Historia 


Historia del diablo II. La presencia del demonio en América

Como pudimos ver en la primera parte, la creación del diablo cristiano fue un largo proceso que duró cientos de años. En él tomaron parte importantes teólogos como San Agustín de Hipona o Santo Tomás de Aquino, las propias Escrituras Sagradas, así como el mismo paso del tiempo y el curso de los acontecimientos que se dieron durante el final del Medievo y el comienzo de la Edad Moderna. Todo esto nos trae al momento de la llegada del hombre blanco al Nuevo Mundo: 1492; año que por todos es conocido, aunque desde el punto de vista de un americanista como yo, no se le da la suficiente importancia. Pero no es este el momento ni el lugar de hablar sobre la importancia del Descubrimiento de América, sino sobre la presencia el mal supremo en estas nuevas tierras.

canibalismo entre los indígenas

Canibalismo entre los indígenas

Desde el momento en el que los españoles llegaron al Nuevo Mundo y se encontraron con el indígena americano, comenzó a existir un contacto entre ambas civilizaciones, conocido como el encuentro con el “otro”. El propio Colón escribió sus definiciones sobre los nativos de las Antillas, en las que se hacía especial hincapié en que era necesaria la evangelización de los mismos. Es algo evidente que el marinero genovés tenía un especial interés en hacer creer a los Reyes Católicos la gran posibilidad de evangelización que representaban las Indias (aún sin él llegar a saberlo, ya que Colón escribió nada más llegar), ya que de este modo conseguía la legitimación regia de su empresa.

Desde el principio se observaron en la cultura de los nativos algunos comportamientos que resultaban aberrantes para los conquistadores, como podían ser el canibalismo o la idolatría. Este tipo de prácticas fueron achacadas a la presencia demoníaca existente entre estas gentes, la cual era necesario erradicar mediante la cristianización de los indios. Por esta razón, en las crónicas de Indias nos encontramos con constantes referencias a la presencia del demonio entre los indios.

Pero este demonio que nos encontramos en América no es más que el propio demonio cristiano-europeo-medieval que vimos en la primera parte, aunque, eso sí, trasladado a las sociedades amerindias. En realidad, la presencia de este ser maligno únicamente representa la incomprensión, por parte de los conquistadores, de las costumbres nativas, ya que muchos de los actos que se condenan simplemente no se comprenden. Por supuesto, existen otro tipo de actos, como es el caso del canibalismo, que son certeramente considerados antinatura por los evangelizadores. Ríos de tinta han corrido en el ámbito histórico (y en el no histórico) sobre este tema, pero a diferencia de algunas corrientes que con la intención de defender la cultura indígena terminan por confundir conceptos llegando a admitir el consumo de carne humana como un simple rasgo cultural, yo, por mi parte, defiendo que el canibalismo es un acto antinatural para la raza humana, por lo que fue acertadamente condenado por los evangelizadores (a diferencia de otros muchos rasgos culturales que simple y llanamente fueron eliminados sin otro motivo más que el de la supremacía de la cultura cristiana europea frente a la indígena).

extirpación de la idolatría

Extirpación de la idolatría

Una de las principales órdenes religiosas que protagonizó la evangelización americana fue la de los Franciscanos. Desde la perspectiva religiosa que tuvieron los franciscanos del siglo XVI, convencidos de que el diablo se había refugiado en el Nuevo Mundo, se proponen desterrarlo, labor que comienza eliminando las idolatrías que realizan los indígenas, en las cuales, según los frailes, se manifestaba claramente la soberanía del demonio. El cronista de Nueva Granada Rodríguez Freile, en su obra Conquista y descubrimiento del Nuevo Reino de Granada en las Indias Occidentales del mar Océano, mejor conocida como El Carnero, confirma el esquema de las mentalidades teológicas medievales y renacentistas, y avanza en la línea de los cronistas predecesores (como pueden ser Aguado y Simón), reconociendo el indígena como ser humano pleno, pero poseído por el demonio y desviado de la senda evangélica del bien y la verdad. En el siguiente extracto de la obra de Freile podemos ver reflejado lo que estamos diciendo: “Pero antes de esa victoria [la de Jesús en la cruz y su victoria sobre el demonio], y antes que en este reino entrase la palabra de Dios, es muy cierto que el demonio usaría su monarquía, porque no quedó tan destituido de ella que no le haya quedado algún rasgo, particularmente entre infieles y gentiles, que carecen del conocimiento del verdadero Dios; y estos naturales estaban y estuvieron en esta ceguedad hasta su conquista, por lo cual de demonio se hacía adorar por dios de ellos, y que se le sirviesen con muchos ritos y ceremonias”.

Como estamos viendo, no podemos hablar de una imagen del demonio que se perpetúa en el tiempo, sino más bien de algo variable. El demonio es el resultado de una compleja urdidumbre de ideas e imágenes, que constantemente están cambiando para adecuarse a los cambiantes tiempos. No hay , ni habrá, una imagen permanente o constante del demonio. Las lógicas culturales de cada región, insertas dentro de momentos históricos muy concretos, han terminado por adecuar el demonio a los requisitos, a las carencias o a los miedos de cada sociedad en proceso de formación, de consolidación o de crisis.

 

Vía: DI NOLA, Alfonso M.: Historia del diablo. Las formas, las vicisitudes de Satanás y su universal y maléfica presencia en los pueblos desde la Antigüedad hasta nuestros días, Madrid, 1992. VACAS MORA, Víctor: “Morfología del Mal: el demonio en el Viejo y en el Nuevo Mundo. Una visión del “demonio” totonaco”, Anales del Museo de América, 16, 2009, págs. 65-80.

Imagen|Canibalismo, Extirpación idolatría

En QAH| Historia del diablo (I): Nacimiento y desarrollo antes del descubrimiento

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