Cultura y Sociedad, Historia 


Hispanoamérica, no Latinoamérica (I)

Llevo tiempo pensando escribir sobre este tema, pero es el raudal de comentarios que la elección del nuevo Papa ha desatado lo que me ha decidido a poner negro sobre blanco mis reflexiones. Los medios de comunicación nos bombardean día y noche con la noticia de que, por primera vez en la historia, se ha elegido a un Papa jesuita y latinoamericano. Así, cualquiera, desde un portero a un Jefe de Gobierno, se hacen eco y repite sin pensar el adjetivo: latinoamericano, latinoamericano, latinoamericano.

Maximiliano I de Habsburgo, II Emperador de México (1832-1867)

Maximiliano I de Habsburgo, II Emperador de México (1832-1867)

En un mundo dominado por lo políticamente correcto –léase la dictadura de los mediocres a través del lenguaje- este es uno de los términos que más se repiten, y más incorrectos  son –por ofender a la propia razón- aunque se empleen corrientemente sin ningún tipo de escrúpulo ni reflexión. Como ya saben mis ilustres lectores, un servidor encuentra gran regocijo en los temas históricos, así que voy a contarles una batallita, que nunca viene mal. Les pongo en situación; tras la suspensión del pago de la deuda externa mexicana por el Presidente Benito Juárez, las potencias europeas acreedoras de tal deuda, con la Francia de Napoleón III al frente, deciden responder a la llamada de ayuda de los conservadores mexicanos, que ofrecen reinstaurar la corona imperial (desaparecida con el fusilamiento de Agustín de Iturbide, I emperador de México, en 1824) en un príncipe europeo. Así, Francia invade México para obligar al pago de la deuda, y sienta en el trono imperial a Maximiliano de Habsburgo en 1863. Sin embargo, corto habría de ser su reinado, pues los franceses sufrieron una debacle a manos del ejército mexicano, siendo la batalla de Puebla en 1864 el inicio de la derrota y retirada de las tropas francesas. Tras muchos avatares que no tiene interés señalar aquí, Maximiliano fue fusilado en Querétaro el 19 de junio de 1867.

Volviendo al asunto que nos ocupa, lo esencial de este episodio es que, desde que sus tropas pusieran un pie en suelo mexicano, Napoleón III, en pleno ascenso del imperio colonial francés, se esforzó mucho en que se usase y se difundiese el término Latinoamérica, prácticamente desconocido hasta entonces, y empleado por primera vez por el chileno Francisco Bilbao en 1856 en París. Retomando este término, el objetivo de Napoleón era emplear la propaganda para magnificar el poder colonial francés, queriendo así hacer un hueco en la historia para Francia, cuya presencia en el continente americano siempre fue menor que la de España, Portugal e Inglaterra, y disolver los lazos entre España y sus antiguos virreinatos. Hasta ese momento, se hablaba de Hispanoamérica o de Iberoamérica (sinónimas en este sentido, pues la Hispanidad abarca a Portugal) para denominar un subcontinente no sólo ligado a España y a Portugal por lazos políticos que duraron siglos, sino también para señalar la proximidad cultural (que no identidad, el mundo hispánico nunca se ha construido sobre una radical igualdad) que unía, y sigue uniendo hoy en día, a los habitantes de los ya extintos Imperios Español y Portugués. Por la parte que le toca a Francia, debe recordarse que su presencia en América se centraba en el norte, con las posesiones del Canadá y de la Luisiana, siendo menores sus plazas en el sur (Guyana, Haití…). Si además tenemos en cuenta que estas plazas sólo gozaron de estatuto colonial (muy distinto, por constreñido, al estatuto virreinal de los dominios españoles), y que prácticamente no se produjo mestizaje e integración entre los nativos, los franceses y los negros traídos de África como esclavos, es dudoso plantear que la relación de Francia con estas posesiones sea equiparable a la que mantuvieron España y Portugal con los propios, mucho más estrecha.

Napoleón III, Emperador de los Franceses (1852-1870)

Napoleón III, Emperador de los Franceses (1852-1870)

Napoleón III (casado por cierto, con la española Eugenia de Montijo) se olvidó de todo esto y empezó a proclamar a los cuatro vientos que las Américas central y del sur (y parte de la del norte, si contamos México y parte del Caribe) eran de esencia española, portuguesa, pero también francesa, por lo que sería más adecuado hablar de Latinoamérica, pues el adjetivo latino abarca a las tres viejas naciones, haciendo a Francia un hueco en la historia que hasta entonces no tenía. La pregunta que se plantea es cómo este ejercicio de propaganda política consiguió calar en las distintas sociedades y sobrevivir al paso de los años, llegando hasta nuestros días y deviniendo de uso común.

En la próxima entrega continuaremos con esta problemática desde un punta de vista más actual.

Vía|¿Latinoamérica, Hispanoamérica o Iberoamérica?

Imagen| Maximiliano de Habsburgo, Napoleón III

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