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Miguel San Antonio de Cea

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Miguel San Antonio de Cea

Estudiante de sexto curso de Doble Licenciatura en Derecho y Administración y Dirección de Empresas, en la Universidad Autónoma de Madrid.

Estudiante de Derecho en la University of Cambridge (Reino Unido) 2009-2010. 

Miembro de la  Law Society of Cambridge.

Presidente de la Asociación de Estudiantes de Derecho y ADE 2006-2012 (AEDADE 2006-2012) Ver perfil completo

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