Neurociencia 


Hábitos de sueño saludables en niños

La alimentación y el sueño son los dos primeros hábitos que han de aprender los niños.

El sueño es imprescindible para la vida, para el buen funcionamiento del organismo y para la adquisición de nuevas capacidades. La falta o el mal hábito de sueño en niños dificultan el proceso de aprendizaje continuo en el que están inmersos.

Aproximadamente tres de cada diez niños presentan problemas de sueño. La mayor parte de las veces estos problemas de sueño están relacionados con un mal hábito al dormir. Cuando un niño no adquiere un buen hábito de sueño es más probable que, en torno a los dos o tres años, las pesadillas y los terrores nocturnos aparezcan con más intensidad y persistan durante más tiempo del que se considera habitual.

A continuación vamos a presentar una serie de pautas esenciales para la adquisición de un correcto y saludable hábito de sueño. Estableciendo estas pautas no sólo mejorará el sueño de su hijo, sino que también lo hará su estado de ánimo, su humor, su rendimiento académico y la relación padres-hijo.

 

1. Establecer una hora fija para irse a dormir.

En condiciones normales, pasamos un tercio de la vida durmiendo para recuperar el desgaste por la actividad física y psíquica realizada durante el día, compensando el cansancio y la fatiga.

El tiempo de sueño necesario varía a lo largo del desarrollo evolutivo, según el carácter, actividades, hábitos y costumbres, estado de salud y el ambiente en el que vive el niño.  No obstante, el sueño infantil ha de seguir unas características comunes en función del ciclo evolutivo en el que se encuentre el niño.

Desde los primeros meses de vida, los niños han de adquirir una rutina de sueño. El primer paso indispensable para crear esta rutina es establecer una hora de acostarse y respetarla siempre, en la medida de lo posible.

Es importante garantizar las horas de sueño recomendadas para cada ciclo evolutivo. Los niños en edad preescolar necesitan dormir un mínimo de 12-13 horas, repartidas estas en 11 horas de sueño durante la noche y el resto durante la siesta. Los niños en edad escolar necesitan dormir un mínimo 10-11 horas durante la noche, desapareciendo la siesta.

Una vez que conocemos el número de horas que ha de dormir nuestro hijo según su edad, debemos calcular a qué hora debe irse a la cama para cumplir con dichas horas de sueño necesarias. De forma general, se aconseja que los niños en edad preescolar y escolar se acuesten entre las nueve y las nueve y media de la noche para garantizar el descanso óptimo necesario.

Esta rutina ha de mantenerse para que termine convirtiéndose en un hábito para el niño y ser realmente beneficioso. Por este motivo, es sumamente importante cumplir siempre con el horario establecido para irse a dormir.

Durante los fines de semana y los periodos de vacaciones se aconseja que, con el objetivo de no romper con el hábito de sueño adquirido, no se retrase más de una hora de lo habitual el momento de irse a la cama.

 

2. Establecer una rutina específica para el momento de ir a la cama.

Es aconsejable que los niños establezcan un ritual determinado antes de irse a la cama. No importa la edad del niño, lo importante es seguir una serie de pasos que le ayuden a disminuir su actividad y relajarse al final del día. Podemos comenzar preparando al niño para acostarse media hora antes, realizando una secuencia de actividades previsibles tales como darse una ducha, cenar, asearse, leer un pequeño cuento y dormir.

Podemos hacerles partícipes de este proceso dejándoles elegir el cuento que vamos a leer, prepararse el pijama u organizar la cama.

 

3. Actividades relajantes antes de ir a la cama.

Para dormirse es necesario disminuir el nivel de alerta y de actividad. Para ello, se aconseja evitar actividades estimulantes y sustituirlas por otras más pausadas y relajantes.

Hay que evitar la actividad física, la televisión y los videojuegos antes de irse a la cama. Tanto la actividad motora como la televisión y las “maquinitas” aumentan el estado de alerta y hacen más difícil la conciliación del sueño.

También es aconsejable evitar el consumo de bebidas energéticas y de alimentos azucarados. Los refrescos y los azúcares estimulan el sistema nervioso central aumentando el nivel de alerta de la persona.

Se aconseja que la cena no incluya comida pesada con el fin de facilitar el proceso de la digestión, y disminuir el estado de alerta y la actividad de nuestro cuerpo.

Como actividades relajantes podemos señalar leer o que le lean un cuento, escuchar música relajante, recibir un masaje relajante, etc.

 

4. Quedarse dormido en su cama.

Un error común en muchas familias es permitir y/o acostumbrar al niño a quedarse dormido en el sofá o en la cama de sus padres y luego pasarle a su cama. Muchas familias lo permiten con el fin de evitar las dificultades que se presentan a la hora de indicar a su hijo que se vaya a la cama, otras porque pasan durante el día muy poco tiempo con sus hijos y es una forma de sentirlos cerca un ratito más, otras lo permiten porque es una costumbre más de la familia, etc. Sea cual sea el motivo, es un hábito que se ha de corregir.
Los niños deben irse a la cama estando aún despiertos
para establecer un correcto hábito de conciliación del sueño y evitar la interrupción de este. De esta manera, aprenderán a conciliar el sueño y no a dormirse simplemente por agotamiento, además de disponer de un entorno relajado en el que dormirse. Es recomendable que los niños se queden dormidos en su cama con el fin de evitar la interrupción del sueño y la desorientación que pueden experimentar al despertarse en un lugar distinto al que se quedaron dormidos.

 

Vía| Babycenter

Consumer

Imagen| Niña dormida

Padre e hijo

Niña despierta

 

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