Historia 


Heliogábalo, un sacerdote excéntrico en el trono de Roma

Busto del emperador Heliogábalo.

Busto del emperador Heliogábalo.

Marco Opellio Macrino llegó al trono gracias a la difícil situación en la que se encontraban las tropas de Caracalla en Partia después de su muerte. El asesino del emperador no tenía la suerte de gozar de la simpatía y la lealtad del ejército, a pesar de contar con la aprobación del senado, que estaba feliz de haberse librado de un tirano.

Después de la muerte de Julia Domna, madre del difunto emperador, las principesas sirias, familiares de la augusta, fueron invitadas a abandonar el palacio y a volver a Emesa, su ciudad natal. Desde allí siguieron atentamente los movimientos de Macrino, que por aquel entonces se encontraba en la capital siria celebrando una victoria de poca importancia. Dicha pérdida de tiempo, sumada a la demora del dinero extra prometido por Caracalla, sólo aumentó el descontento de las tropas, acostumbradas a la vida austera en campañas.

De la impopularidad del nuevo gobernante se aprovecharon las tres viudas, Julia Maesa, hermana de la difunta emperatriz Julia Domna, y sus dos hijas, Julia Soemia y Julia Mamea. Maesa había aprendido mucho de sus años en la corte y se decía de ella que era una mujer extremadamente intuyente que conocía bien la naturaleza humana. El futuro emperador Heliogábalo nació en el año 203 d.C., hijo de Julia Soemia y Sexto Vario Marcelo, bajo el nombre de Vario Avito Basiano. Julia Mamea dió a luz cuatro años después a otro niño, Alejandro Basiano, que succedería a trono a Heliogábalo.

Maesa tenía prestigio, dinero y era una política talentosa, cualidades que utilizó para dar el último empujón a un rebelión entre los soldados. Escogió a Vario Basiano como pretendiente a trono, un niño de trece años remarcable por su vivacía, su cara cubierta de maquillaje y sus ropas de tela brillante y colorida. Siendo sacerdote acudía así vestido al templo de Heliogábalo, lugar donde los soldados pasaban mucho tiempo, atraídos por las espectaculares procesiones y la música caótica. La más mayor de las sirias llevaba súbtilmente una campaña a favor de su nieto, llevando a los soldados incluso a creer que era el fruto de una relación incestuosa entre Julia Soemia y su primo Caracalla, muy popular entre ellos. Siendo ya famosas las aventuras amorosas de su hija nadie puso en cuenta la veracidad del rumor, ignorando la edad prematura que Caracalla tenía (apenas dieciséis años) cuando el nieto de Maesa llegó al mundo.

La astuta siria organizó un complot en contra de Macrino, que no se tomó la situación de Emesa demasiado en serio, llamándolo un juego de niños. La noche del 16 de Mayo de 218 fue decisiva. Maesa salió delante de los saldados a hablarles, prefiriendo arriesgarlo todo a permanecer en el anonimato. Las tropas, al ver la cantidad de oro que se les ofrecía, reconocieron al joven Heliogábalo como emperador. Macrino se dio cuenta de la gravedad del asunto y, asustado ante semejante situación, cogió sus tropas y se dirigió hacia allí. Intentó sobornar a los soldados, pero cada vez más le abandonaban para sumarse a la defensiva del nuevo emperador.

El 8 de junio se celebró una lucha decisiva en la frontera de Siria y Fenicia. La derrota del joven sirio era evidente, pero su salida frente a las tropas con un gladio en la mano animó a los hombres y, como por milagro, vencieron. Macrino se desvistió de las ropas imperiales, se afeitó la barba para no ser reconocido y se fugó con el plan de llegar a Roma en busca de la protección del senado. Pero no consiguió llegar demasiado lejos cuando fue capturado y ejecutado.

Después de la victoria la familia se tuvo que quedar unos meses más en Siria, ocupándose de eliminar a los simpatizantes de Macrino, e incluso a

Áureo mostrando el perfil del joven emperador.

Áureo mostrando el perfil del joven emperador.

algunos de Heliogábalo que se mostraron demasiado pretenciosos en cuanto a la recompensa. Marcharon rumbo a la capital en la primavera del año 219 d.C.

Heliogábalo trajo consigo a Roma a su dios favorito de Emesa junto a la comitiva. Entró en la capital el 29 de Septiembre con una suite que recordaba a bacanales orgiásticas. El histórico Herodiano dijo que nada más llegar empezó a llevar un vida desordenada, dedicada por completo al dios del sol. Vestía ropas de hilo de oro y llevaba brazaletes gruesos y una corona en forma de tiara hecha de oro y piedras preciosas. Despreciaba la armadura militar y las ropas civiles tanto romanas como griegas. En sus monedas se intitulaba como Pius Felix Augustus y sacerdos Dei Solis Elagabali (sacerdote del dios del Sol Heliogábalo). La depravación empezaba a dominar Roma y eso escandalizaba a los ciudadanos. Sus exhibiciones sacras y perversas no sólo parecían ridículas a ojos de los romanos, sino que también parecían un desafío ante la seriedad de las tradiciones. Se había rodeado de esclavos, libertos, acróbatas y aduladores que le apoyaban en su nuevo proyecto de reemplazar la venerada estatua del Júpiter del Capitolio por una del dios Heliogábalo. Muchos fueron los históricos que relataron las depravaciones a las que se entregaba este degenerado adolescente, controlado por el dios del desenfreno.

Por primera vez en la historia de Roma dos mujeres, Maesa y Soemia, participaban en las reuniones del senado, al lado de los cónsules, a manera de regentes. Aunque sólo la abuela ejercitaba sus poderes de emperatriz-regente, ya que Soemia parecía preferir seguir con el estilo de vida de su hijo.

El emperador estuvo casado cinco veces en un período corto de tiempo. La unión con última de ellas, una vestal, constituyó un sacrilegio escandaloso, pues las vestales eran sacerdotisas vírgenes que tenían prohibido cualquier tipo de relación carnal. Heliogábalo se excusó diciendo que entre un pontífico máximo, título sacerdotal que se les acordaba a todos los emperadores, y una vestal nacerían hijos divinos.

Finalmente, el dios Heliogábalo fue proclamado suprema divinidad del imperio, además de fusionar a todos los dioses solares de la religión romana, griega y las bárbaras. Un cuadro a tamaño real del emperador oficiando un sacrificio en honor al dios sirio se colgó en la sala senatorial. Se construyeron varios templos más, de los cuales destacó Elagabalium, lugar que decidió transformar en centro religioso. Allí se transportó el fuego sagrado de Vesta, el culto de Marte, Minerva, Cibeles y de muchas otras entidades divinas. Incluso celebró una boda ficticia entre una diosa cartaginesa de la luna y el dios del sol. El acontecimiento fue celebrado en toda la península itálica.

Denario con el perfil de Julia Maesa, abuela de Heliogábalo.

Denario con el perfil de Julia Maesa, abuela de Heliogábalo.

La anciana observaba llena de preocupación como las extravagancias de su nieto pisoteaban las tradiciones y la austeridad romana. La ostilidad crecía diariamente entre la plebe y los soldados, señal de una pronto hundimiento.

Dio Casio y Herodiano cayeron de acuerdo en que el joven fue un caso patológico, una creación del depravado mundo del misticismo, que le convirtió en un psicópata sexual.

Cuando entraba en el senado o visitaba los campamentos militares lo hacía acompañado de su abuela para inspirar respeto, pues por si solo no lo conseguía. Pero la opinión pública empezó a pensar que Maesa era demasiado indulgente y su prestigio empezó a caer en picado junto al de su nieto. Ella se dio cuenta de que el estado se encontraba al borde de una rebelión general y ya nada podría salvar al emperador, así que ideó un plan minucioso para hacer que el poder permaneciese en la familia. Poco a poco introdució a Alejandro Basiano, hijo de Julia Mamea, a la vida pública.

El más joven de los primos fue mantenido al márgen de los desenfrenos que habían arruinado el carácter de Heliogábalo y parecía contar con buenas cualidades como la decencia y la responsabilidad, que hicieron al senado dar el visto bueno cuando el emperador le adoptó como sucesor. Para satisfacer a su abuela, Alejandro Basiano adoptó el nombre de Marco Aurelio Severo Alejandro, que recordaba mucho al de Caracalla.

A Heliogábalo no pareció importarle la popularidad creciente de su primo ni su extrema implicación en los asuntos del senado y fue demasiado tarde cuando se dio cuenta de que Alejandro Basiano se encontraba allí para sustituirle prontamente.

Alarmado, el emperador buscó el apoyo del senado para anular la adopción, pero la petición le fue denegada. Los pretorianos empezaron a mostrar un comportamiento más hostil, obligando al emperador a echar a la viciosa muchedumbre que ocupaba el palacio imperial. Eran selectivos con las órdenes que ejecutaban y se habían convertido en simpatizantes del “pequeño césar”, apodo con el que Alejando se había dado a conocer.

Heliogábalo, lleno de furia, mandó la ejecución de los partidarios de su primo y de los que se encontraban en la base de una rebelión cada vez más evidente. Los soladados, hartos y llenos de resentimiento, le acorralaron a él y a su madre y les mataron. Los cadáveres fueron dejados en las calles de la capital y deshonrados, para días después ser arrojados en los canales que desembocaban en el río Tíber.

El dios del sol Heliogábalo cayó junto a su gran adorador. Los santuarios fueron vaciados y los objetos sacros y de culto retomaron sus lugares; la revolución religiosa había fracasado. Maesa siguió reinando sabiamente hasta el año de su muerte, en 226 d.C., cuando le entregó el poder a su hija Julia Mamea, que se encargó de tomar las riendas del imperio hasta que Alejandro Severo fuese capaz de gobernar.

Vía| Anthony Birley – Lives of later Caesars

Imágenes| Busto; Áureo; Denario

En QAH| Atila, rey de los unos y terror de los romanos (I)Atila, rey de los unos y terror de los romanos (II)

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