Historia 


¿Historia? Historia eres tú

Para aquellos que hemos decidido dedicar nuestras vidas al estudio del pasado, a entregarnos en cuerpo y alma a la Historia no nos asusta lo que pueda pasar en el futuro, de hecho, y ya que solo vivimos una vez, el historiador, amante del tiempo y del hombre, debe asimilar su posición en una sociedad que parece competir por vencer en la carrera de la mediocridad sin pararse a pensar en el futuro; visto como un ente abstracto que algún día llegará, pero que tan solo veremos cuando nos salpique en la cara y nos diga con profunda voz y sentimiento arrebatador: lo lograste o tal vez, te equivocaste.

Marco Tulio Cicerón escribió una vez en su famosa obra De Oratore una de las frases que me gustaría enmarcar en mi despacho, si algún día llego a tener uno. Esta dice así: Historia magistra vitae est. La historia es la maestra de la vida, el profesor, el instructor, la vara de mando, la interconexión entre nosotros y lo que fuimos y que tal vez jamás volvamos a ser, ella, en su sempiterna sabiduría, cual anciana sabida, se ríe de nosotros, seres estólidos, cuando tomamos decisiones que ella ya tomó por nosotros, años, siglos, centurias atrás reencarnándose en las mismas personas que ahora mismo, se jactan del control de todo y de todos; de tener el mundo en la palma de la mano, de jugar a ser dioses, de crear imperios de arena desvaneciéndose en sus manos.

cicerón

Una de las obras magnas de Cicerón: De Oratore

Esa frase, esconde el todo, y debería ser el modus vivendi, el alma mater de una sociedad que grita por encontrarse a sí misma. No solo dice eso, claro está, esta sigue y acaba conjugándose de nuevo, de forma intrínseca,  en un pensamiento superior: la Historia, es la evidencia del tiempo, la luz de la verdad, la pervivencia de la memoria, la regente de la vida, el heraldo de la antigüedad; condenada a la inmortalidad. Es tremendamente curioso, que aquello que nos sustenta el seso sea ahora mismo una lacra. En muchas ocasiones, como historiador me encontré en la tesitura de responder a la famosa pregunta de: ¿Y por qué Historia? Y solía responder muy sereno: es mi pasión. Lo más irónico de todo, y me di cuenta años después, es que en latín, pasión significa dos cosas: sufrir y sentir. En esta ocasión es como si me preguntaran lo siguiente: ¿Qué es para ti el amor? Y para ello no hay respuesta posible; y creo que para la Historia tampoco.

En un lapso de tiempo más que considerable nos hemos hecho a nosotros mismos, de una forma u otra, correcta o incorrecta. Cada hombre vive un destino creado a partir de una base que se nos ha dado desde los albores de la humanidad. La historia por ejemplo, es mucho más que una asignatura aburrida de bachiller, Historia, es el nacimiento de la democracia en Atenas, es la muerte de Alejandro Magno, es la conquista de la Galia por César, es la caída de Roma, es la llegada de Guillermo el Conquistador a Inglaterra; Historia, es el gran peregrinaje cristiano en la primera cruzada, es Saladino recuperando Jerusalén, es el dedo de Colón señalando hacia las Américas, la Independencia de América, la Revolución Francesa, el fin de la esclavitud, el derecho a voto de la mujer; Historia, es el pasacalle de Boccherini, la sordera de Beethoven, los clavicordios de Bach e incluso, la Historia, es aquello que no queremos volver a ver, es la bomba atómica de Hiroshima y Nagasaki, Hitler subiendo al poder, la ola fascista que tiñó Europa en una oscuridad que hace mella todavía en nosotros. La Historia lo es todo pero de nuevo vuelve a ser nada si negamos su importancia y existencia. No se trata de elegir o hacer de ella la emperatriz del hombre; porque de hecho ya lo es, aunque en la sombra. Historia, es una palabra extremadamente bella, porque es juez y analista de nuestros hechos, de todos y cada uno de ellos; nos recuerda lo que hicimos mal y ensalza aquello que hicimos bien, es como un álbum de fotos que encontramos perdido en el desván cuando tenemos cincuenta años y hay fotos de cuando teníamos tan solo cinco.

Es por esa razón que Historia es el diario personal del hombre, un recordatorio constante de nuestro paso por el mundo; Historia eres tú, en cada acto que realizas, eres parte del todo; aunque actualmente tal vez sea aquel álbum de fotos que ibas a encontrar en el desván pero que jamás llegaste a descubrir.

 

En colaboración con QAH| Mundo Histórico

Vía| MARCUS TULIUS, C, De Oratore, B.G. Teubner, Leipzgig, 1862.

Imagen| De oratore de Cicerón

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