Cultura y Sociedad 


Historia del carnaval gaditano

El inicio del carnaval como expresión festiva y de desenfreno popular lo encontramos en el cristianismo y en relación con la Cuaresma (aunque si nos retrotraemos aun más, también podemos relacionarlo con fiestas como las bacanales o las saturnales). Desde la Edad Media se entendió el tiempo de carnaval como una época de excesos y de liberación antes de la penitencia y el recogimiento que suponía la Cuaresma. La primera referencia del carnaval nos cuenta que a finales del siglo XVI, en tiempo de carnaval, las gaditanas se arrojaban flores entre ellas en tono de broma. De esta misma época son una serie de documentos que advierten a los eclesiásticos y colegiales que habían de quedar al margen de bailes y otras manifestaciones que expresaba el pueblo en tiempos de carnaval. Los documentos que hacen referencia a las fiestas de carnaval (centrándonos ya en Cádiz) de años posteriores son numerosos. En algunos de ellos se ve la impotencia del poder de controlarlos; como uno en el que se cuenta que los gaditanos que trabajaban en el muelle se negaban a reparar un barco por encontrarse en fechas de “Carnestolendas”.

A lo largo del siglo XVIII se sucedieron numerosos dictados del poder con intención de recortar el peso del carnaval. En el año 1716 se prohíben los bailes de máscaras, este tipo de prohibiciones de dieron en toda la centuria, pero existen testimonios que afirman que aquí en Cádiz eran burladas y desobedecidas con frecuencia.

Cartel del carnaval de Cádiz de 1904

Cartel del carnaval de Cádiz de 1904

El siglo XVIII pasó entre prohibiciones y restricciones por parte del poder, pero que no resultaron muy efectivas. El siglo XIX será un siglo de gran importancia para el carnaval gaditano. Tenemos constancia de que en este lugar, ni siquiera durante el asedio francés dejó de celebrarse la fiesta de carnaval ni durante el reinado de Fernando VII, que sólo permitió los bailes de máscaras pero que no logró el cese de la celebración del carnaval en todo su conjunto en Cádiz. A partir de esta época, los decretos de carnaval fueron a tenor del gobierno de cada momento, variando desde una prohibición total en tiempos del Sexenio Absolutista (sin mucho éxito) hasta un carnaval libre en tiempos del Trienio Liberal. Destacó el carnaval del año 1821, con multitud de bailes de máscaras, cuadrillas y disfraces, y sin desórdenes públicos destacables. A la muerte de Fernando VII y con la regencia de María Cristina, el carnaval tomó un nuevo camino, y se dio una etapa de gran esplendor en todo el país. Podríamos decir que a medida que el carnaval ganaba libertad y popularidad, las clases altas se fueron alejando de él manifestando animadversión hacia la fiesta y logrando su desprestigio desde los periódicos y el Ayuntamiento (controlados en cierta forma por ellos). Tan sólo salvándose de las críticas las manifestaciones burguesas como los bailes y fiestas privadas de esta élite social. El poder local tratará de controlar las costumbres populares, y verá en el carnaval una fórmula de atraer turistas a la ciudad y así generar riqueza.

A principios del siglo XX el carnaval se reforzó aun más con muchos más espectáculos y esplendor. En Cádiz, el carnaval se fue centrando en las agrupaciones, que fueron ganando terreno a otras manifestaciones populares que habían ganado importancia en el siglo XIX como los bailes de máscaras. En el año 1937 el general Francisco Franco prohíbe por completo la celebración del carnaval, aunque sigue latente de forma oculta, en la ciudad gaditana. A partir de 1949, a raíz de la explosión de Cádiz, el gobierno comienza a permitir su celebración, pero bajo el nombre en primer lugar de “Fiesta de los coros” y, posteriormente, de “Fiestas Típicas Gaditanas”, en un afán de acabar con la memoria del anterior “Carnaval”. El proceso de desfiguración del carnaval tocó techo en 1967, cuando, con la excusa del mal tiempo en febrero, se trasladó la celebración de la fiesta al mes de mayo, llenando la fiesta de casetas y expresiones que poco o nada tenían que ver con la tradición del carnaval en Cádiz.

Esta etapa tocó fin en el año 1977, cuando se reinstaura la democracia y el carnaval va poco a poco tomando la forma que tenía antes de la dictadura. Es obvio que la característica de mayor importancia de esta nueva etapa respecto a la etapa franquista es la ausencia de censura en todos los ámbitos del carnaval.
Vivió el carnaval un punto de esplendor hace algunos años. Hoy día el carnaval gaditano se ha abierto al mundo con su nombramiento como “Fiesta de interés turístico internacional”. Esto ha hecho del carnaval una fiesta mucho menos localista. Las únicas tradiciones que se mantienen de la época previa al franquismo son los disfraces y las agrupaciones carnavalescas, aunque muy distantes de lo que antes se vio. Hay quien habla hoy día del carnaval como un “macro-botellón”, hablar de esto, de lo positivo y lo negativo, sería entrar en debate, pero lo que sí está claro es que es un exponente más de la evolución que ha vivido esta fiesta.

 

Vía | “Carnaval en Cádiz”, de Alberto Ramos Santana. Editado por El diario de Cádiz. Cádiz, 1993 “El carnaval secuestrado o Historia del carnaval”, de Alberto Ramos Santana. Editado por Quorum Editores. Cádiz, 2002

Imagen | Cartel carnaval de Cádiz de 1904

 

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