Historia 


Historia del movimiento sufragista

reino unido

Mujeres británicas se manifiestan por el derecho al voto

El año pasado Arabia Saudí permitió por primera vez a las mujeres votar en unas elecciones municipales. Naturalmente, esos comicios fueron una farsa, como todos los que se celebran en ese país, pues el régimen saudí es dictatorial y sus ciudadanos no eligen quienes les gobiernan entre una pluralidad de opciones políticas. Fue el último país en reconocer, de aquella manera, el sufragio universal. El último eslabón de una cadena por la igualdad real entre hombres y mujeres que comenzó en el siglo XIX. La historia del movimiento sufragista está inacabada, como la del feminismo, pues siguen existiendo enormes desigualdades, pero repasarla cerca del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, ayuda también a comprobar cuánto se ha avanzado en la lucha por la igualdad y cuántos sacrificios acarreó.

Fue en el Reino Unido a mediados del siglo XIX cuando surgió el movimiento sufragista. El derecho al voto no era tan antiguo, pero sólo se había aplicado a los hombres. En 1792 se publicó en Inglaterra, cuna del movimiento feminista, la obra Reivindicación de los derechos de la mujer, de Mary Wollstonecraft, un hito de la lucha por la igualdad. Lo cierto es que las mujeres quedaron fuera de este y otros avances sociales. Un grupo de mujeres británicas se rebeló contra esta injusticia y reclamó lo que aún hoy no se ha alcanzado: que la mitad de la población que son las mujeres tenga los mismos derechos que la otra mitad. Un momento decisivo en la historia del sufragismo fue la creación del la Unión Social y Política de Mujeres (WSPU, por sus siglas en inglés), de la mano de Emmeline Pankhurst, histórica del movimiento feminista.

Aquella asociación, nacida en 1903, llevó a cabo distintos actos de protesta. No todos pacíficos. Manifestaciones, huelgas, altercados en las calles, etc. Hace unos meses se estrenó en los cines la película Sufragistas, que describe con rigor histórico y brillantez la lucha de aquellas mujeres. También recoge el acto de protesta más dramático de las sufragistas, cuando fue Emily Davison murió arrollada por un caballo durante una carrera en la que pretendía dar voz a sus reivindicaciones, aprovechando la gran atención mediática del Derby.

Aquella muerte cambió poco a poco la opinión pública de la conservadora y patriarcal sociedad británica de comienzos del siglo pasado. El estallido de la I Guerra Mundial terminó por impulsar el movimiento sufragista. Muchas mujeres se hicieron cargo de empleos que ocupaban hasta entonces hombres, que fueron enviados a la contienda. Esa numerosa entrada de las mujeres en el mercado laboral fue la más evidente demostración de que las mujeres podían hacer los mismos trabajos que los hombres y, por tanto, debían gozar de los mismos derechos.

clara campoamor

Clara Campoamor, durante un discurso

Reino Unido reconoció el derecho del voto a las mujeres mayores de 20 años en 1920. Fue uno de los primeros países en el que se daba este paso después de no pocas manifestaciones, esfuerzos, reivindicaciones, protestas e incomprensiones. Quedaban casi todos los demás países del mundo. Los pioneros fueron Nueva Zelanda, en 1893; Australia, en 1902, y Finlandia, en 1906. También a inicios del siglo XX dieron este paso en pos de la igualdad en Canadá (1918), Alemania (1919) y Estados Unidos (1920), aunque en este caso sólo podían votar las mujeres blancas, por lo que no sirve precisamente como ejemplo de país igualitario en aquel tiempo. Poco después se sumarían a la vanguardia de la igualdad Ecuador (1929), Brasil y Uruguay (1932).

También entró en ese grupo de países pioneros en el reconocimiento del derecho femenino al voto España. La Constitución de la II República consagró ese derecho en 1931. Las mujeres españolas votaron por primera vez en 1933. Bajo la dictadura de Primo de Rivera pudieron votar (es un decir) las mujeres, pero sólo en elecciones municipales. Y no todas las mujeres, nada más las emancipadas mayores de 23 años. Quedaban fuera las mujeres casadas y las prostitutas. De la II República se recuerda el encendido debate que mantuvieron en las Cortes Clara Campoamor y Victoria Kent. Aquella, partidaria de aprobar de inmediato el voto femenino. La segunda, reticente al entender que el voto de las mujeres no era libre, por influencia de sus maridos y de la Iglesia. Ambas, incansables luchadoras por la igualdad. El Congreso aprobó el derecho al voto femenino con 166 votos a favor y 122 en contra. Cinco años después, con el golpe de Estado de Franco, ni hombres ni mujeres pudieron ejercer libremente su derecho al voto durante cuatro largas y grises décadas.

Vía| Claseshistoria.com

Más información| Almendron

Imágenes| Amantesdelahistoria y Revistacontemporartes

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