Historia 


Hasta luego Tzvetan

El pasado 7 de febrero nos dejó uno de los más grandes pensadores europeos contemporáneos. Sus obras han dejado una huella en el pensamiento mundial. Personalmente, tuve noticia de él hace unos años, hojeando un periódico. No recuerdo el título del artículo, pero recuerdo perfectamente la sonoridad especial que tuvo el nombre del autor al murmurarlo. Lo repetí unas cuantas veces. Después leí el artículo concienzudamente. La visión del autor era extremadamente cautivadora. Además, la claridad de su escritura fue un punto a favor. Sin duda, esperé su siguiente artículo.

Tvetan Todorov

T. Todorov

De la misma manera que había aparecido en las páginas de un periódico, apareció en la estantería de una biblioteca que frecuento. Enseguida reconocí el peculiar y armonioso nombre. Sustraje el libro con una delicadeza algo solemne. Leído el título y la contraportada, con el aliciente de conocer el autor, empecé a escrutar sus páginas. El artículo leído meses atrás, trataba de actualidad, mientras que el libro era una fusión de historia, filosofía, psicología y literatura. En las conclusiones también había una mirada al tiempo actual. Sin darme cuenta, los saltos históricos y las referencias al presente se sucedían, relacionando las ideas pasado con las de hoy. El libro en cuestión era El espíritu de la Ilustración. Una aproximación a las ideas del siglo XVIII y su impronta en la formación de Europa.

Tzvetan Todorov nació en la capital de Bulgaria (Sofía) en el año 1939. Momentos difíciles para todos los habitantes de Europa. Unos cuantos locos se querían repartir el mundo y nadie estaba a salvo de sus desvaríos. Nuestro protagonista empezó a estudiar en su país, pero terminó doctorándose en París (1966). Tuvo que abandonar su tierra natal, cambió una zona asfixiada y oscurecida bajo el totalitarismo comunista por una ciudad universal. Se estableció en la capital de Francia a partir de 1963, donde empezará su impresionante carrera intelectual. Su amor hacía las letras no fue fruto del azar. Sus padres eran bibliotecarios, nos recuerda al principio de La literatura en peligro (2009).

Las originales formas de exponer sus ideas que encontré en el artículo del periódico se amplificaron en el libro. Leí argumentos claros, con grandes dosis de crítica, que se sucedían sin tregua, durante más de un centenar de páginas. Se daban vueltas sobre las mismas premisas, pero siempre ampliándose y completándose. No por ser una obra breve se trataba de una obra parcial, inacabada o insuficiente. A veces nos olvidamos que las esencias más potentes nos llegan en pequeños frascos. Como no podía ser de otra manera, al terminar el libro, tuve la necesidad de empezar otro.

El abanico intelectual que nos ha dejado Todorov es muy amplio. Ha dado a luz a obras sobre lingüística y semiótica (Teoría de la literatura de los formalistas rusos, 1965; Literatura y significación, 1967 o Simbolismo e interpretación, 1967). Otros temas que suscitaron su interés han sido recogidos por la mencionada al principio del escrito o El jardín imperfecto, entre muchas otras. Su última obra publicada fue Insumisos. Una obra con algo muy próximo a su memoria: un recuerdo de las personas que fueron perseguidas por las atrocidades nazis y comunistas del pasado siglo.

Panorámica de la ciudad que le proporcionó su formación intelectual y lo acogió el resto de sus días

El pasado 7 de febrero perdimos una parte de Europa. Una parte pequeña, pero una parte irremplazable. Todorov era un europeo verdadero. No lo ocultaba. Veía una Europa unida por infinidad de vínculos. Por otra parte, como no podía ser de otra manera, elucidaba la importancia de las múltiples particularidades que tienen algunas regiones de Europa. Por desgracia, los europeos que abundan en las tertulias y parlamentos distan mucho de Todorov. Pretendía la recuperación de los auténticos valores europeos: la tolerancia, emulación, libre ejercicio de espíritu crítico, distanciamiento de uno mismo para proyectarse en el prójimo y acceder así a un nivel de generalidad que incluya el punto de vista del uno y el del otro.

Última obra del intelectual

Otra prueba de ello es el reconocimiento que se tiene a las ideas de otras partes del mundo, todas ellas anteriores al pensamiento que originó la Europa actual. Aunque parezca algo extraño, el eminente grupo de ideas que nacieron en el siglo XVIII, de Locke y Hume hasta Kant, no son patrimonio exclusivo de los europeos. En la India del siglo III a.C., el médico árabe Razi (siglo IX) o en la renovación del confucianismo de los siglos XI y XII aparecen pinceladas de lo que será nuestra Ilustración.

Búlgaro de nacimiento, francés de adopción y humanista de corazón. Ya no vamos a leer más artículos suyos, ni va a publicar más obras. Sin embargo, siempre podremos volver a sus artículos y libros ya escritos. Siempre va a ser recurrente ir a consultar los pensamientos de un intelectual de su talla. Nunca va a ser tarde para aprender de sus estudios. Por todo lo dicho, no sería correcto decirle adiós. Para las personas del mundo de las letras adiós es un término muy seco, muy duro. Lo considero demasiado lacrimógeno. Seremos un poco egoístas (practicando un egoísmo sano) y no lo despediremos. Cada vez que consultemos una obra suya, cada vez que invoquemos una idea suya, lo mantendremos vivo. Hasta luego, Tzvetan.
Imagen| Tzvetan Todorov, Insumisos, París

RELACIONADOS