Patrimonio 


Helena Almeida, el cuerpo azul

Pintura habitada, 1975

Cuando Helena Almeida vio la luz por primera vez en la vieja Lisboa de 1934, ya estaba destinada a ser una gran artista. Su padre, Leopoldo de Almeida, era un escultor y diseñador de cierto prestigio, por lo que las inquietudes creativas de la pequeña Helena encontrar pronto apoyo en su ámbito familiar. Con el tiempo, Almeida desarrollaría una fulgurante carrera artística que la situó a la cabeza de la práctica portuguesa contemporánea, siendo la creadora lusa más destacada de la segunda mitad del siglo XX. El pasado miércoles murió mientras dormía en su hogar de Lisboa.

Entre ambos acontecimientos hubo toda una vida de creación. Su arriesgado pensamiento artístico la llevó a romper las fronteras existentes entre disciplinas, a borrar los límites que separan la obra de su creador. Ella misma era obra, artista, soporte, modelo y musa. ‘Mi obra es mi cuerpo, mi cuerpo es mi obra’, decía. Y así era. Toda su obra gira en torno a la corporalidad, observada a través de su prisma feminista.

Comenzó su carrera a finales de los años sesenta de la mano de la fotografía, disciplina que nunca abandonó. Al otro lado del objetivo siempre estaba Artur Rosa, su marido, arquitecto y escultor, ‘el hombre que hace click’, como ella lo llamaba. Ya estaba casada cuando se marchó un tiempo a París, parada imprescindible de cualquier artista que se precie.

Seduzir, 2002

Unos años más tarde comienza con la autorrepresentación, un deseo de que la instantánea, la fotografía y el cuerpo sean solo uno. Sus fotografías son siempre en blanco y negro, pero Almeida las transforma pintándolas y añadiendo otros detalles. Son ya célebres sus pinceladas de azul cobalto con las que va cubriendo el cuerpo retratado hasta hacerlo desaparecer.

Con el tiempo, Helena empezó a experimentar con el body art y la performance, abordando también el diseño y la escultura en un intento de unificar todas las artes en una sola. Suele hacer happenings en la intimidad de su estudio, empleando siempre su cuerpo, bajo la atenta mirada de su marida detrás de la cámara. Ella es la obra de arte, sin marco ni soporte.

A lo largo de su carrera, Almeida ha representado a Portugal en la Bienal de São Paulo de 1979, en la Bienal de Venecia de 1982 y 2005 y en la Bienal de Sidney de 2004. Sus obras se han podido ver en Valencia, Chicago, París, Bruselas, Oporto, Los Ángeles, Viena, Lisboa… Además, destacadas colecciones y organismos internacionales, como la Tate de Londres, la Fundación Foto Colectania de Barcelona, el Museo de Serralves de Oporto o la Fundación Coca Cola de Madrid tienen obra suya.

A su muerte, la artista deja vigente una exposición, la última de su carrera, que puede verse hasta finales de noviembre en la galería madrileña Helga de Alvear. Las obras exhibidas incluyen algunas de muy reciente producción y en todas ellas Helena muestra la importancia del ‘yo’, la reflexión íntima sobre la propia persona que estuvo siempre en el origen de todo.

Vía|CARLOS, I. Helena Almeida: Dias quase tranquilos. Lisboa, Caminho, 2005
Más información|Art Institute of ChicagoARTEINFORMADO
Imagen|Seducir, 2002Dentro de mim, 2018Pintura habitada, 1975

RELACIONADOS