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Hablar de mí

Quizá llegue ese día en que me toque hablar de mí. Y, cuando eso ocurra, espero que no sea demasiado tarde. Espero que ya antes haya comenzado a darme cuenta de quién soy, para que mis pasos estuvieran desde hace tiempo en marcha hacia aquello que aún no era y esperaba llegar a ser.

Y, cuando ese momento de confidencia llegue, me gustaría hablar desde el corazón con la serenidad que otorga haber sido fiel a uno mismo. Me gustaría hablar mirando a los ojos sin que el peso de las culpas me haga agachar la mirada. Me gustaría ser capaz de felicitarme por lo que fui y agradecer al mundo todo lo que aún me queda por lograr.

Si tuviera que hablar de mí, me gustaría decir que -en mi vida- la felicidad se fue escapando poco a poco de lo material y acomodándose a aquello que no puede comprarse. Me gustaría decir que crecí en la manera en que conseguí romper la muralla en la que había encerrado a mi alma. Que sólo en la entrega, aprendí a amar. Y que la vida me fue regalando personas capaces de amar mis miserias para hacerlas florecer con su manera especial de regarlas.

Me gustaría poder decir que no siempre tuve respuestas para todo, pero supe encontrar en la vida las respuestas a casi todas mis preguntas. Que cambié hablar menos por escuchar más. Que no tuve miedo al silencio. Que fui perdiendo la vergüenza por lo que había hecho y avergonzándome de lo que no hacía. Que fui soñadora y que luché por perseguir mis sueños. Que luego, más tarde, aprendí a dejar de perseguirlos y comencé a construirlos. Y que, más allá de mis sueños, acepté que la vida era siempre capaz de sorprenderme con algo mejor de lo que yo había imaginado.

Hablar de míMe gustaría decir que supe estar cerca de los que más amaba. Y que, en la lejanía, encontré el poder renovador de dejarse amar. Y, para ello, no dejé de entrenarme ni un solo día. Me gustaría decir que supe brindar por lo más sencillo de la vida. Que lo más pequeño logró rasgarme el alma. Que la alegría me hizo llorar más que el desconsuelo. Que encontré un hueco para bailar y que dejé escapar a mi corazón a través de canciones. Que me aficioné al gusto de una buena conversación. Que seguí saliendo al encuentro de la vida, inmortalizándola a través de instantáneas. Que supe dejarme acompañar. Y que, en cada abrazo, conseguí escuchar el corazón del otro.

Que no puse mi meta en mí, pero busqué cultivarme para entregar al otro la mejor versión de mi misma. Que cada día encontré nuevos motivos por los que dar las gracias y dejé atrás lamentos por los que pedir perdón. Que, en los empinados obstáculos, descubrí nuevas perspectivas desde las que renovar el aire que allá abajo me faltaba. Que fui capaz de parar para sacarme cada una de las piedras que, por el camino, se colaron en mis zapatos. Que no las dejé dentro haciéndome más daño. Que mi mochila, fui capaz de vaciarla cuando suponía una carga. Y descubrí que la fuerza para seguir caminando estaba dentro de mí misma.

Que supe amar a la vida y me sentí afortunada por poder celebrarla. Que llegué a ser luz porque me rodee de personas que me hacían brillar. Que sentí que tenía al menos un hogar en cada uno de los sitios por donde pasé. Que supe estar cerca de los que hacía tiempo que no tenían a nadie a su lado. Que descubrí que, en esta vida nada me pertenece, ni siquiera mi propia vida.

Que aprendí a amar a los que no me amaban. Que del menos esperado, pude llevarme una enseñanza. Que siempre me quedará algo por descubrir de mí misma. Que liberar lo que llevo ahí en el pecho encerrado me hace bien. Que logré recordar que a lo único que debo temer es al propio miedo. Y que llegó el día en el que descubrí que la mejor herencia de mis padres sería mi hermana.

Me gustaría decir que aún no sé quién soy y no me importa. Pero confío en que la vida me ayude a descubrir para qué vine al mundo. Que, para mí, cada persona fue alguien especial y única. Y que logré que, de algún modo, así se sintieran al estar conmigo.

Si tuviera que hablar de mí, me gustaría decir que supe escuchar al mundo cuando me pedía que le regalara una sola cosa: mi autenticidad. Y entonces, mi destino, no fue intentar llegar muy lejos sino más bien buscar la manera de adentrarme en el fondo de mi misma.

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