Especial I Guerra Mundial, Historia 


Guerra entre primos: lazos familiares de las monarquías en conflicto

Foto de familia de diversas casas reales europeas, con la reina Victoria en el centro

En otras entradas de este especial sobre la Primera Guerra Mundial se analizará la perspectiva política de la formación de los dos grandes bloques que combatieron en el conflicto: la Triple Alianza y la Triple Entente. El objeto de esta entrada es narrar los lazos familiares que unían a los monarcas reinantes en las principales potencias y cómo afectaron estos lazos a la formación de los bloques.

Una de las cuestiones que más llama la atención del juego de alianzas de la Primera Guerra Mundial es el hecho de que Gran Bretaña formase parte de la Triple Entente junto con dos de sus tradicionales enemigos (Rusia, a la que veían con recelo por su expansión por Asia y su amenaza a la India y Francia, contra la que había batallado durante siglos, y más recientemente en las guerras napoleónicas y los dominios americanos) frente a una nación con la que le unían numerosos lazos de sangre y culturales como Alemania (la reina Victoria, con buena parte de sangre alemana se había casado con el alemán príncipe Alberto).

Como indicamos, las causas políticas serán analizadas en otras entradas de este especial. Pero hubo otro factor que también tuvo su influencia en este cambio de orientación en las alianzas británicas en la parte final del siglo XIX y principios del XX: el que podríamos llamar “el factor danés”.

Para explicar esta cuestión tenemos que retroceder a la segunda mitad del siglo XIX. Como parte del complejo juego de alianzas matrimoniales entre las casas reinantes europeas del que la reina Victoria y su abundante descendencia eran una parte central, se concertó el casamiento de dos de las hijas del rey danés Christian IX: Alexandra se casaría con el príncipe de Gales Bertie (futuro rey Eduardo VII de Gran Bretaña) y Dagmar con el futuro zar de todas las Rusias Alejandro III.

Las princesas Alexandra y Dagmar de Dinamarca, madres del zar Nicolás y de Jorge V, respectivamente

Este hecho de por sí no parecería salirse de lo habitual ni tener mayor importancia, sobre todo teniendo en cuenta que la hija mayor y predilecta de la reina Victoria, Vicky, fue prometida y se casó con Fritz, heredero de la corona del káiser alemán Guillermo I.

Sin embargo, hubo una circunstancia con la que nadie contaba y que acabó teniendo su importancia; el hecho de que el monarca danés Christian IX tomara por costumbre reunir a toda su familia en las vacaciones estivales en una de sus residencias veraniegas; allí acudían sus dos hijas Alexandra y Dagmar (apodada Minnie) que estaban muy unidas y que pronto empezaron a llevar a sus retoños. Entre los hijos de ambas se hallaban dos muchachos que guardaban un gran parecido entre sí y que desde muy pequeños hicieron una gran amistad. Nada tendría de extraordinario que dos jóvenes primos adorados por sus madres se hicieran buenos amigos, si no fuera por el hecho de que los dos estaban destinados a convertirse en los años previos a la Primera Guerra Mundial en el rey Jorge V de Gran Bretaña y en el zar Nicolás II de Rusia.

Otro elemento esencial de estas familiares vacaciones danesas, es que de las mismas estaban excluidos todos aquellos que formaran parte de la clase dirigente del nuevo estado alemán. El motivo era que Dinamarca había sido una de las grandes perjudicadas del proceso de unificación alemana, en el que pasaron a formar parte del imperio germano las antiguas posesiones danesas de Schleswig-Holstein. Además, entre los invitados regulares a las vacaciones de la familia real danesa se encontraban otras casas reales de los antiguos estados independientes que habían sido engullidos en el proceso de unificación alemana.

Como consecuencia de todo ello, cualquier miembro de la familia real alemana era persona non grata en Dinamarca. Esto incluía al heredero de la corona Fritz, su esposa la británica Vicky y al hijo de ambos, el futuro káiser Guillermo II. Este se vio excluido del círculo de amistades formados por sus dos primos británico y ruso, a lo que se unió un complejo de amor-odio hacia su madre Vicky que Guillermo trasladó a todo lo relacionado con Gran Bretaña.

Fotografía en la que se puede observar el parecido entre el zar Nicolás II (izquierda) y Jorge V

Fotografía en la que se puede observar el parecido entre el zar Nicolás II (izquierda) y Jorge V

Otro elemento que contribuyó a separar a los antiguos aliados británicos y alemanes fueron los desastrosos intentos diplomáticos de Guillermo para conseguir un acercamiento con sus parientes británicos y ello como consecuencia de la personalidad soberbia y egocéntrica del alemán, que molestaba profundamente al rey británico Eduardo VII. El carismático rey inglés aprovechó además el intento de Guillermo de socavar la influencia francesa en Marruecos para visitar París y ganarse la simpatía del pueblo y la opinión pública franceses.

Por si fuera poco, el intento de acercamiento entre Guillermo y Nicolás tras el desastre ruso en la guerra contra Japón de 1905 fue cortado de raíz por los asesores de ambos gobernantes.

Tampoco la complicada convivencia de Guillermo con su madre, hermana de Eduardo VII, contribuyó a hacer fácil la relación entre ambos soberanos. Gran Bretaña, a diferencia de Alemania, no era un país dirigido por su rey, pero la influencia de este en la política exterior del país era todavía muy considerable. No fue casualidad que el tratado entre Rusia y Gran Bretaña se firmase unos meses después de  una visita a Londres de Dagmar de Dinamarca (madre de Nicolás II), donde se reunió con su hermana Alexandra y su cuñado Eduardo VII.

En colaboración con QAH| Curiosidades de la Historia

Fuente| BBC: Royal cousins at war

Imagen destacada| Familias reales europeas

Imagen| Las princesas danesas, Jorge V y Nicolás II 

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