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¿Hablas o comunicas?

 

Sin ánimo de crear un texto de referencia, y sin ser un erudito en la materia, en este artículo me gustaría tratar un tema sumamente importante y al que considero que no le dedicamos suficiente atención: la habilidad de comunicar. Me refiero a la habilidad interpersonal de crear un mensaje que tenga la capacidad de expresar unas ideas con precisión suficiente para que el receptor y el emisor se entiendan. Y digo que no le dedicamos suficiente atención no solo por los ejemplos obvios de políticos, profesores u otras personas que se ponen delante de una audiencia dispuestos a provocar bostezos capaces de despeinar al mismísimo  Don Limpio. Aunque todos hemos padecido a estos oradorcillos, hay que reconocerles que cuando te diriges a una audiencia influyen factores que aumentan la dificultad, como los nervios o las diferencias de opinión entre las personas que la conforman. Ello no debería ser óbice para intentar mejorar y aprender a comunicar, aunque a algunas de estas personas parece suponerles un esfuerzo descomunal. Pero no me refiero a eso.

Hablo de la comunicación de la que todos somos partícipes a diario. De la comunicación con nuestra pareja, nuestros familiares, compañeros, vecinos, transeúntes,  mendigos… y en definitiva, de los mensajes que enviamos a todas las personas con las que entramos en contacto. Es evidente que la comunicación que empleamos con los diferentes grupos citados varía mucho en profundidad y tiempo dedicado (sobre todo), pero salvando las diferencias, poseen una serie de rasgos comunes sobre los que podemos trabajar.

Conversar

La comunicación no siempre es sencilla

Hablar no es comunicar. El mejor ejemplo son esas conversaciones en las que la persona que habla tiene un dominio claramente superior de la materia y habla sin hacer pausas, prácticamente sin mirar a su interlocutor, utilizando tecnicismos para parecer más culto, sin importarle un bledo si la persona que tiene delante está entendiendo lo que quiere transmitir. Aquí no hay ni rastro de comunicación. Sus palabras producirían el mismo efecto si se las dijera al perro de su vecina. En el contexto del amigo pesado sólo está en juego el aburrimiento (algunas veces la salud mental), sin embargo, ¿qué pasa cuando hablamos con un chico o una chica que nos gusta y no conseguimos transmitir nuestra intención? ¿O cuando discutimos con nuestra pareja por no ser capaces de ponernos de acuerdo? ¿O con un familiar al que hace tiempo que no vemos? En definitiva, situaciones en las que las emociones juegan un papel importante. En ellas la comunicación es determinante y a veces nos juega malas pasadas. Para evitarlo, voy a comentar los rasgos comunes que mencionaba antes. Los más determinantes, a mi parecer, son los siguientes:

Ser conscientes de que intervienen dos personas. Esto implica que hay dos puntos de vista, como mínimo, para casi todo (e infinitos matices). Por eso es importante aprender a preguntar y a escuchar de verdad. Escuchar de verdad implica ser conscientes de nuestro diálogo interno, para poder diferenciarlo de lo que nos están diciendo. Muchas veces entendemos lo que queremos ocasionando discusiones evitables.

Cuidar el mensaje. Las palabras que escogemos tienen muchísima importancia. Con ellas determinamos el contenido y la intensidad de lo que decimos, afectando no sólo a otras personas, sino también a nosotros mismos, como ponen de manifiesto los estudios sobre programación neurolingüística. Además debemos tener en cuenta que las palabras tienen usos locales, e incluso personales, por lo que aclarar lo que decimos no debería ser un esfuerzo en beneficio de una buena comunicación.

 Cuidar la forma. El lenguaje corporal también influye en nuestra comunicación y algunos estudios recientes afirman que también puede contribuir a moldear nuestra personalidad. Mirar a la cara y añadir algún gesto para enfatizar lo que decimos puede hacernos mucho más expresivos y convertir un comentario arriesgado en una broma.

La actitud. Nuestra actitud es determinante de la fluidez de nuestro lenguaje. No merece la pena ser conservador con el vocabulario, hay que ser consciente de que siempre habrá alguien dispuesto a pisotearte cuando metas la pata, pero entre fallo y fallo puedes ampliar tu vocabulario y divertirte inventando palabras que a la vez divertirán a  quién te escuche, enriqueciendo la comunicación. Además debemos ser plenamente conscientes de la actitud de la otra persona, de su motivación, de su interés…

Nuestras emociones. Son difíciles de controlar,  y tienen la manía de estropear mensajes bien elaborados. A veces escuchamos algo que no esperábamos o no nos gusta y lo estropean todo. Otras veces estamos demasiado excitados y nos olvidamos de que el que escucha tiene que poder entender lo que decimos. Sea como sea, necesitamos tener estrategias previstas para estos casos. Generalmente una buena idea es avisar al interlocutor de que estás cansado, irritable o enfadado o, si ha sido algo que tiene que ver con la conversación, comentar qué te ha molestado. Pero sobre todo, hay que aprender a restarles importancia en este contexto.

Don Limpio

Don Limpio despeinado

Aprender a comunicar nos ayudará a sentirnos más cerca de las personas porque nos sentiremos comprendidos y más competentes a la hora de expresarnos, lo que a su vez hará que mejore nuestra autoestima y nuestra confianza. Crearemos vínculos más fuertes con las personas de nuestro entorno y relaciones más sanas con los más allegados, ya que por medio de una buena comunicación nos daremos a conocer mucho mejor y seremos capaces de expresar nuestras necesidades. Se reducirá el número de discusiones en las que nos  vemos sumidos o, al menos, se acortará su duración.

Aprender a comunicar no es tiempo perdido. Los beneficios que obtendremos tanto a nivel interno como externo superarán con creces la inversión de tiempo que realicemos. Así que, desde Qué Aprendemos Hoy, me gustaría invitar a todos los interesados a que sigan investigando este tema por su cuenta con el fin de seguir mejorando esta habilidad tan importante.

 

 

Vía| Taller con Gema Rodríguez González, Curso con Guillermo Ballenato Prieto, “El lenguaje corporal moldea nuestra personalidad” de Amy Cuddy

Más información| Programación Neurolingüística

Imagen| Conversar, Don Limpio

Vídeo| “El lenguaje corporal moldea nuestra personalidad” de Amy Cuddy

En QAH| Racionalizando, Adictos a las emociones

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