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Historia de una mujer abnegada o el mito de Alcestes

Alcestes o Alcestis (en griego antiguo Ἄλκηστις Álkêstis) es según la mitología griega, la más hermosa de las hijas de Pelias, rey de Yolco en Tesalia y de Anaxibia, hermana de Acasto, que envió a Jasón a conseguir el vellocino de oro.

Su historia se recoge en La Biblioteca de Apolodoro y en ella se narra cómo Alcestes era una joven de gran belleza, que contaba con numerosos pretendientes, por lo que su padre ideó una prueba para elegir a su futuro esposo: la princesa se casaría con aquel que lograse uncir un león y un jabalí.

Entre todos los interesados, el elegido finalmente resultó Admeto, un hombre famoso por su hospitalidad y justicia,  que obtendría la mano de la joven, gracias a la ayuda del dios Apolo, puesto que éste, desde hacía tiempo, venía brindándole su simpatía y favor.

El dios de las artes y de la música, tiempo atrás, había tenido un hijo con una mujer mortal, Asclepio. Éste, era tan hábil como médico que conseguía arrebatar sus presas a la propia muerte, por lo que ella se quejó ante Zeus, quien de inmediato le fulminó con su rayo, enviándolo al Hades. Apolo quiso vengarlo atacando a su vez a los Cíclopes, forjadores del fuego de Zeus y por ello, tuvo que expiar esta culpa sirviendo como boyero en el palacio de un hombre mortal. El hombre no fue otro que Admeto y el dios agradecido por el buen trato recibido de su amo, decidió premiarlo aparte de con su protección, con dos favores: conseguir a Alcestes, la mujer que amaba y la posibilidad de aplazar su muerte, si se daba el caso de que otra persona se ofreciera a morir en su lugar.

Admeto debe morir. Ilustración para una obra de Charles Mills

Admeto debe morir. Ilustración para una obra de Charles Mills

Pasaron los años y al mortal le llegó la hora de navegar por la laguna Estigia. Entonces, cumpliendo su palabra, Apolo persuadió a las Parcas para que lo dejaran vivir si éste podía convencer a otro para que muriera en su lugar, pero Admeto no encontró a nadie dispuesto a morir por él, aunque recurrió a sus ancianos padres y a sus esclavos más leales.

Solo su esposa aceptó el sacrificio. Apolo fue sorprendido por una mujer de arrogante presencia, que le dijo “Soy Alcestes, la reina, yo ocupare el lugar de mi marido”. El dios, consternado, trató de disuadirla, esgrimiendo a su juventud y al desamparo en que dejaría a sus hijos. Pero Alcestes se mantuvo firme, pues el amor por su esposo era mucho mayor que cualquier otro sentimiento.

Alcestes da la vida por Admeto. Friedrich H. Füger

Alcestes da la vida por Admeto. Friedrich H. Füger

Lleno de pesar, Apolo dispuso todo para que la joven ocupara el lugar del rey, ya casi agonizante y pronto la reina empezó a languidecer mientras que él inició una tímida pero firme mejoría. A los pocos días, ella se hallaba ya a las puertas de la muerte y durante una angustiosa y fría noche, llegó el propio Tánatos con su guadaña y tocando a Alcestes con sus fríos y huesudos dedos, le ordenó que le siguiera.

Muerte de Alcestes. Pierre Peyron

Muerte de Alcestes. Pierre Peyron

No obstante, el final de la historia en la mitología, es feliz: Heracles -compañero de Admeto en la expedición de los Argonautas- llegó de visita y preguntó por el motivo del duelo que había en palacio. Entonces, se le explicó que la reina Alcestis había muerto en lugar de su esposo que, bañado en lágrimas, lamentaba su triste destino: perder a la mejor de las mujeres.

Heracles sorprendido, decidió descender al Hades, en busca de la joven. Llegó el momento preciso de arrancar de las garras de Tánatos a ésta mujer valerosa y cuando la muerte se inclinó sobre la reina para tocarla, una mano firme y poderosa la apartó de su víctima. Tánatos no obstante, no renunció fácilmente, pero al final y después de muchas peleas que lo dejaron casi sin aliento, Heracles consiguió que la propia muerte sintiese temor y que tras zafarse del poderoso abrazo que la asfixiaba, huyese mascullando una serie de maldiciones. De este modo, Hércules devolvió a la joven a la tierra, entre los vivos, más hermosa que nunca, para que viviera al lado del hombre por el que había sido capaz de morir.

Alcestes regresa del Hades. Johann Heinrich

Alcestes regresa del Hades. Johann Heinrich

Pronto Alcestes mejoró con inusitada rapidez, la alegría de los dos esposos no tuvo límites y nunca se cansaron de agradecer al semidios el favor que les había otorgado, después gobernaron por largos años trayendo a su reino prosperidad y paz.

Ahora bien, como todo mito, tiene otras interpretaciones, como aquella que nos indica que fue rescatada por la propia Perséfone, quien impresionada por la abnegación de Alcestes le había enviado espontáneamente al mundo de los vivos.

Sea como fuere, en virtud de esta leyenda, los griegos consideraron a Alcestes como tipo del sacrificio conyugal y la historia mitológica ha conocido una repercusión posterior, tanto en el campo de la música como en el de la literatura. De hecho, existen varias obras que hacen referencia a este mito, tal es el caso de las óperas de Häendel y Gluck o las tragedias de Eurípides, puesto que Alcestes es una de las más tempranas obras supervivientes del dramaturgo griego.

Finamente, y a modo de curiosidad, como ocurre con otros personajes mitológicos, Alcestes se relaciona con la astronomía. En concreto, un asteroide o pequeño planeta de los que circulan entre Marte y Júpiter (que lleva el número 124) y fue descubierto por Peters  el 23 de agosto de 1872, recibe su nombre.

Vía| GRIMAL, P. (2015): Diccionario de mitología griega y romana. Paidós, Barcelona

Imagen| Admeto debe morir ; Alcestes da la vida por Admeto ; Muerte de Alcestes ; Alcestes regresa del Hades

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