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Homeopatía: La “ciencia” de los charlatanes

Habitualmente, se tiene la creencia popular que la Medicina es capaz de curarlo todo, que sus extraordinarios avances técnicos y farmacológicos en el pasado siglo y lo que llevamos de éste nos han dejado una lista universal de remedios para todas las enfermedades y dolencias, tanto orgánicas como psíquicas; sin embargo, no debemos olvidar que no existen los milagros y que en algunas ocasiones, por suerte cada vez más aisladas, la curación total no es posible y la enfermedad se vuelve irreversible o mortal de necesidad, ya sea por la escasa respuesta al tratamiento o por la propia agresividad y evolución de la patología.

Asimismo, en nuestra sociedad las enfermedades más prevalentes son las crónicas ya sean tumorales o neoplásicas (puesto que el cáncer se puede considerar una enfermedad crónica), como las metabólicas (entre las que destacaría la hipertensión, la diabetes, etc), o las degenerativas. Estas patologías tienden a alargarse en el tiempo con evoluciones largas y sintomáticas que muchas veces llegan a pronósticos fatales, además de crear un profundo sufrimiento personal y psicológico en el paciente y sus allegados más cercanos. Es por ello, que han repuntado las pseudociencias que prometen una curación inmediata, incruenta y sencilla, entre las que destaca la homeopatía.

La homeopatía se vende como un “sistema de medicina y terapéutica alternativa” basado en los principios teóricos y la doctrina de Samuel Hahnemann, de 1796, que enuncia que lo “similar cura lo similar”. Ésto naturalmente es una definición eufemística, altanera e insolente para lo que no deja de ser un conjunto de creencias chamanísticas basadas en una pseudociencia muy alejada de los criterios científicos serios, y de efectividad no probada o que ha sido probada con nulo resultado, que engaña y vende quimeras de curación a los pacientes más desesperados y graves, fundamentalmente personas enfermas de cáncer o patologías sistémicas importantes; generando también un intrusismo profesional en las áreas sanitarias como son la Medicina, la Biología, la Farmacología y la Bioquímica, suplantando vilmente a los expertos titulados en tales especialidades y desprestigiando los conocimientos científicos, probados mediante evidencia y serios que sí han demostrado ser eficaces. Las cuestiones anteriores son generalmente comunes a todas las pseudociencias, que podemos definirlas como creencias, ideas u ocurrencias que se presentan incorrectamente como ciencias pero que no están basadas ni siguen un método científico válido, que no pueden ser comprobadas de forma fiable, universal y reproducible, y que finalmente se sustentan en afirmaciones vagas, contradictorias, exageradas, infalsables y/o tendenciosas.

El caso que nos ocupa se fundamenta en tres afirmaciones principales:

  1. Lo similar cura a lo similar, dicho de otra forma, la terapia contra una enfermedad constaría de sustancias o técnicas que reprodujeran los propios síntomas del padecimiento. Verbigracia: ante una quemadura se podría hacer un ungüento a base de ácidos fuertes (como el ácido sulfúrico o clorhídrico) ya que éstos causan ese tipo de lesión. No veo necesario explicar por qué esta ocurrencia es incorrecta.
  2. La dilución de una sustancia incrementa su potencia o acción. Si algo nos ha enseñado la química es que, a mayor dilución, menor concentración de la sustancia disuelta, luego su efecto siempre disminuye, lógicamente.
  3. Las enfermedades son causadas por miasmas. La teoría miasmática de Thomas Sydenham, del siglo XVII, afirma que las patologías son producidas por las emanaciones fétidas e impuras de los suelos y las aguas; obviamente está teoría ha quedado más que obsoleta y sustituida la teoría microbiana y la teoría fisiopatológica de la enfermedad.

Si ésto fuera poco, la homeopatía considera que los únicos tratamientos posibles y curables son los remedios homeopáticos que se preparan con diferentes tipos de sustancias como limón, calcio o procedentes de plantas y que se diluyen de forma centesimal (1 mL de sustancia en 100 mL de agua o alcohol) hasta llegar a ciertos valores CH o centesimal de Hahnemann (diluciones sucesivas tomando 1 mL de la dilución anterior y rediluirlo en 100 mL hasta llegar al grado deseado). Posteriormente se debe golpear enérgicamente la dilución sobre un libro de cuero, usualmente la Biblia para que la sustancia coja potencia y energía. Para la preparación de estos remedios se usan libros de referencia llamados repertorios, que bien podrían llamarse grimorios medievales por su nula fundamentación farmacológica. Por otra parte, afirman que la totalidad de los síntomas de los pacientes proceden de sus rasgos de personalidad, estado físico y psicológico e historia de vida previa a la enfermedad, y por lo tanto si el tratamiento homeopático no les cura es porque no han tenido pensamientos positivos o no querían curarse con suficiente fuerza mental.

A pesar de que sus creencias han sido refutadas sistemáticamente hace más de 200 años de su enunciación, se han publicado varios estudios y ensayos clínicos tendenciosos que afirman demostrar y reproducir los resultados positivos de tratamientos homeopáticos. Pues bien, múltiples revisiones sistemáticas demuestran que tales resultados se deben al azar, a métodos de investigación defectuosos y a sesgos informativos intencionados o no.  La pregunta pertinente es: ¿a qué se debe esta mejoría? En la mayor parte de la casuística leve se debe a la propia regresión de la enfermedad debido al proceso natural del cuerpo humano mediado por la inmunidad y la inflamación, es decir, como ocurre en una gripe no complicada: nos curamos solos. En las enfermedades crónicas se produce una regresión o retorno a la media, esto ocurre en patologías que alternan un estado basal normal intercalando agudizaciones; los pacientes buscan tratamiento en el estado más sintomático y entonces cuando reciben el placebo vuelven posteriormente a su estado normal, encontrándose mejor y atribuyendo su mejoría al tratamiento en vez de al propio ciclismo de su enfermedad. Los tratamientos no homeopáticos o no identificados como cambios en la medicación hospitalaria, mejoría de la alimentación, realización de ejercicio que se solapen con los remedios homeopáticos pueden atribuir a éstos su acción. También la propia entrevista con el homeópata puede impresionar de mejoría ya que el paciente se siente más arropado y consolado, cosa que naturalmente pasaría igualmente frente a un psicólogo, psiquiatra o demás profesional sanitario.

Por lo tanto, la conclusión lógica es que la posible mejoría de los tratamientos homeopáticos no es superior al efecto placebo, de hecho, es inferior; y en el mejor de los casos, son inocuos e ineficaces, en otros casos incluso agravan la enfermedad. Se han dado casos de uso de sustancias altamente tóxicas como la belladona, la hiedra venenosa o el arsénico en remedios homeopáticos, llegando incluso a producir la muerte de algunos pacientes por envenenamiento. Si bien en la mayoría de los casos se realizan tantas diluciones que no se encuentra la sustancia inicial si analizamos el remedio, eso ocurre por las leyes químicas derivadas que implican la constante de Avogadro; luego es agua. Además, tales remedios no cumplen la New Drug Application, una solicitud de nuevo medicamento que garantiza que el fármaco es de uso seguro, antes de ser comercializado. Por ello son especialmente perniciosos en las patologías graves ya que impiden el correcto tratamiento o intervención de los profesionales sanitarios y producen una evolución de la enfermedad mientras el paciente abandona su tratamiento habitual o está en manos de los remedios homeopáticos.

Por todo lo dicho anteriormente, tanto la Organización Mundial de la Salud, como la mayor parte, por no decir todos, los Sistemas Nacionales de Salud y las asociaciones de médicos, entre los cuales destacan el estadounidense, el británico, el francés, el alemán, el australiano, el canadiense y el español desaconsejan encarecidamente el uso de remedios homeopáticos en casos de patología grave o severa, además de demostrarlos ineficaces en patología leve. Hay expertos que incluso van más lejos, el profesor emérito de cirugía y profesor invitado de humanidades médicas del University College of London, Michael Baum, ha descrito la homeopatía como “un cruel engaño” y como “no ética”. En la misma línea la describen la American Journal of Medicine, el director del Government Office for Science, Sir John Beddington, no duda en definir la homeopatía como “majadería”. En Estados Unidos, el presidente de la National Council Against Health Fraud, tacha la homeopatía como grave fraude sanitario.

En resumen

Pero esto no es todo, lo verdaderamente grave es que la homeopatía se ampara en la ignorancia, y en los deseos y miedos más primitivos del ser humano para vender remedios milagrosos totalmente ineficaces y sin ninguna garantía de seguridad, en lo que ya es una industria millonaria de orden de cientos de millones, con técnicas fraudulentas y a costa de enfermos graves y crónicos en situación de desesperación que terminan falleciendo a causa de sus dolencias al abandonar su tratamiento, confiando ciegamente en charlatanes sin escrúpulos que se lucran impunemente del sufrimiento ajeno en la cara de pacientes, familias y médicos, desprestigiando la credibilidad de la Medicina.

Resumiendo, ¿qué está comprando realmente cuando adquiere un remedio homeopático?

Ilusiones y mentiras en un azucarillo a precio de oro.
Vía| World Health Organization, American Journal of Medicine, American Academy of Clinical Toxicology, American Medical Association, National Health and Medical Research Council, Sociedad Española de Oncología.

Imagen|Hahnemann, Principio, Ignorancia, Verdad, Remedios?

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