Historia 


Hasta que la muerte o la Iglesia nos separen

En este mes de los enamorados son miles las parejas que demuestran su amor compartiendo un sinnúmero de regalos, aunque también los hay quienes aprovechan el momento para terminar con la relación para disgusto (o alivio) de alguno de los dos (o ambos). La difícil pero real y constante ruptura de parejas forma parte de la vida cotidiana de las distintas sociedades, sin embargo ¿qué hay de los vaivenes del  (des) amor a lo largo del tiempo?

Tomaremos el ejemplo de México y su capital durante la primera mitad del siglo XIX. Ya fuese como el virreinato de la Nueva España o como país independiente, la Iglesia católica jugó un papel protagónico en el control registral de la población: nacimientos, matrimonios y defunciones. Es decir, el documento legal que acreditaba la identidad de una persona era la fe de bautismo y en caso de que contrajera matrimonio este debía contar con el aval de la autoridad eclesiástica, misma que también tenía la facultad para separar temporal o definitivamente a los cónyuges. Sabemos esto por los juicios de divorcio levantados en su mayoría por mujeres a causa de infidelidad y actos de violencia por parte del marido, quien a su vez también podía lanzar alegatos en contra de ella.

Se dice que Güera Rodríguez también mantuvo una relación con Simón Bolívar y Alexander von Humboldt.

Se dice que Güera Rodríguez también mantuvo una relación con Simón Bolívar y Alexander von Humboldt.

Un ejemplo de esto fue el caso de la acaudalada María Ignacia Rodríguez de Velasco y Osorio, conocida como la Güera Rodríguez, en contra de su esposo José Villamil y Primo, teniente de Granaderos de las Milicias Provinciales de México. El hecho sucedió en 1802 cuando Rodríguez acusó a su cónyuge de haberla intentado matar con una pistola que no se disparó, por lo que promovió un juicio de divorcio ante el vicario capitular. Él por su parte argumentó que sólo la estaba amedrentando por causa de su supuesta infidelidad y pudo liberarse de la cárcel gracias a su condición de militar.

Villamil también levantó un juicio contra su esposa por adulterio, además pidió a las autoridades que la confinaran en un convento para que no pudiera salir a la calle ni tener comunicación con sus familiares. Al parecer esto no sucedió porque posteriormente se quejó de que ella salía “libremente en las calles” y “con traje indecente”. En contraparte Rodríguez se defendió argumentando que su esposo no tenía pruebas del adulterio (ya que él nunca supo decir quién era el supuesto amante), también sostuvo que Villamil era muy celoso y que no le proporcionaba nada “para su vestuario y alimentos” (testigos señalaron que la mujer era golpeada y maltratada) y por último logró que fueran las autoridades eclesiales las que tomaran el caso para que su marido no se amparase en su fuero militar. El caso se resolvió con la muerte de Villamil en 1805 y la Güera fue exonerada de las acusaciones, más tarde se haría más conocida por tener una relación con Agustín Iturbide, el primer emperador de México.

Las causas del divorcio casi siempre eran por malos tratos, amenazas o adulterio

Las causas del divorcio casi siempre eran por malos tratos, amenazas o adulterio

Otro caso de divorcio lo presentó Hilaria Hernández en contra de su esposo Félix Morales, sastre y soldado de la Compañía de Inválidos, en 1839. Esta pareja, ambos analfabetos, llevaba cinco años en un matrimonio caracterizado por la falta de manutención, los golpes y amenazas por parte de Morales, quien además tenía el vicio del juego y la embriaguez. Hilaria había intentado levantar un juicio de conciliación, que no dio resultado porque su marido no sólo la había despojado de una herencia, también había llevado a una de sus dos amantes a vivir con ella y obligándole a “servirle”.

Para poder subsistir, Hilaria se dedicó a vender atole (bebida dulce de maíz en agua) y a ser criada en la casa de un particular. En ambos casos Félix le quitó el dinero que había ganado y la golpeó en plena vía pública. Al momento de la comparecencia el marido confesó su culpabilidad, sin embargo también respondió que amaba a su mujer, que quería seguir con ella y que “ni el papa tiene derecho ni facultad para quitársela”. No sabemos si se concretó la sentencia de divorcio.

Estos dos casos nos muestran que las mujeres del siglo antepasado no eran tan pasivas, como suele suponerse, ante una relación sin un futuro digno para ellas. Tanto la Güera Rodríguez como Hilaria Hernández tomaron la iniciativa y defendieron su causa ante los tribunales competentes sin importar su condición social o la voluntad de su pareja.

Vía| Los casos fueron tomados del Archivo General de la Nación y están publicados en Arrom, Silvia M. La mujer mexicana ante el divorcio eclesiástico (1800-1857), México, Editorial SepSetentas, 1976.

Imagen| La Güera Rodríguez, Familias Mexicanas

En QAH| Mitos y realidades de la Independencia de MéxicoLa celebración del 5 de mayo en MéxicoLas raíces de México: La Triple Alianza o el Imperio Azteca

RELACIONADOS