Cultura y Sociedad 


Han van Meegeren, genio de las falsificaciones

Siempre hemos pensado en el mundo de la falsificación de obras de arte como algo muy de novelas de intriga y que, tarde o temprano, se acaba por descubrir, pero raras veces llegamos a conocer casos reales de este peculiar arte de la imitación de los grandes maestros; casi nunca les ponemos cara a los falsificadores… He aquí uno de estos grandes “mentirosos”.

Han van Meegeren vino al mundo en Holanda en 1889 y desde temprana edad se sintió cautivado por los grandes genios de la pintura holandesa del XVII, como Vermeer, Frans Hals y otros. Esta pasión por la pintura le llevó a querer dedicar a sus días a tan noble tarea, pero su padre se oponía por completo, obligándolo a hacer unos estudios de Arquitectura que nunca llevó a cabo. Con posterioridad se dedicó a su sueño de pintor y fue asistente del profesor de dibujo en la Real Academia de Artes de La Haya, para luego convertirse en un exitoso retratista de las clases adineradas, las cuales admiraban su manera clásica de pintar, muy alejada de esas tendencias impresionistas de la época.

Pero todo se torció tras su deseo de aumentar su capital; decidió empezar con las falsificaciones de grandes maestros a comienzo de los Felices Años 20. Lo inició Theo van Wijngaarden, quien poseía una poderosa red de comercio de obras falsas, pero carecía de la maestría técnica de van Meegeren, quien se sentía despreciado por una crítica condescendiente con los movimientos de la época más rompedores. Decidió crear obras que no sólo no eran meras copias de los maestros, sino que podían ser igual de buenas, tratarse de igual a igual.

Se dedicó a estudiar las vidas, técnicas y estilos de los maestros holandeses, decantándose por Vermeer, autor poco conocido en la época y con pocas obras conservadas. Para dar el aspecto de original usó lienzos del siglo XVII, usaba pigmentos naturales, pinceles de tejón y, para envejecer los cuadros, los horneaba para endurecerlos y los enrollaba para agrietarlos, dando como resultado un aspecto muy fidedigno a lo que sería la obra original.

Con toda esta andadura para crear la obra perfecta, se puso manos a la obra en 1936, cuando creo una Cena de Emaús al estilo Vermeer que se basaba en la de Caravaggio, aprovechando la teoría de que el holandés había estudiado en Italia. La obra fue estudiada por el experto Abraham Bredius y fue pasada por original, vendiéndose por una cantidad que hoy sería de unos 4 millones de dólares, lo cual hizo que van Meegeren pudiera llevar un nivel de vida mucho más elevado y seguir creando falsificaciones, esta vez en una mansión en Niza.

Pero con la II Guerra Mundial se mudó de nuevo a su tierra y, hacia 1943, tenía amasada una fortuna de unos 30 millones de dólares actuales, con numerosas propiedades, joyas y obras de arte, éstas auténticas. Los marchantes hicieron acopio de obras de Vermeer de van Meegeren para vender a los insaciables nazis que acabaron por ocupar Holanda. El fin del sueño de van Meegeren empezó en ese mismo momento…

Una de sus falsificaciones llegó a manos del mismísimo mariscal Goering, amante del arte que escondió sus más de 6.700 obras de arte en un mina de sal cuando la guerra estaba ya perdida para el monstruo nazi. Los aliados dieron con esta cueva de las maravillas y rastreando las obras, se acabó llegando a van Meegeren; su obra de Cristo y la adúltera tuvo la culpa, pero no por su calidad, sino por caer en manos indebidas.

Se le encarceló por expoliar el patrimonio holandés y colaborador de los nazis, pero acabó confesando que sus obras eran falsificaciones, por lo cual los cargos fueron rebajados y una comisión de expertos se puso a estudiar las obras, las cuales determinaron que eran falsas no por su calidad, sino por encontrar un material que había sido comercializado en el siglo XX y que, además, van Meegeren tenía en su casa. Fue condenado por fraude, pero murió antes de cumplir la pena debido a un fallo cardiaco en 1947.

Sus bienes fueron subastados para indemnizar a los compradores estafados, pero su obra se expone hoy día en algunos museos y, a su manera, entró por una puerta muy especial en el Olimpo de los genios de la pintura, aunque disfrazado.

Vía|Han van Meegeren

Imagen|Obras

 

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