Política 


¿Hay futuro para el Congo?

El año empezó mal en la República Democrática del Congo (RDC). En enero las manifestaciones que se desarrollaron en la capital Kinshasa y en otras ciudades contra el intento del Presidente Joseph Kabila de reformar la Constitución para mantenerse en el poder después de 2016 terminaron con más de 50 muertos. La población se había echado a la calle y había perdido la paciencia con una clase política que no ha sido capaz de impedir que la RDC haya ido de tragedia en tragedia desde su independencia en 1960.

 

Kabila

Joseph Kabila

La buena noticia fue que los ciudadanos tomaron la iniciativa y con su bravura (que a muchos costó la vida) obligaron a Kabila a retirar el proyecto de reforma. Y tras las elecciones que se celebraron a finales de marzo en Nigeria, que con la victoria de Muhammadu Buhari trajeron la alternancia política a ese país por primera vez en su historia, el Presidente Obama telefoneó a Joseph Kabila para evocar la necesidad de respetar la Constitución y el calendario electoral.

 

Hasta ahora, la población parecía resignada ante un sistema corrupto incapaz de modernizar el país. En cambio, cualquier organización internacional que se preciara y cualquier ONG dispuesta a ayudar a mejorar la vida de los congoleños estaba presente en la RDC con financiación y proyectos. Parecía que lo que no hacía el Gobierno de Kabila lo tenía que hacer el resto del mundo.

 

En abril de 2013 España cerró la Oficina Técnica de Cooperación de Kinshasa que llevaba tres años trabajando en la República Democrática del Congo. El motivo no fue que la Agencia Española de Cooperación Internacional no estuviera satisfecha con los resultados con los proyectos de cooperación que se llevaban a cabo, sino el hecho de que la severa reducción de la Ayuda al Desarrollo española obligara a concentrar los recursos disponibles en unos pocos países, y la RDC no era uno de los elegidos.

 

No obstante, las dudas sobre la eficacia de la ayuda internacional en la RDC existen. El antiguo Congo belga, sacudido por guerras y rebeliones internas desde su independencia, es el mayor receptor de ayuda internacional al desarrollo del mundo. Sin embargo, la eficacia de esa ayuda es mínima. Apenas mejoran las infraestructuras, y la población sigue viviendo en unas condiciones de pobreza extrema, a pesar de crecimientos económicos en torno al 8 por ciento en los últimos años.

 

Bandera República Democrática del Congo

Bandera República Democrática del Congo

¿Cuál es la explicación? En Kinshasa viví docenas de reuniones de la comunidad de países donantes, y en ellas los representantes de la financiación internacional no dejaban de expresar su frustración: “falta voluntad política”, voluntad política del Gobierno de la RDC para realizar las reformas políticas que garantizaran un sistema democrático de verdad e igualdad de oportunidades para todos.

 

Los representantes de la financiación internacional no dejaban de expresar su frustración: “falta voluntad política”

En 2012 el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo tuvo que cerrar el Plan de Acción del Ciclo Electoral (PACE) porque los países donantes, y la Unión Europea en bloque, se negaron a continuar financiándolo. ¿Por qué? Una vez más, por la falta de voluntad política de presentar un calendario electoral creíble. La comunidad internacional veía como el Gobierno de la RDC incumplía sus compromisos para presentar ese calendario, crear una Comisión Electoral Nacional Independiente creíble y respetar la prohibición constitucional que impide al Presidente Kabila presentarse a un tercer mandato. Entonces ya se olían que Kabila no se quería ir en 2016.

 

El cierre del Plan de Acción Electoral fue una excepción como muestra de la pérdida de paciencia de los donantes. La RDC recibe miles de millones todos los años a pesar de la frustración por la falta de reformas. ¿No estarán sirviendo esos miles de millones para cimentar uno de los regímenes más corruptos del planeta? El magnífico libro Why Nations Fail, de James A. Robinson y Daron Acemoglu, explica cómo las instituciones democráticas y el respeto del Estado de Derecho son indispensables para el desarrollo económico y la prosperidad de la población. Sin embargo, a veces las instituciones financieras internacionales hacen la vista gorda ante regímenes autoritarios y corruptos creyendo, erróneamente, que se puede mejorar el bienestar de los ciudadanos de un país sin que puedan disfrutar paralelamente de libertades políticas.

 ¿No estarán sirviendo esos miles de millones para cimentar uno de los regímenes más corruptos del planeta?

Mapa República Democrática del Congo

Mapa República Democrática del Congo

He dicho antes que la RDC está creciendo al 8 por ciento y que sin embargo la pobreza no disminuye. La economía del país está en manos de una minoría, y la riqueza producida por ese crecimiento se queda en manos de esa minoría y apenas se filtra a la población. A finales de 2011 el FMI se tuvo que negar a renovar sus programas de financiación debido a la falta de transparencia de los contratos de concesiones mineras (el FMI continúa prestando asistencia técnica al Banco Nacional del Congo y al Ministerio de Hacienda). Yo no he comprobado el dato, pero un Embajador europeo decía que la industria de la cerveza contribuía más a los ingresos del Estado congoleño que las concesiones mineras y de otros recursos naturales ¿Cómo es posible que las concesiones de los riquísimos recursos naturales del Congo no produzcan más ingresos para el Estado?

 ¿Cómo es posible que las concesiones de los riquísimos recursos naturales del Congo no produzcan más ingresos para el Estado?

Las oportunidades económicas para los más desfavorecidos son mínimas. No hay infraestructuras de transporte ni redes de mercados. Para un pequeño agricultor del interior del país es casi imposible vender el excedente de su producción a precios razonables. El Gobierno congoleño quiere reformar la agricultura y hacerla más productiva. ¿Cómo? No está pensando en facilitar las condiciones para que los millones de pequeños agricultores que existen puedan acceder a los mercados, al contrario. Dentro de la tradición planificadora de los autócratas africanos, el Gobierno congoleño quiere establecer gigantescas explotaciones agrícolas con la ayuda de empresas israelíes y norteamericanas.

 

Un Embajador de la Unión Europea en la RDC decía que lo que de verdad necesitaba el país era que se crearan las condiciones para que los pequeños agricultores pudieran acceder a los mercados, después ya sabrían muy bien ellos como mejorar su producción para poder venderla. También creía que el restablecimiento de una red de carreteras era indispensable para el desarrollo de la pequeña y mediana empresa en el país (y para su articulación política) pero las instituciones internacionales no son muy favorables a financiar carreteras. Es mérito de aquel Embajador que el Fondo Europeo de Desarrollo incluyera esas infraestructuras como una de sus prioridades en sus programas para 2014-2023.

 No es posible un auténtico desarrollo económico sin libertad política y respeto a los derechos humanos.

No es posible un auténtico desarrollo económico sin libertad política y respeto a los derechos humanos. Conseguir condiciones para que los más desfavorecidos puedan desarrollarse de forma autónoma es más eficaz que grandes proyectos de planificación centralizada, como explica William Easterly en The Tyranny of Experts. Las instituciones financieras internacionales, no sólo hacen la vista gorda ante la falta de libertades en aras a una “neutralidad política” (estatutos del Banco Mundial), sino que prefieren los grandes proyectos de planificación centralizada en lugar de favorecer la libertad económica de los ciudadanos y garantizar la igualdad de oportunidades.

 

En esos proyectos centralizados, se suele olvidar la historia del país. Se aprueban planes de reformas institucionales que se imponen metidas con calzador en sociedades que no pueden absorberlas. No se puede reformar un país si no se toma en consideración de qué situación de base se parte, cuáles son las estructuras y redes sociales de sus comunidades. Un ejemplo de ello ha sido el fracaso de la reforma del Ejército congoleño, a pesar de las ingentes cantidades gastadas en ello por la ONU, la Unión Europea y países desde Estados Unidos, Bélgica o Francia, hasta Angola y China, pasando por muchos más, que han enviado dinero y expertos al Congo.

 No se puede reformar un país si no se toma en consideración de qué situación de base se parte, cuáles son las estructuras y redes sociales de sus comunidades.

Todos esos recursos invertidos en apoyar la reforma del sector de la seguridad de la RDC no han tenido más que un impacto limitado. No se tuvieron en cuenta las peculiares relaciones entre las fuerzas armadas y las comunidades locales, y los incentivos patrimoniales de las élites congoleñas[1]. Típicos planes diseñados por expertos que no tienen en cuenta aspectos de la historia del país y de su estructura social.

 

La visión de que la violencia es el resultado de la debilidad del Estado que no es capaz de ejercer su autoridad en todo el territorio es muy simplista. En la RDC existen redes sociales de base étnica, geográfica o económica a las cuales acuden los individuos para buscar trabajo y ventajas económicas. Esas redes también se extienden por las estructuras del Estado, fragmentándolo y debilitándolo.

 

ayuda exterior congo

Ayuda exterior a la República Democrática del Congo

Las Fuerzas Armadas congoleñas se han formado mediante el reparto entre diferentes grupos de sus unidades y de sus medios. Antiguas milicias armadas se han integrado en el ejército manteniendo sus estructuras de mando y se han quedado en las zonas en las que actuaban (dedicadas al pillaje). Las lealtades personales son más importantes que la lealtad al Estado. La división de las FARC interesa a las élites locales, que pueden influir en las unidades desplegadas en su territorio y aprovecharse de ellas. A veces utilizan a los comandantes para controlar zonas políticamente o económicamente importantes y cobrar impuestos ilegales[2]. Esos grupos armados en muchos casos se han formado en la propia zona y la conocen mucho mejor que las Fuerzas Armadas. El Gobierno no tiene suficiente control de las Fuerzas Armadas para renovarlas, y los programas dirigidos desde el exterior para modernizar el Ejército no tienen mucho éxito. La ONU denuncia sistemáticamente centenares violaciones de derechos humanos que militares formales e informales perpetran en los territorios que controlan.

 Las lealtades personales son más importantes que la lealtad al Estado

La ayuda exterior no va a resolver los problemas del Congo, los tienen que resolver los congoleños y para ello necesitan que los espacios de participación ciudadana se extiendan y que todos tengan oportunidades económicas.

Es triste ver a los congoleños morir en la calle por su nación. Esperemos que estos sacrificios sirvan para que los ciudadanos de la República Democrática del Congo puedan tomar el destino de su país en sus manos y dirigirlo hacia la paz y la prosperidad. También para que sus recursos naturales sean explotados en beneficio de todos, y para que los derechos humanos y las libertades públicas gocen de plenas garantías y todos los congoleños puedan participar en la construcción de su país.

[1]   Institute for Security Studies: Limits to supporting security sector interventions in the DRC. 31-07-2014. http://www.issafrica.org/publications/papers/limits-to-supporting-security-sector-interventions-in-the-drc

[2]   íbid

 

Imagen| Kabila, bandera RDC, mapa RDC, USAID

En QAH| Palabra de diplomático: José Luis Díez

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