Economía y Empresa 


Historia del Sistema Bancario Moderno. Del patrón oro al dinero fiduciario (II)

Viene de “Historia del Sistema Bancario Moderno. Del patrón oro al dinero fiduciario (I)

BANCARROTA.

A lo largo de la historia son múltiples los banqueros que han caído en la tentación de utilizar de forma indebida el dinero recibido en depósito en su propio beneficio. Si han recibido un número importante de depósitos, y creen que sus depositarios no van a reclamar a corto plazo su devolución, utilizan el dinero para realizar inversiones en nombre propio, creyendo que basta con tener solo una parte de dicho dinero disponible por si alguien viene y reclama una devolución. Parten de suponer que no todo el mundo va a venir en el mismo momento a retirar su depósito, por lo que será difícil que se descubra su delito. Desde luego, saben que están delinquiendo, pues es necesario repetir que el depósito no traslada la posesión ni la propiedad, sino la mera tenencia de la cosa, con obligación de custodia.

Desde luego, si tienen 100 monedas en depósito, y utilizan 50 monedas incumpliendo el contrato de depósito, estarán en bancarrota en cuánto los legítimos propietarios de 51 monedas exijan la retirada de sus depósitos.

Y como decimos son múltiples los ejemplos históricos de banqueros y Bancos que se han declarado en bancarrota por no tener el dinero cuándo sus clientes le han solicitado la devolución de los depósitos.

dinero1Desde la antigua Grecia, y durante el imperio Romano hasta la Edad Media, los banqueros utilizaban un Trapeza o banco para salir a la calle, en los mercados y zonas comerciales, ofreciendo sus servicios de depósito y custodia a los ciudadanos. Cuándo un banquero se veía en apuros para devolver el dinero a sus clientes, se le rompía la banca en público, contra el suelo o incluso contra su cabeza, y de ahí el término de bancarrota. En la Barcelona de la baja edad media, al igual que en otros momentos y legislaciones, el Código legal exigía que se le cortase la cabeza al banquero quebrado y se clavase dicha cabeza en la plaza o mercado, permaneciendo a la vista de todo el mundo durante unos días para ejemplificar el delito cometido y persuadir a los otros banqueros de que cuidasen con diligencia los depósitos recibidos.

Aunque nuestro Código Civil recoge la tradición jurídica de presumir el contrato de depósito como gratuito, a nadie escapa que sería extraño que un empresario esté dispuesto a custodiar de manera gratuita el dinero de sus clientes, sino que la lógica empresarial exige que el banquero cobre una comisión o precio por sus servicios. Por ello, una primera señal de que no se cumplía con garantía la misión del depositante es que un banquero realizase su trabajo de manera gratuita, o incluso que estuviese dispuesto a pagar una pequeña cantidad o comisión a sus clientes depositantes. Desde luego, si guardaba el dinero gratis o pagaba por guardar dinero era muy probable que a espaldas de los clientes utilizase dicho dinero en otros negocios que le reportasen ganancias.

Si bien es cierto que podemos encontrar muchos casos de Bancos y banqueros que han incurrido en bancarrota a lo largo de la historia, desde los escritos griegos y romanos hasta nuestra más reciente historia, también han existido ejemplos como el del Banco de Amsterdan, que fundado en el año 1609 mantuvo el 100 % de los depósitos entregados por sus clientes durante más de 150 años. Ello lo hizo brillar como el Banco más solvente y de mayor prestigio de su época. Sus beneficios nunca fueron tan extraordinarios como los de otros bancos aquellos años, pues se limitaba a cobrar una pequeña comisión de depósito por sus servicios, así como comisiones por otros servicios añadidos como el cambio de moneda o la emisión de billetes y cheques, pero aseguraba de forma plena los intereses de sus clientes.

Y es que si un cliente desea obtener un beneficio de sus ahorros, tendrá que entregar al Banco el dinero en préstamo, exigiendo un interés del mismo, que el Banco le pagará dado que después podrá prestar a su vez ese dinero a clientes que lo demanden. Pero al hacer esto el cliente sabe que obtiene una rentabilidad a la vez que asume un cierto riesgo, el de perder todo o parte de su dinero.

Continúa en la parte (III)

Vía | “Dinero, crédito bancario y ciclos económicos.” Jesús Huerta de Soto. Unión Editorial.  (1998). “Retorno al parón oro”. Juan Manuel López Zafra. Deusto. (2014)

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