Patrimonio 


Historia de una escalera

Dedicamos el artículo de hoy al mundo de las escaleras atendiendo, sobre todo, a su estética y  cómo han ido cambiando con las diferentes etapas artísticas para detenernos en las que más han destacado a lo largo de la Historia del Arte y que, al mismo tiempo, revelan el talento de quien las realizó.  Es difícil concentrarlas todas en un solo artículo, pero sí que traeremos algunos de los ejemplos más bellos.

Las escaleras son una de las construcciones más antiguas de la humanidad aunque es difícil precisar con exactitud su origen en el tiempo, se estima su aparición en torno al año 6000 a. C. Lo que sí parece estar más claro es que no nacieron con una intención estética sino con un carácter plenamente funcional. La escalera en su origen servía para dar significado a su sentido más básico, el poder moverse de un sitio a otro y poder salvar las dificultades que presentaba el terreno. Con el paso del tiempo se fue atendiendo cada vez más al diseño de las mismas y desde la antigüedad tenemos constancia de esta intención. En este aspecto destaca el famoso arquitecto romano Vitrubio que en el siglo I d. C. ya dispuso las reglas de dimensionamiento de todo tipo de escaleras. Sus estudios se basaban en cálculos que recogían el Teorema de Pitágoras donde las escaleras debían estar en consonancia y armonía con el resto del edificio.

Escalera dorada. Catedral de Burgos, Gil de Siloé, 1519.

Las escaleras de la Edad Media desempeñan sobre todo funciones militares y se sitúan en torres, miradores de castillo y conventos. En España destaca la escalera del Monasterio de Santa María de Huerta en Soria. Es una escalera que conduce al púlpito y que aparece aligerando el muro con sus arcos. De principios del XVI  una de las escaleras más interesantes que  encontramos en España es la Escalera Dorada de la Catedral de Burgos, ubicada en el brazo norte del crucero y diseñada por Gil de Siloé, que conecta el interior con la Puerta de la Coronería. Siloé aplica en esta escalera,  primera obra en España, lo aprendido en Italia, organizando una estructura monumental donde el arranque con un solo tiro inicial se bifurca en dos paralelos al muro de fondo que, tras los rellanos, asciende en sentido contrario para alcanzar la puerta. Esta estructura se enriquece con los tres nichos y el barandal plateresco del rejero francés Maestro Hilario.

Escalera Laurenciana. Miguel Ángel, h. 1524.

Del Renacimiento destaca sobre todo la Escalera Laurenciana que Miguel Ángel proyectó para la biblioteca medicea. Esta escalera es la verdadera protagonista del vestíbulo y ocupa casi dos tercios del espacio. Tiene tres tramos distintos que se unen en el descansillo y vuelven a arrancar unificados para conducir a la sala de lectura. Se ha escrito de ella que parecer salir de la sala de lectura como un gran mar de lava, sensación promovida por su estructura y plasticidad. Una obra que más bien parece una fachada exterior, donde el genio agita los elementos para romper con la armonía, la calma y la proporcionalidad del más puro Renacimiento. Otro tipo de escalera que destaca en el Renacimiento es la escalera colgada de un ojo central, donde la rampa gira alrededor del hueco. Son de peldaños rectos, mejoran la perspectiva y ofrecen una mayor armonía entre planta y alzado. De este tipo de escalera, resuelta a modo de rampa,  destaca la que realizó Bramante para el Palacio Belvedere.

En el Barroco de la Contrarreforma y su búsqueda del eterno efecto teatro, la escalera se presenta al arquitecto como un nexo de unión entre lo terrenal y lo espiritual. La escalera es ahora un elemento centralizado, coronado por cúpulas, linternas o techos con bellos frescos. Destaca la escalera barroca de la Sala Imperial del Palacio de Wurzburgo donde además de la arquitectura de la escalera destaca un bello fresco del “Triunfo de Apolo” pintado por Tiépolo. Del periodo barroco no podemos olvidar la “Scala Regia” de Bernini. Encargo de Alejandro VII y realizada entre 1663 y 1666, tenía como fin comunicar el atrio de San Pedro con los Palacios Vaticanos. Para su realización, el genio barroco, contaba con la dificultad de un espacio limitado, algo que consigue eliminar con los efectos de perspectiva, ya que la escalera se estrecha conforme asciende. Los efectos de luz que añadió le otorgan la grandiosidad que la caracterizan.

Escalera de la Casa Tassel. Víctor Horta, 1893.

El efecto monumental que el Barroco concedió a la escalera se mantiene hasta el XIX y es ejemplo de ello la escalera de la Ópera de París, de Garnier e inaugurada en 1875. Construida con mármoles de diferentes colores, la doble escalera lleva desde el vestíbulo al auditorio y es símbolo de la opulencia de la alta sociedad parisina de la época. Avanzado el XIX hay una reacción contra los elementos anteriores donde el diseño se mezcla con los nuevos materiales y solo al final de siglo surge un estilo innovador que se impone frente al eclecticismo: el modernismo. Destaca en esta época las ideas y diseños del arquitecto Antonio Gaudí que recupera materiales olvidados como la madera y realiza formas híbridas relacionadas con la naturaleza.

También destaca el arquitecto Víctor Horta que se caracteriza por un lenguaje muy fluido influido por el mundo oriental. Especialmente interesante es la escalera para la “Casa Tassel”, que representa un diálogo entre la piedra y la flexibilidad del hierro. En el siglo XX se impone el hormigón armado que ofrece una continuidad total en las rampas. Con el racionalismo, donde destaca Le Corbusier, se muestra una estética depurada en formas y elementos. Con él la escalera sigue teniendo un espacio especial en la arquitectura.

 

Vía| GOMBRICH, E.; Historia del Arte. Ed. Alianza Forma. . VARRIANO, J.; Arquitectura italiana del Barroco al Rococó. Alianza Editorial, 1990.

Más Información|Monasterio de Santa María de la Huerta (Soria), Cosas de arquitectos.

Imagen|  Escalera dorada de la Catedral de Burgos, Biblioteca Laurenciana, Escalera de la Casa Tassel.

 

 

 

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