Economía y Empresa 


¿Fomentan las guerras la actividad económica?

Cuando se produjeron los atentados del 11 de septiembre de 2001, la economía de los Estados Unidos se encontraba en una fase de estancamiento económico agravada por el reciente estallido de la Burbuja Punto Com.

Tras producirse estos atentados, una de las justificaciones que se hizo de la Guerra contra el Terror de Estados Unidos y sus aliados en Afganistán primero e Iraq después fue que estas guerras, además de neutralizar a dos países sospechosos de colaborar con los terroristas islámicos, estimularían el crecimiento económico.

Pero, ¿es cierto que las guerras favorecen la actividad económica?

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, la visión generalizada era que la guerra había contribuido a la recuperación de la economía tras los fatídicos años que siguieron a la Gran Depresión (1929 – 1933).

Esta visión se vio reforzada con el paso de los años en Estados Unidos, al producirse al término de la Segunda Guerra Mundial una época de prosperidad económica sin precedentes que se prolongó hasta los años 70.

Contraviniendo la opinión generalizada de entonces, en 1946 Henry Hazlitt acuñó el término ‘Falacia de la Ventana Rota’ para describir los efectos que una guerra produce en la economía.

Si bien Hazlitt admitía que las guerras tenían un efecto positivo en aquellos sectores relacionados con el suministro al ejército y la reconstrucción de las áreas devastadas; este efecto era en su opinión menor al que se creía hasta entonces.

F-18 despegando del USS Ronald Reagan

F-18 despegando del USS Ronald Reagan

Para ello puso por ejemplo las consecuencias económicas derivadas de romper el cristal de una ventana. Según los partidarios de la hipótesis de que los conflictos armados apoyan el crecimiento económico, al reparar la ventana rota el cristalero dispondrá de una renta extra que a su vez gastará en otros bienes y servicios, favoreciendo a otros negocios que a su vez gastarán las nuevas rentas recibida. Así ad eternum.

Sin embargo, lo que no se tiene en cuenta en este análisis es que el propietario de la vivienda o negocio con la ventana rota sufrirá el efecto de forma inversa. La pérdida de una renta, en principio destinada para otros usos, para reparar la ventana provocará que deje de gastar este dinero en el propósito inicial, lo que a su vez implicará una pérdida para otro negocio que, de forma hipotética, se hubiera beneficiado de este gasto no realizado. La conclusión a la que llega Hazlitt es que el efecto neto en la economía de romper una ventana es una ventana rota.

Igualmente, y siguiendo este razonamiento, el efecto neto en la economía de una guerra es la destrucción que ésta conlleva ya que el incremento en la actividad económica en las empresas beneficiadas por esta guerra se ve contrarrestado por un aumento en el endeudamiento del Gobierno y de los impuestos destinados a financiar el gasto público adicional provocado por esta guerra, haciendo que los contribuyentes pierdan una renta que hubieran destinado a otros fines productivos –consumo, inversión- y no destructivos como lo es una guerra.

Por tanto, afirmar que las guerras fomentan la actividad económica es falso.

Imagen | DVIDS

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