Cultura y Sociedad 


Helen Keller, una historia de superación

Hellen Keller En un momento de grave crisis Económica en la que es fácil caer en el desánimo por la falta de expectativas, hay historias que nos hacen ver que con determinación y empuje se puede hacer frente a casi cualquier circunstancia adversa. Una de esas historias es la de Helen Keller.

Nacida en Tuscumbia, Alabama, en  1880, Helen Keller sufrió una grave enfermedad con solo 19 meses de vida, a resultas de la cual perdió la vista y el oído lo que, además, le impidió poder hablar durante sus primeros años de vida.

Semejante golpe en una niña de tan corta edad provocó que el carácter de Helen fuera incontrolable. Sin embargo, sus padres no se rindieron ante la tragedia y cuando Helen cumplió seis años éstos contrataron a una institutriz irlandesa, Ann Sullivan, quien marcaría un giro radical en su vida. A base de tesón e ingenio, Ann le enseñó el lenguaje de los sordomudos y más adelante, a través del sistema Braille, a escribir de manera manual y con máquina de escribir.

Los avances de Helen se hicieron patentes pronto y junto con su institutriz, prosiguió sus estudios especiales en la institución Horace Man School para sordos, de Boston, y en la Wright-Humason Oral School, en Nueva York. En otoño de 1900 entró en la Universidad de Radcliffe, donde se graduó con una mención cum laude, y fue, además, la primera persona sordociega en obtener un título universitario.

Mientras estaba en la Universidad, Helen, con la ayuda de Ann Sullivan, comenzó a escribir su biografía, que fue publicada en 1903 bajo el título Historia de mi vida. La obra quedó lejos de ser un éxito de ventas, aunque con el tiempo se ha convertido en un clásico.

Tras terminar su estudios universitarios, Helen, siempre acompañada por Ann, dedicó su vida a dar conferencias por todo el mundo para contar sus experiencias, a la escritura y a la obtención de fondos para la Fundación Americana para Ciegos. Asimismo, dedicó parte de su tiempo y sus esfuerzos a realizar campañas para mejorar la vida de las personas ciegas de su país, algunas de las cuales terminaron siendo factores importantes para cambiar las condiciones de vida de las personas invidentes.

A partir de 1961, la salud de Helen Keller se fue deteriorando y su actividad pública fue disminuyendo. No obstante, en 1964, Helen tuvo fuerzas para acudir a la Casa Blanca, donde recibió de manos del presidente Lyndon B. Jonson la Medalla Presidencial de la Libertad, el más alto premio para personas civiles otorgada en Estados Unidos.

El 1 de junio de 1968, Helen murió mientras dormía. Su cuerpo fue incinerado en Bridgeport, Connecticut, y se celebró un funeral con todos los honores en la catedral de Washington DC. La urna con sus cenizas fue llevada a un lugar cercano del que descansaban los restos de su gran amiga Ann Sullivan.

Vía| Biografías y vidas

Imagen| Helen Keller

Vídeo| Youtube: Helen Keller. Her Amazing Story

 

 

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