Salud y Deporte 


Hernias de disco: la danza viva

“-Tengo miedo.

-Entiendo. El miedo suele ser normal después de seis meses con dolor.

-Al final me van a operar. Tengo los discos herniados.

-Sé que es la primera vez que te ve un fisio, ¿te gustaría que hablásemos sobre esos discos? ¿Quieres que te explique cómo son y cómo se comportan?

-Sería estupendo.

-Lo primero que vamos a hacer es cambiarles el nombre; llamémosles transductores de fuerza vivos y adaptables. Imaginemos un conjunto de tejido moldeable y asombrosamente fuerte, como un bailarín de danza.

Imaginemos ese bailarín: flexible pero a la vez capaz de soportar elevadas cargas mientras se mueve de manera prodigiosa en el espacio. Dispuesto de una malla que le protege, ligamentos súper fuertes lo refuerzan. Un cuerpo capaz de luchar contra la gravedad y desafiar las leyes mecánicas que se le presentan entre su suelo y la bailarina que porta mientras gira, se inclina y se extiende o flexiona. Un espectáculo que sucede durante cada movimiento de nuestra espalda que posibilita que nuestra bailarina (la médula espinal) quede protegida, sin perjuicio de que el resto de nuestro cuerpo pueda desplazarse de forma tridimensional por el entorno que nos rodea. 

Pero nuestro “transductor” no es inerte; está vivo. En su superficie existen fibras que pueden ser irritadas. Como cualquier parte del cuerpo, ¿verdad? 

El bailarín puede lesionarse; y entonces las estructuras cercanas al mismo se irritan igual. Es lógico pensar que la iluminación, el atrezzo, los músicos, etc. cesen de actuar e intenten trabajar para que nadie salga perjudicado, en especial la compañera de baile. Por ello, músculos, ligamentos y demás estructuras pueden irritarse cuando nuestros “transductores de fuerza” de lesionan. Y en tal caso es lógico pensar que nuestro bailarín necesite un tiempo de recuperación; como cualquier parte de nuestro cuerpo, ¿no es cierto? 

Los bailarines suelen ser resistentes y están educados en la disciplina. Por ello es posible que si se lesionan aguarden algún tiempo antes de quejarse; posiblemente un “transductor de fuerza” lesionado no duela inmediatamente sino algunas horas después. Podemos sentir dolor y rigidez el día después de la lesión.

Y entonces ¿qué? ¿ el espectáculo debe continuar? ¿pase lo que pase? Para nada. El bailarín necesita un tiempo de recuperación. Pero no por ello va a abandonar la danza.  ¿Imaginas un bailarín al que se le prohíba bailar? En cuanto esté listo recuperará su capacidad y virtuosismo y DEBE MOVERSE.

Cuando nos lesionamos debemos respetar los tiempos de recuperación, pero, después, volveremos estar listos para el baile. Y estos bailarines curan despacio, pero curan. Es posible que para ello debamos respetar que las estructuras cercanas, de las que antes hablamos también estén listas. Pero están hechas para el movimiento y “la función”.

-Está bien, pero a mi me han dicho que los discos se desgastan.

-Y así es; también nuestra piel, y nuestros ojos.”

Ningún bailarín es inmortal ni inmune al paso del tiempo ni a los esfuerzos de la danza. Envejecen junto a los  músicos y los compañeros de atrezzo. Presentan cicatrices y las lucen con orgullo entre sus tejidos, y en ocasiones no podremos diferenciar si estas son por antiguas lesiones o por el paso del tiempo. 

Y ahora tu decides, ¿bailamos?

danza

-Bailamos.

-Está bien. Empezaremos por el principio. Poco a poco, nada de improvisar. Por cierto, nos queda hablar sobre el cerebro; el director de la compañía de baile… pero eso lo dejamos para la siguiente entrada.”

 

 

* Vía|http://www.noigroup.com/en/Product/EPBII
* Imagen|danza
* En QAH|Me está doliendo

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