Historia 


Historia y Barbarie: Historia de la Piratería en el Mar (Parte III)

Piratas, hombres salvajes y sanguinarios, hombres libres y aventureros, auténticas leyendas vivas; pero… ¿eran estos terroristas del océano tan atractivos como los relatos que les rodean? ¿Cuál es la historia de los verdaderos piratas?  Son el azote de todas las Naciones, los asesinos mas infames de su tiempo. Durante los siglos XVII y XVIII, los piratas abordaron miles de naves, saquearon docenas de ciudades, y siguieron un violento rumbo de tesoros robados, asesinatos y venganza, épicos, más peligrosos que en la leyenda, atrajeron el interés del mundo. Esta es su historia…

 

Las crónicas indianas nos hablan de la información enviada que se ofrecía en cartas, relaciones, memorias en las cortes y chancillerías. El Caribe en veinte años devino en el cruce naval de todas las rutas navales que transportaban a Castilla el oro de las Indias. Es por ello que el trópico es el punto de partida de las inflamadas quimeras piráticas, donde la imaginación calenturienta del contorno da rienda suelta a las más fantásticas aventuras en los mares de las Antillas.

 

destaca la figura del esclavista británico John Hawkins, que pobló el área del Caribe de negros africanos; un comercio en alza de trata de esclavos donde la identidad europea dejó su depravado sello.

Ante la falta de mano de obra para las labores de la conquista del Nuevo Mundo la vieja Europa optó por esclavizar a la pobre África, y los corsarios de la época desempeñaron un papel decisivo en el prometedor oficio de negreros, que hizo florecer el gremio de los mercaderes, contrabandistas, piratas, donde destaca la figura del esclavista británico John Hawkins, que pobló el área del Caribe de negros africanos; un comercio en alza de trata de esclavos donde la identidad europea dejó su depravado sello.

 

 

 

 

En el siglo XVII el trópico dejó de ser utópico para convertirse en un acecho de los lobos de mar amparado por las grandes potencias de Occidente que de alguna manera consintieron los desmanes de los bucaneros, las temidas tribus europeas (ingleses, franceses, y holandeses mayoritariamente), que sembraron la desolación y el horror en repetidas ocasiones en las poblaciones martirizadas de la zona del Caribe y del Golfo de México: Veracruz, Cuba, Santo Domingo, Cartagena de Indias, Panamá, Nicaragua… Poblaciones que experimentaron invasiones, saqueos, asaltos y torturas, como las llevadas a cabo por Henry Morgan. Los bucaneros, cuyo establecimiento en el Caribe cifran los historiadores hacia 1622, arrasan las poblaciones costeras americanas sin apenas resistencia por parte de las ineficaces y obsoletas defensas del Imperio Español en ultramar. La figura del bucanero coincide con la degradación colectiva del pirata que inevitablemente se va olvidando de sus antiguos idealismos románticos para convertirse en un halcón de mar absolutamente corrompido.

 

En el siglo XVIII, diversos grupos de aventureros infestaban las costas americanas en busca de fortuna: mercaderes y negreros, bandidos y contrabandistas viajan por iniciativa propia, pero con franquicia pública de sus respectivos gobiernos. Los bandidos del mar se daban al saqueo de las inmensas riquezas que los españoles, siempre víctimas de la piratería internacional, pretendían guardarse para sí. Estos herejes luteranos (como se les llamaba desde España por considerar sus actividades no solamente ilegales, sino violadoras de la fe católica) continuaron dando sus zarpazos desde sus bases en las colonias de Barbados y Jamaica. Durante 200 años el acecho a las posesiones de ultramar por parte de la piratería internacional fue constante, un factor decisivo en el ocaso del Imperio Español.

 

La piratería establecida en la isla de Tortuga pasó por ser un centro de máxima influencia bucanera durante los siglos XVII y XVIII. En aquellos parajes paradisíacos se dieron cita los más históricos piratas del momento; corsarios procedentes de las más variadas nacionalidades en la histórica asociación de Hermanos de la Costa, considerada como el ensayo primigenio libertario de comuna en el Caribe. En un principio los primeros colonos comenzaron por dedicarse al cuidado de las plantaciones de tabaco y la caza de cimarrones, reses y puercos salvajes. La situación vino a degradarse, pues pronto se hartaron de las faenas agrícolas, y entonces los colonizadores pasaron a ser piratas al cambiarla faena del arado por el saqueo, que desde luego, les reportaba mucho más beneficios.

 

Alexander Olivier Exquemelin es un insólito caso de bucanero historiador o cronista de la piratería, describe la historia de los excéntricos, extravagantes y perversos personajes que pasaron por la acreditada isla tropical, sino que también nos habla de su geografía, territorio, fauna y flora. Este cronista nos cuenta la vida y costumbres de sus camaradas bucaneros: cómo preparaban sus barcos, provisiones, recompensas de los botines, pescaderías y ejercicios de tiro al blanco que ensayaban de continuo para cuando llegasen los españoles. La cofradía de piratas se componía de gentes proscritas, forajidos en rebeldía que no creía en ningún tipo de obstáculos y se reían de los imposibles. Por la asociación aparecen los tipos más estrafalarios y crueles, los célebres bucaneros de Tortuga y Jamaica como el holandés Laurent de Graff, Agrammont, Pierre Legrand, el capitán Roberts, entre otros.

 

Henry Morgan en un grabado del libro de Exquemelin, Piratas de América, del siglo XVII

Los piratas ingleses se concentraron en Jamaica, que era una de las islas más ricas y probablemente más inmoral del mundo, donde sentó sus reales el sanguinario Henry Morgan; personaje depravado, sádico, pérfido y torturador que utilizaba entre otros suplicios la desarticulación de huesos y el desorbitamiento de los ojos, colgamiento por los genitales y función del sello de la casa con hierro candente en el semblante. Durante diez años, Morgan asoló las costas tropicales de América y llegó a ser el más temido y fiero de los bucaneros, convirtiéndose en un ser diabólico en la memoria colectiva de los pueblos americanos. Sin embargo, las bárbaras hazañas de Morgan en el Pacífico fueron recompensadas por la Corona Británica que le nombró gobernador de Jamaica con el título de sir.

 

Fuente| Cioran E. “Historia y Barbarie” en Piratas, Corsarios y Bucaneros, A. Álvaro, pp. 11-25

Imágenes| John Hawkins, Henry Morgan en un grabado del libro de ExquemelinPiratas de América, del siglo XVII.

En colaboración con QAH| Arqueología y Gestión Turística

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